Fe y Vida | José MarÃa Ballester Esquivias
23 de febrero: san Policarpo, obispo y
mártir
Personaje central de la cristiandad oriental, san
Policarpo fue discÃpulo de san Juan Evangelista y obispo de Esmirna —ciudad que
hoy forma parte de TurquÃa—, donde murió en el año 166. Amaba tanto al prójimo,
que tanto cristianos como paganos le llamaban el «padre de los cristianos»;
era, pues, un punto de encuentro entre partes enfrentadas.
Por su posición y por sus virtudes propias,
desempeñaba también san Policarpo la función de delegado de las Iglesias de
Asia, por lo que era un interlocutor frecuente del Papa Aniceto; para hablar de
cuestiones litúrgicas, entre otros asuntos. Además, su figura inspiraba mucho
respeto, hasta el punto, que una vez el Papa le cedió la presidencia de la
EucaristÃa.
De vuelta a Esmirna, sin embargo, tuvo que enfrentarse
a la dura persecución que las autoridades romanas ejercÃan en contra de los
cristianos. San Policarpo logró durante un tiempo esconderse en una aldea
cercana a Esmirna, pero pronto fue descubierto y encarcelado. Presionado para
que renegase de su fe, san Policarpo resistió.
Al ofrecerle el gobernador elogiar a los dioses
romanos a cambio de salvar su vida, respondió: «Yo solo reconozco como mi Señor
a Jesucristo, el Hijo de Dios». Insistió el gobernador, pero san Policarpo no
cedÃa. «Ochenta y seis años llevo yo sirviendo a Jesucristo y Él nunca me ha
fallado nada. ¿Cómo le voy a fallar yo ahora?». Sentenciado, san Policarpo fue
arrojado a una hoguera que, según la tradición, no conseguÃa quemarle. Al
final, varios soldados le atravesaron el corazón con una lanza. En ese momento, una paloma blanca salió volando.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Promueve el diálogo y la comunicación usando un lenguaje sencillo, preciso y respetuoso...