Mensajes | Rocío Lancho García
El Papa en la misa en
Mongomo pide un futuro habitado por la esperanza
En su segunda
jornada en Guinea Ecuatorial, cuarto país que visita en su viaje a África, el
Papa León XIV celebró misa en la basílica de la Inmaculada Concepción de
Mongomo. Durante la homilía invitó a los presentes a no tener miedo “de
anunciar y dar testimonio del Evangelio” y les invitó a ser “constructores de
un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación”. Antes de la celebración
eucarística, el Papa bendijo la primera piedra de la que será la catedral de
Ciudad de la Paz
“El futuro de
Guinea pasa por las decisiones que ustedes toman; está confiado a su sentido de
la responsabilidad y al compromiso compartido de custodiar la vida y la
dignidad de cada persona”. Fue la exhortación del Papa León XIV a los fieles
reunidos en la misa que celebró, este miércoles 22 de abril, en la Basílica de
la Inmaculada Concepción de Mongomo, que se trata del edificio religioso más
grande de África central. En su segundo día en Guinea Ecuatorial, el Pontífice
dirigiéndose en la homilía a los miles de personas allí
congregadas, aseguró que “se necesitan cristianos que tomen en sus manos el
destino de Guinea Ecuatorial”. Por eso los animó a no tener miedo “de anunciar
y dar testimonio del Evangelio” y les invitó a ser “constructores de un futuro
de esperanza, de paz y de reconciliación”.
El Papa les
invitó a participar “en el desarrollo integral de esta tierra, en su
renovación, en su transformación”. Asegurando que son muchas las riquezas
naturales de este país, les exhortó a “cooperar para que puedan ser una
bendición para todos”. Y pidió que el Señor les ayude a convertirse en una
sociedad que “trabaje al servicio del bien común y no de intereses
particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y
desfavorecidos”. Que crezcan los espacios de libertad – clamó el Papa - y que se
salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana; pienso en los más pobres,
en las familias en dificultad; pienso en los reclusos, a menudo obligados a
vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad.
Alimentar actividades caritativos y responsabilidad
hacia el prójimo
También habló
de la importancia de la llamada a “continuar hoy el camino trazado por los
misioneros, los pastores y los laicos que los han precedido”. A todos y a cada
uno - recordó - se les pide un compromiso personal que abarque la vida por
completo, para que la fe, celebrada de manera tan festiva en sus comunidades y
en sus liturgias, alimente sus actividades caritativas y la responsabilidad
hacia el prójimo, para la promoción del bien de todos.
Asimismo, el
Obispo de Roma aseguró que este compromiso “requiere perseverancia, cuesta
esfuerzo, a veces sacrificio, pero es el signo de que somos verdaderamente la
Iglesia de Cristo”. Haciendo referencia a la primera lectura del día, advirtió
que “una Iglesia que anuncia con alegría y sin temor el Evangelio es también
una Iglesia que, precisamente por eso, puede ser perseguida”. Pero, por otra
parte, el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles dice que, “mientras los
cristianos se ven obligados a huir y se dispersan, muchísimos se acercan a la
Palabra del Señor y pueden ver con sus propios ojos que los enfermos en el
cuerpo y en el espíritu son sanados”. Esos – aseveró el Pontífice - son los
signos prodigiosos de la presencia de Dios, que generan gran alegría en toda la
ciudad.
Mongomo, Basílica de la Inmaculada Concepción (@Vatican Media)
Gratitud con los misioneros signo del amor de Dios
Por otro lado,
el Santo Padre también recordó que la eucaristía contiene verdaderamente todo
el bien espiritual de la Iglesia: es Cristo, nuestra Pascua, que se nos
entrega; es el Pan vivo que nos sacia; es la presencia que nos revela el amor
infinito de Dios por toda la familia humana, que sigue saliendo también hoy al
encuentro de cada hombre y mujer.
Durante la
homilía, el Papa mencionó la celebración de los 170 años de evangelización de
Guinea Ecuatorial y mostró su gratitud a los “misioneros, misioneras,
sacerdotes diocesanos, catequistas y fieles laicos que han entregado su vida al
servicio del Evangelio”. Ellos, recordó León XIV, han acogido las
expectativas, las preguntas y las heridas de su pueblo, iluminándolas con la
Palabra del Señor y convirtiéndose en signo del amor de Dios en medio de
ustedes. Y aseguró que, con su testimonio de vida, “han colaborado a la venida
del Reino de Dios, sin miedo a sufrir por su fidelidad a Cristo”.
Permanecer fieles al Evangelio y dar testimonio con
alegría
Una historia
que no pueden olvidar ya que “los une a la Iglesia apostólica y universal que
los precede” y “los ha acompañado para que ustedes mismos se conviertan en
protagonistas del anuncio del Evangelio y del testimonio de la fe”. A
propósito, quiso recordar las palabras “proféticas” pronunciadas en Uganda en
1969 por su predecesor Pablo VI: “Vosotros africanos, ya sois misioneros para
vosotros mismos. La Iglesia de Cristo está verdaderamente arraigada en esta
tierra bendita”.
El Pontífice
advirtió que, aunque las situaciones personales, familiares y sociales que
vivimos no siempre sean favorables, “podemos confiar en la obra del Señor, que
hace brotar la buena semilla de su Reino por caminos que desconocemos, aun
cuando parece que todo a nuestro alrededor es estéril, e incluso en los
momentos de oscuridad.” Estamos llamados – prosiguió - a permanecer fieles al
Evangelio, a anunciarlo, a vivirlo en plenitud y a dar testimonio de él con
alegría. Y afirmó que Dios será “el pan de vida” que saciará nuestra hambre.
Mongomo, Basílica de la Inmaculada Concepción (@Vatican Media)
Llamados a construir un futuro de esperanza
¿De qué tiene
hambre hoy este país?, se preguntó el Papa en la homilía. Y haciendo referencia
al lema de la visita “Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de
esperanza”, León observó que “hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado
por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de
paz y fraternidad”. No un futuro desconocido sino un porvenir “que precisamente
nosotros, con la gracia de Dios, estamos llamados a construir”. Y recordó que
“todos los bautizados” se deben sentir “implicados en la obra de
evangelización” y convertirse “en apóstoles de la caridad y en testigos de una
nueva humanidad”.
Antes de la
celebración eucarística, en la entrada de la Basílica, el Papa bendijo la
primera piedra de la que será la catedral de Ciudad de la Paz.


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