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No estás
cansada… estás desbordada: el agotamiento que viven muchas mamás hoy
Ser mamá puede ser una de las experiencias más
gratificantes de la vida, pero también una de las más exigentes.
Hay días en los que todo parece bajo control y
otros en los que el cansancio se acumula, la paciencia se agota y aparece una
sensación difícil de explicar: la de no estar llegando a todo.
Te levantas cansada y te acuestas aún más
cansada. Sientes que haces todo: cuidas, trabajas, organizas, resuelves… y aun
así, parece que nunca es suficiente.
Muchas mujeres viven esto en silencio, pensando
que es algo “normal” o que simplemente deberían poder manejarlo mejor. Sin
embargo, lo que están experimentando puede ir más allá del cansancio habitual.
Cuando no es
solo cansancio
No es lo mismo terminar el día cansada que
sentirse emocionalmente desbordada de forma constante.
En los últimos años se ha empezado a hablar
del agotamiento materno o “Burnout”, una forma de desgaste que
aparece cuando el estrés en la crianza se vuelve crónico.
Este agotamiento no solo afecta el cuerpo, sino
también la manera de pensar, sentir y relacionarse. Poco a poco, puede hacer
que todo cueste más: desde las tareas diarias hasta los momentos que antes se
disfrutaban con los hijos.
Es esa sensación de estar siempre “encendida”,
sin pausas reales.
¿Qué es el
síndrome de burnout?
“El Síndrome de Burnout es una
respuesta del organismo cuando ha estado sometido a un periodo de estrés
intenso y prolongado, tanto desde el punto de vista físico como emocional.”
El término nació originalmente para describir el
estrés crónico laboral, pero con el tiempo también se ha aplicado al ámbito de
la maternidad y la paternidad.
La psicóloga Violaine Guéritault, autora del
libro “El cansancio emocional y físico de las madres”, en el que
estudia el “Burnout materno” y quien declara haberlo vivido ella misma,
establece algunos de los generadores de estrés más frecuentes:
– El trabajo materno implica
volver a hacer mil veces las mismas tareas. Lava,
limpia… y al poco tiempo todo vuelve a estar desordenado o sucio, lo que
dificulta experimentar la sensación de tarea cumplida.
– Una madre vive numerosas
situaciones sobre las que no tiene ningún control. Le
gustaría ser capaz de proteger a su hijo de todo, pero a menudo se ve
impotente.
– Si hay algo que caracterice a
los niños pequeños ese algo es la imprevisibilidad. Por mucho
que la madre se planifique el día, lo más seguro es que sus previsiones acaben
patas arriba. No es nada raro que, al llegar la noche, algunas madres,
sintiéndose abatidas, lleguen a pensar que «no he hecho nada en todo el día».
– A todo ello hay que añadir
que una madre no tiene derecho a cometer errores. Ella
misma se pone el listón muy alto, y se desespera al comprobar la diferencia
existente entre el modelo de lo que querría ser y lo que vive cada día”.
¿Por qué cada
vez más mamás se sienten así?
La maternidad hoy implica mucho más que cuidar. A
las responsabilidades cotidianas se suman factores que aumentan la presión:
- La exigencia de responder a múltiples roles, como el trabajo y otros compromisos
profesionales, muchas veces con horarios demandantes.
- La carga
mental constante, esa lista interminable de cosas por hacer y recordar.
- Las altas
expectativas, propias y sociales, sobre lo que significa ser una “buena
madre”.
- La falta
de descanso real, incluso cuando hay momentos libres.
- La influencia de las redes sociales, que muchas veces muestran versiones
idealizadas de la maternidad.
Todo esto puede generar una sensación de
exigencia permanente que, con el tiempo, pasa factura.
Señales de
alerta
Los síntomas del burnout o agotamiento mental se
pueden confundir fácilmente con otras enfermedades, sin embargo, un
especialista puede detectarlo una vez estudie el caso a profundidad.
Además del impacto emocional, también pueden
aparecer síntomas físicos como dolores de cabeza, problemas gastrointestinales,
cambios en el apetito, en el peso y en los patrones del sueño.
El agotamiento materno no siempre es evidente al
principio, pero hay algunas señales que pueden ayudar a identificarlo:
·
Cansancio emocional constante.
·
Irritabilidad o falta de paciencia más frecuente.
·
Sensación de estar sobrepasada.
·
Culpa por no “hacerlo mejor”.
·
Dificultad para disfrutar momentos con los hijos.
·
Sensación de funcionar en “automático”.
Reconocer estas señales no es motivo de alarma,
sino una oportunidad para hacer ajustes a tiempo.
Un mensaje
importante para las mamás
En medio de tantas exigencias, es fácil olvidar
algo esencial: ninguna mamá puede sostenerlo todo sin apoyo, sin descanso y sin
cuidado personal.
Sentirse cansada, abrumada o desbordada no te
hace una mala madre. Te hace humana.
Aceptar los propios límites no es un signo de
debilidad, sino un paso necesario para cuidar mejor de uno mismo… y también de
la familia.
Pequeños pasos
que pueden marcar la diferencia
Cuando el cansancio se acumula, puede parecer que
no hay mucho por hacer. Pero pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden
aliviar —y mucho— la carga.
Aquí tienes algunos que pueden ayudarte a
empezar:
1. Reconoce que no eres
perfecta: eres real
No tienes que hacerlo todo perfecto. Estás
haciendo lo mejor que puedes, y eso ya es valioso. Evita compararte con otras
madres, especialmente con lo que ves en redes sociales. Muchas veces solo
muestran una parte de la realidad. Cada familia tiene su propio ritmo.
2. Aprende a delegar, busca tu
red de apoyo
No tienes que hacerlo todo sola. Delegar también
es cuidar de ti. Confiar en tu pareja, en familiares o en personas de apoyo
puede darte un respiro necesario, incluso si no hacen las cosas exactamente
como tú.
3. Practicidad ante todo
No todo tiene que estar impecable todo el tiempo.
Hay días en los que lo importante es que lo esencial funcione. Bajar un poco el
nivel de exigencia en lo cotidiano puede darte más tranquilidad mental.
4. Organiza tu tiempo con
realismo
Cuando hay muchas cosas por hacer, escribirlas y
priorizarlas puede ayudar a ordenar la mente. No se trata de hacer más, sino de
tener mayor claridad sobre lo importante.
5. Busca un momento para ti
Aunque parezca difícil, es necesario. Un espacio,
por pequeño que sea, para hacer algo que disfrutes puede marcar una gran
diferencia. Pedir ayuda para lograrlo no es un lujo, es una necesidad.
Cuando es
importante pedir ayuda
Vale la pena recordar que todas las mamás tienen
días difíciles. Sentirse cansada o irritable en ciertos momentos es
completamente normal.
Sin embargo, cuando ese agotamiento se
vuelve constante en el tiempo, cuando la sensación de desborde no
desaparece y empieza a afectar el bienestar físico y emocional, es
importante prestarle atención.
En esos casos, buscar apoyo profesional no es una
exageración, es una forma responsable de cuidarte.
Cuidarte
también es parte de cuidar
La maternidad implica entrega, pero no debería
significar desgaste permanente.
Cuidarte no es dejar de cuidar a tus hijos. Es,
precisamente, una manera de hacerlo mejor.
Porque una mamá que también se atiende a sí misma
tiene más recursos emocionales para acompañar, educar y disfrutar.
Si te has sentido identificada con este artículo,
puede ser un buen momento para hacer una pausa, mirar cómo estás y darte el
permiso de necesitar apoyo.
A veces, el primer paso no es hacer más… sino
empezar a cuidarte.


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