Actualidad | Alcedo A. Ramírez
Duarte,
Gaspar Hernández y la Independencia Nacional
Los cínicos de todos los tiempos han despreciado siempre los
esfuerzos de los demás y de los agentes religiosos para superar sus propias
deficiencias, limitaciones, falta de libertad y hasta lograr cambios radicales
y revolucionarios, en sus vidas, organizaciones y naciones. Esto es algo de lo
que ha pasado en la República Dominicana, con respecto a todo el proceso de
liberación y separación de Haití, donde se ha pretendido reducir al mínimo la
influencia de la Religión Católica en el mismo. Sin embargo, la verdad sale a
relucir siempre, a pesar de todos los intentos en contra.
En el caso de Duarte, en una etapa muy importante de su
juventud y crecimiento, más que las experiencias vividas en su viaje a España,
tuvieron una influencia en su formación y pensamiento las enseñanzas y
orientaciones de un presbítero peruano, Gaspar Hernández, quien arribó a Santo
Domingo a mediados de los años 1830, por motivos de salud y para continuar su
ministerio católico en la Iglesia de San Carlos. La milagrosa aparición de este
personaje en nuestras tierras tiene una extraordinaria sincronización con las
vidas de un grupo de jóvenes quienes tenían pocas opciones de crecimiento y
desarrollo intelectuales, ya que la universidad había sido cerrada, por lo que
su futuro progreso educacional estaba muy adversamente comprometido.
Luego de ser trasladado al Convento de Regina Angelorum, el
P. Gaspar Hernandez inicio en la Sacristia un ciclo de clases, en filosofía y
otras áreas del saber, con la finalidad de proseguir la educación formal de los
jóvenes de la época que quisieran profundizar en sus conocimientos. La verdad
es que, al calor de estas clases y discusiones, la amistad y relación de estos
estudiantes se fue consolidando, hasta convertirse en un movimiento de rechazo
a la ocupación haitiana, formación de una asociación, La Trinitaria, para
luchar por su terminación y seguir con la Independencia Nacional.
Todas las informaciones que tenemos al respecto nos indican
que, llegado el momento oportuno, Gaspar Hernández fue introduciendo el tema de
la ocupación haitiana y la forma en que sus jóvenes estudiantes se sentían
sobre el particular, a la vez de destacar las opciones de liberación y
revolución que se estaban dando en otras regiones de la zona, de las cuales tenía
conocimiento y experiencia de primera mano. La chispa se prendió y produjo la
hoguera independentista que culminaría con la creación de la República
Dominicana.
El viaje de Duarte al Viejo Continente solo vino a
consolidar las ideas expuestas por Gaspar Polanco, a la vez de profundizar su
compromiso con la causa liberadora y tomar la decisión de hacerla razón y
significado principal de vida, que luego tuvo la dicha de poder insuflar en sus
compañeros trinitarios. A partir de este momento, todas las acciones y
esfuerzos de ese grupito de trinitarios comprometidos con la liberación de su
pueblo se orientaron a lograr la revolución necesaria para la formación de una nación
libre, independiente y soberana, la República Dominicana.
Llegado el momento oportuno, declarado el Manifiesto de la
Parte Oriental de la Isla Contra la Dominación Haitiana, del 16 de enero de
1844, solo faltaban los últimos recursos necesarios para llegar seguros a la
noche del 27 de febrero y proclamar la Independencia Nacional y la separación
de Haití. Este último tramo fue cubierto con los aportes de Duarte, su familia
y otros conjurados comprometidos con el Manifiesto y el Proyecto
Independentista y Separatista.
Lograda la Independencia Nacional, era necesario continuar
con la fundación de la Nación y República Dominicana, en cuyo proceso podemos
volver a percibir las influencias católicas del Padre de la Patria, recibidas
del Presbítero Gaspar Hernández, y materializadas en los símbolos cristianos
integrados a la Bandera Nacional y el Escudo Dominicano, la Cruz Blanca, el
Libro de los Evangelios, abierto en la frase famosa que aparece en Juan 8, 32,
debajo de la Cruz de Cristo, y encima las sacrosantas palabras: Dios, Patria y
Libertad. La obra estaba completa y terminada, pero todavía faltaba la
institucionalización y consolidación del Sueño Patriótico de Duarte.
Esto último nos ha tomado casi 200 años, faltando muchos
asuntos importantes. Al igual que la Creación, la República Dominicana sigue
perfeccionándose. Amén.


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