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    jueves, 19 de marzo de 2026

    ¿Sabías que san José era un hombre joven cuando nació Jesús?


    Testigos de la Fe | Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

     


    ¿Sabías que san José era un hombre joven cuando nació Jesús?

     

    El custodio y protector de María y de Jesús fue durante siglos el gran desconocido del santoral. Se le ha tenido por anciano para intentar simbolizar de cierto modo que su relación con María fue casta, pero para realizar la misión que le encomendó Dios debió de ser joven y fuerte

     

    Tradicionalmente, la iconografía cristiana ha representado a san José de Nazaret como un hombre entrado en años. En la cultura popular se le tiene prácticamente como un anciano, un abuelete entrañable elegido por Dios para que sirviera a Jesús de referencia paterna y poco más que un tutor responsable. Concebir de esta manera al patriarca de la Sagrada Familia encajaría mejor en una cierta mentalidad según la cual un hombre joven tendría más dificultades para respetar la virginidad de María que uno mayor, en quien los deseos de la carne estarían ya apagados y cuyo rol en relación con ella sería más bien de protector. 

     

    Por otro lado, las referencias evangélicas a los «hermanos del Señor» —Mateo y Marcos mencionan específicamente como tales a Santiago, José, Simón y Judas— serían plausibles gracias a un octogenario viudo, con una familia anterior en la que hubiera engendrado a otros hijos que serían los hermanastros de Jesús. Así lo cuenta el Protoevangelio de Santiago, un texto apócrifo del siglo II que menciona que José desposó a otra mujer con la que crio a seis hijos, cuatro varones y dos mujeres. Tras enviudar quedó a cargo de su prole hasta desposar a María a la edad de 89 años. Esta visión también explicaría la temprana salida de José del Evangelio, pues se le supone ya fallecido cuando Jesús comienza su vida pública.  

     

    Sin embargo, el contexto cultural del mundo antiguo muestra algo totalmente diferente, pues la edad de contraer matrimonio tanto para mujeres como para hombres sería hoy considerada incluso ilegal. Sabemos por el Talmud que, en la Palestina del siglo I, la edad de casarse era considerablemente inferior a los 18 años que rigen hoy como límite legal. De hecho, no estar casado después de los 20 era considerado sin duda una extrañeza cultural. Por otro lado, el esposo de María debió de ser lo suficientemente vigoroso para proteger a la Sagrada Familia en los difíciles viajes que tuvo que emprender a Belén y Egipto, y también para desarrollar una labor de artesano para la que necesitaba caminar lejos y desplegar suficiente destreza y fuerza física.  

     

    Un santo desapercibido

    Durante muchos siglos, la figura de san José pasó bastante desapercibida para la mayor parte del pueblo de Dios. El santo patriarca no fue uno de esos primeros mártires que ensalzaba la Iglesia primitiva como modelo de santidad; el Evangelio no recoge ninguna palabra suya y está ausente durante la mayor parte de la vida conocida del Señor.

     

    Fue santa Teresa de Jesús la que rescató a José del rincón en el que estaba injustamente apartado. De hecho, se la considera la principal difusora de su devoción desde entonces. Pocos años más tarde, el Greco recibió el encargo de representar al santo en la capilla de San José, en Toledo, precisamente el enclave original de la fundación de la santa en la ciudad. En el primer templo de la cristiandad dedicado al esposo de María, el pintor retrató al patriarca como un joven fuerte que conduce con seguridad al Niño Jesús de la mano.

     

    «No estoy de acuerdo con la forma clásica de representar a san José como un hombre anciano, aunque se haya hecho con la buena intención de destacar la perpetua virginidad de María», escribió muchos años más tarde san Josemaría Escrivá. «Yo me lo imagino joven, fuerte, en la plenitud de la edad y de la energía humana», añadía, pues «para vivir la virtud de la castidad, no hay que esperar a ser viejo o a carecer de vigor».

     

    Un santo para todo

    Si durante el primer milenio la devoción a san José estuvo más bien oculta en la vida diaria de los fieles, la realidad es que ahora su figura es imprescindible, hasta el punto de que se le atribuyen hoy los patrocinios más diversos. En 1870, el Papa Pío IX le declaró patrón de la Iglesia universal.

     

    A él también se le confían los moribundos para obtener una buena muerte, ya que se considera que como la suya no hubo otra igual, al estar acompañado de Jesús y de María. Es considerado, asimismo, un modelo de paternidad y es por ello el espejo de tantos padres que dedican su vida al cuidado y la educación de sus hijos. Y los seminaristas le tienen como patrón, pues no se puede pensar en otro formador más idóneo que el encargado de educar al que es el Sumo Sacerdote.

     

    Numerosas congregaciones y parroquias están bajo su patrocinio, y en el mundo civil es custodio de varias provincias y comunidades autónomas españolas, así como de países por todo el orbe.

     

    Alfa&Omega.es 






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