Fe y Vida | Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
18 de marzo: san Cirilo de Jerusalén,
el catequista al que Jesús «echó el anzuelo»
Presidió la Iglesia madre de Jerusalén durante 35
años, aunque sufrió el destierro tres veces. Las catequesis bautismales con las
que introdujo a muchos en la fe en Cristo resuenan hoy con fuerza en nuestro
camino cuaresmal
Cuaresma del año 350 en la basílica del Santo Sepulcro
de Jerusalén. Bajo la luz de las lámparas de aceite, a los pies del lugar donde
se clavó la cruz que dio la Vida al mundo, un obispo menudo comienza una serie
de catequesis que atrapan la imaginación y la fe de un grupo de catecúmenos. Se
llama Cirilo y se le puede considerar uno de los mayores catequistas de la
historia. Gracias a él, a quien la Iglesia recuerda cada 18 de marzo,
generaciones de creyentes en todo el mundo a lo largo de los siglos siguen
deslumbrados por el
tesoro de su propio Bautismo.
Cirilo nació hacia el año 315 en Jerusalén, en el seno
de una familia acomodada que le dio una buena instrucción, pero poco se sabe de
su vida antes de su ordenación sacerdotal, que se cree que recibió de manos del
obispo de la Iglesia madre, san Máximo, el mismo que le encomendó la formación
de aquellos que se querían acercar a
recibir el Bautismo.
En el año 348, Cirilo sucedió a Máximo en la sede de
la diócesis, al frente de la cual estuvo cerca de 35 años, aunque 16 de ellos
los pasó en el destierro. El motivo fue que Cirilo fue promovido por el obispo
de Cesarea de Palestina, Acacio, un fiel seguidor de Arrio. Al hacerlo pensaba
ganar un influyente sacerdote para su causa, pero Cirilo estaba lejos de ser un
hombre de paja. No solo se opuso a la herejía arriana, sino que también trató
de deshacerse de la poderosa influencia de Cesarea sobre Jerusalén. Por todo
ello, Cirilo fue condenado al exilio en tres ocasiones, en los años 357, 360 y
367, y aunque los motivos fueron variados –en el segundo exilio se le condenó
por haber vendido un traje que el emperador había regalado a la Iglesia de
Jerusalén–, de fondo siempre estuvo la lucha por el poder y la influencia
política que perseguían los seguidores de Arrio.
Sin embargo, el contexto religioso de aquel tiempo no
solo estaba dominado por la disputas arrianas. En el año 361 subió al poder en
Roma el emperador Juliano el Apóstata, que
volvió por las sendas del paganismo e hizo lo imposible por contrarrestar la
creciente influencia del cristianismo en el seno del Imperio.
En su intento de combatir la nueva religión, Juliano
se dedicó a la tarea de reconstruir el templo de Salomón en Jerusalén, con el
objetivo de desacreditar la profecía de Jesús sobre él: «No quedará piedra
sobre piedra». Cirilo aseguró al proyecto del emperador un fracaso seguro, y
así fue, pues fuentes de la época, tanto cristianas como paganas, cuentan que
las obras sufrieron fuertes vientos que derribaron paredes, y que de cuando en
cuando surgían del suelo violentos incendios que obligaban a paralizar la
construcción. Al final, el proyecto del emperador acabó sucumbiendo al peso de
su propia ambición.
«No huyas de la Iglesia»
De san Cirilo de Jerusalén se conservan 24 catequesis:
una de acogida, 18 dirigidas a los catecúmenos, y cinco llamadas mistagógicas, que pronunció a los recién bautizados.
Manuel Mira, profesor de Patrística en la Universidad
de Navarra, explica que «antiguamente la preparación para el Bautismo solía
durar tres años, con enseñanzas, exorcismos y promesas, al final de los cuales
se hacía una preparación más intensa, que es la que recoge Cirilo en sus
catequesis». En ellas, el santo comenta el padrenuestro y el credo, además de
los sacramentos y una parte moral, «que son precisamente las cuatro secciones
principales del actual catecismo de la
Iglesia católica».
Durante esos tres años, «los catecúmenos podían
escuchar las lecturas y la homilía de la Eucaristía, pero luego tenían que
salir». Solo en la semana de Pascua, después de haber recibido el Bautismo, la
Confirmación y la primera Eucaristía, tomaban parte en «un acontecimiento único
que llevaban tres años esperando». En esos días recibían una instrucción muy
poderosa, «a la que Cirilo dio un estilo propio, muy basado en la Sagrada
Escritura, sobre todo en el Antiguo Testamento», asegura Mira. Por ejemplo, «en
un lenguaje muy bíblico, san Cirilo muestra el Bautismo como un paso del mar
Rojo, el inicio de una nueva vida que consiste fundamentalmente en morir con
Cristo».
Por eso, las palabras que el santo de Jerusalén y
doctor de la Iglesia pronunció hace 17 siglos resuenan hoy con fuerza en
nuestro camino cuaresmal: «Caíste en las redes de la Iglesia. No huyas; es
Jesús quien te ha echado el anzuelo, y no para destinarte a la muerte, sino
para recobrarte vivo: pues es necesario que tú mueras y resucites. Muere a los
pecados y vive para la justicia; hazlo desde hoy».
Bio
·
315: Nace en Jerusalén
·
348: Es elegido obispo de la
Ciudad Santa
·
357: Sufre su primer destierro por
no abrazar el arrianismo
·
360: Segundo destierro instigado por
Acacio
·
367: Tercer destierro por mandato
del emperador Valente
·
381: Participa en el primer
Concilio de Constantinopla
·
386: Muere en Jerusalén
·
1882: Es
nombrado doctor de la Iglesia


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