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    viernes, 23 de enero de 2026

    Duarte, Gaspar Hernández y la Independencia Nacional


    Actualidad | Alcedo A. Ramírez

     


    Duarte, Gaspar Hernández y la Independencia Nacional

     

    Los cínicos de todos los tiempos han despreciado siempre los esfuerzos de los demás y de los agentes religiosos para superar sus propias deficiencias, limitaciones, falta de libertad y hasta lograr cambios radicales y revolucionarios, en sus vidas, organizaciones y naciones. Esto es algo de lo que ha pasado en la República Dominicana, con respecto a todo el proceso de liberación y separación de Haití, donde se ha pretendido reducir al mínimo la influencia de la Religión Católica en el mismo. Sin embargo, la verdad sale a relucir siempre, a pesar de todos los intentos en contra.

     

    En el caso de Duarte, en una etapa muy importante de su juventud y crecimiento, más que las experiencias vividas en su viaje a España, tuvieron una influencia en su formación y pensamiento las enseñanzas y orientaciones de un presbítero peruano, Gaspar Hernández, quien arribó a Santo Domingo a mediados de los años 1830, por motivos de salud y para continuar su ministerio católico en la Iglesia de San Carlos. La milagrosa aparición de este personaje en nuestras tierras tiene una extraordinaria sincronización con las vidas de un grupo de jóvenes quienes tenían pocas opciones de crecimiento y desarrollo intelectuales, ya que la universidad había sido cerrada, por lo que su futuro progreso educacional estaba muy adversamente comprometido.

     

    Luego de ser trasladado al Convento de Regina Angelorum, el P. Gaspar Hernandez inicio en la Sacristia un ciclo de clases, en filosofía y otras áreas del saber, con la finalidad de proseguir la educación formal de los jóvenes de la época que quisieran profundizar en sus conocimientos. La verdad es que, al calor de estas clases y discusiones, la amistad y relación de estos estudiantes se fue consolidando, hasta convertirse en un movimiento de rechazo a la ocupación haitiana, formación de una asociación, La Trinitaria, para luchar por su terminación y seguir con la Independencia Nacional.




    Todas las informaciones que tenemos al respecto nos indican que, llegado el momento oportuno, Gaspar Hernández fue introduciendo el tema de la ocupación haitiana y la forma en que sus jóvenes estudiantes se sentían sobre el particular, a la vez de destacar las opciones de liberación y revolución que se estaban dando en otras regiones de la zona, de las cuales tenía conocimiento y experiencia de primera mano. La chispa se prendió y produjo la hoguera independentista que culminaría con la creación de la República Dominicana.

     

    El viaje de Duarte al Viejo Continente solo vino a consolidar las ideas expuestas por Gaspar Polanco, a la vez de profundizar su compromiso con la causa liberadora y tomar la decisión de hacerla razón y significado principal de vida, que luego tuvo la dicha de poder insuflar en sus compañeros trinitarios. A partir de este momento, todas las acciones y esfuerzos de ese grupito de trinitarios comprometidos con la liberación de su pueblo se orientaron a lograr la revolución necesaria para la formación de una nación libre, independiente y soberana, la República Dominicana.

     

    Llegado el momento oportuno, declarado el Manifiesto de la Parte Oriental de la Isla Contra la Dominación Haitiana, del 16 de enero de 1844, solo faltaban los últimos recursos necesarios para llegar seguros a la noche del 27 de febrero y proclamar la Independencia Nacional y la separación de Haití. Este último tramo fue cubierto con los aportes de Duarte, su familia y otros conjurados comprometidos con el Manifiesto y el Proyecto Independentista y Separatista.

     


    Lograda la Independencia Nacional, era necesario continuar con la fundación de la Nación y República Dominicana, en cuyo proceso podemos volver a percibir las influencias católicas del Padre de la Patria, recibidas del Presbítero Gaspar Hernández, y materializadas en los símbolos cristianos integrados a la Bandera Nacional y el Escudo Dominicano, la Cruz Blanca, el Libro de los Evangelios, abierto en la frase famosa que aparece en Juan 8, 32, debajo de la Cruz de Cristo, y encima las sacrosantas palabras: Dios, Patria y Libertad. La obra estaba completa y terminada, pero todavía faltaba la institucionalización y consolidación del Sueño Patriótico de Duarte.

     

    Esto último nos ha tomado casi 200 años, faltando muchos asuntos importantes. Al igual que la Creación, la República Dominicana sigue perfeccionándose. Amén.











     

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