Testigos de la Fe | Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
¿Sabías que san José era un hombre
joven cuando nació Jesús?
El custodio y protector de María y de Jesús fue
durante siglos el gran desconocido del santoral. Se le ha tenido por anciano
para intentar simbolizar de cierto modo que su relación con María fue casta,
pero para realizar la misión que le encomendó Dios debió de ser joven y fuerte
Tradicionalmente, la iconografía cristiana ha
representado a san José de Nazaret como un hombre entrado en
años. En la cultura popular se le tiene prácticamente como un anciano, un abuelete entrañable elegido por Dios para que
sirviera a Jesús de referencia paterna y poco más que un tutor responsable.
Concebir de esta manera al patriarca de la Sagrada Familia encajaría mejor en
una cierta mentalidad según la cual un hombre joven tendría más dificultades
para respetar la virginidad de María que uno mayor, en quien los deseos de la
carne estarían ya apagados y cuyo rol en relación con ella sería más bien de
protector.
Por otro lado, las referencias evangélicas a los
«hermanos del Señor» —Mateo y Marcos mencionan específicamente como tales a
Santiago, José, Simón y Judas— serían plausibles gracias a un octogenario
viudo, con una familia anterior en la que hubiera engendrado a otros hijos que
serían los hermanastros de Jesús. Así lo cuenta el Protoevangelio de Santiago, un texto apócrifo del siglo
II que menciona que José desposó a otra mujer con la que crio a seis hijos,
cuatro varones y dos mujeres. Tras enviudar quedó a cargo de su prole hasta
desposar a María a la edad de 89 años. Esta visión también explicaría la
temprana salida de José del Evangelio, pues se le supone ya fallecido cuando
Jesús comienza su vida pública.
Sin embargo, el contexto cultural del mundo antiguo
muestra algo totalmente diferente, pues la edad de contraer matrimonio tanto
para mujeres como para hombres sería hoy considerada incluso ilegal. Sabemos
por el Talmud que, en la Palestina del siglo I, la edad de casarse era
considerablemente inferior a los 18 años que rigen hoy como límite legal. De
hecho, no estar casado después de los 20 era considerado sin duda una extrañeza
cultural. Por otro lado, el esposo de María debió de ser lo suficientemente vigoroso
para proteger a la Sagrada Familia en los difíciles viajes que tuvo que
emprender a Belén y Egipto, y también para desarrollar una labor de artesano
para la que necesitaba caminar lejos y desplegar suficiente destreza y fuerza
física.
Un santo desapercibido
Durante muchos siglos, la figura de san José pasó
bastante desapercibida para la mayor parte del pueblo de Dios. El santo
patriarca no fue uno de esos primeros mártires que ensalzaba la Iglesia
primitiva como modelo de santidad; el Evangelio no recoge ninguna palabra suya
y está ausente durante la mayor parte de la vida conocida del Señor.
Fue santa Teresa de Jesús la que rescató a José del
rincón en el que estaba injustamente apartado. De hecho, se la considera la
principal difusora de su devoción desde entonces. Pocos años más tarde, el
Greco recibió el encargo de representar al santo en la capilla de San José, en
Toledo, precisamente el enclave original de la fundación de la santa en la
ciudad. En el primer templo de la cristiandad dedicado al esposo de María, el
pintor retrató al patriarca como un joven fuerte que conduce con seguridad al
Niño Jesús de la mano.
«No estoy de acuerdo con la forma clásica de
representar a san José como un hombre anciano, aunque se haya hecho con la
buena intención de destacar la perpetua virginidad de María», escribió muchos
años más tarde san Josemaría Escrivá. «Yo me lo imagino joven, fuerte, en la
plenitud de la edad y de la energía humana», añadía, pues «para vivir la virtud
de la castidad, no hay que esperar a ser viejo o a carecer de vigor».
Un santo para todo
Si durante el primer milenio la
devoción a san José estuvo más bien oculta en la vida diaria de los fieles, la
realidad es que ahora su figura es imprescindible, hasta el punto de que se le
atribuyen hoy los patrocinios más diversos. En 1870, el Papa Pío IX le
declaró patrón de la Iglesia universal.
A él también se le confían los
moribundos para obtener una buena muerte, ya que se considera que como la suya
no hubo otra igual, al estar acompañado de Jesús y de María. Es considerado,
asimismo, un modelo de paternidad y es por ello el espejo de tantos padres que
dedican su vida al cuidado y la educación de sus hijos. Y los seminaristas le
tienen como patrón, pues no se puede pensar en otro formador más idóneo que el
encargado de educar al que es el Sumo Sacerdote.
Numerosas congregaciones y
parroquias están bajo su patrocinio, y en el mundo civil es custodio de varias
provincias y comunidades autónomas españolas, así como de países por todo el
orbe.


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