Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
“¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”
(Miércoles
4 marzo 2026, lecturas: Jr 18,18-20; Sal 30; Mt 20,17-28)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos invita a mirar el camino de Jesús
hacia la cruz y a preguntarnos con sinceridad: ¿estamos dispuestos a beber
el cáliz que Él bebió? Es decir, ¿estamos dispuestos a asumir el
sacrificio, la entrega y el servicio que implica seguirlo?
Veamos
algunos elementos siguiendo el orden de las lecturas.
1.
Primera lectura: Libro de Jeremías (Jr 18,18-20). El profeta Jeremías
experimenta el rechazo y la persecución. Aquellos a quienes él quiere ayudar,
se levantan contra él. Dice: “¿Se paga el bien con mal?”.
Elementos
importantes:
-
El justo sufre incomprensión.
-
Hacer el bien no siempre trae aplausos.
-
Jeremías no responde con venganza, sino que
presenta su dolor ante Dios.
Aquí
vemos el anticipo del cáliz: el sufrimiento por fidelidad a la misión.
Muchas veces nosotros también, cuando actuamos con rectitud, encontramos
críticas, ingratitud o rechazo. Beber el cáliz comienza ahí: en soportar con
paciencia y fe las injusticias.
2.
Salmo 30 (29): “Sálvame, Señor, por tu misericordia”. El salmista
clama desde la angustia, pero no pierde la confianza.
Elementos
importantes:
-
En medio del dolor, Dios es refugio.
-
El sufrimiento no es la última palabra.
-
La confianza en el Señor fortalece el corazón.
Beber
el cáliz no significa resignación amarga, sino confianza profunda en que Dios
no abandona. El que sufre con Dios, nunca sufre solo.
3.
Evangelio: Evangelio según San Mateo (Mt 20,17-28). Jesús anuncia
por tercera vez su pasión: será entregado, condenado y crucificado, pero al
tercer día resucitará.
Mientras
Él habla de cruz, los discípulos piensan en puestos de honor. La madre de
Santiago y Juan pide los primeros lugares.
Entonces
Jesús pregunta: “¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de
beber?”
Elementos fundamentales:
-
El cáliz significa sufrimiento, entrega total,
obediencia al Padre.
-
Seguir a Cristo no es buscar privilegios, sino
cargar la cruz.
-
La verdadera grandeza está en el servicio.
-
“El que quiera ser grande, que sea servidor”.
Jesús
mismo da el ejemplo: “El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a
servir y a dar su vida en rescate por muchos”.
Aquí
está el corazón del mensaje: el camino cristiano no es de ambición, sino de
servicio humilde.
Aplicación
para nuestra vida.
Queridos
hermanos y hermanas: Hoy el Señor nos hace la misma pregunta:
-
¿Eres capaz de perdonar cuando te hieren?
-
¿Eres capaz de servir sin buscar reconocimiento?
-
¿Eres capaz de mantenerte firme en la fe en medio
de la prueba?
-
¿Eres capaz de amar, aunque no seas correspondido?
Beber
el cáliz significa aceptar la cruz diaria: en la familia, en el trabajo, en la
comunidad. No es buscar el sufrimiento, sino aceptar con amor las exigencias
del Evangelio.
En
nuestra sociedad muchas veces se busca poder, prestigio y comodidad. Jesús nos
propone lo contrario: humildad, servicio y entrega.
Conclusión.
-
El camino de Jeremías fue el del profeta
perseguido.
-
El camino del salmista fue el de la
confianza en medio del dolor.
-
El camino de Jesús fue el de la cruz que
conduce a la resurrección.
Si
queremos participar en su gloria, debemos participar también en su cáliz.
Que
hoy podamos responder con sinceridad: “Señor, con tu gracia, sí
somos capaces”, no por nuestras fuerzas, sino apoyados en Él. Amén.


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