Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
El tiempo de Dios
(Viernes
25 de septiembre 2026. Vigésima Quinta semana tiempo ordinario., lecturas:
Eclesiastés 3,1-11. Salmo 143. San Lucas 9,18-22)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos invita a reflexionar sobre una
realidad que todos vivimos: el tiempo. Todos tenemos tiempo, pero no
todos sabemos aprovecharlo. Hay momentos de alegrÃa y momentos de tristeza;
momentos de comenzar y momentos de terminar; momentos de hablar y momentos de
guardar silencio.
Muchas
veces nosotros queremos que las cosas sucedan inmediatamente. Le pedimos algo a
Dios y queremos la respuesta ahora. Estamos pasando por una dificultad y
queremos que termine cuanto antes. Tenemos un proyecto y queremos ver sus
resultados rápidamente. Pero la Palabra de Dios nos recuerda que hay un tiempo
para cada cosa y que Dios también tiene su tiempo.
1.
Hay un tiempo para cada cosa. “Todo tiene su tiempo, y hay un momento para cada
cosa bajo el cielo” (Ecl 3,1).
El
libro del Eclesiastés nos presenta diferentes momentos de la vida: tiempo de
nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar, tiempo de
llorar y tiempo de reÃr, tiempo de buscar y tiempo de perder, tiempo de callar
y tiempo de hablar.
Esto
nos enseña que la vida tiene etapas. No podemos quedarnos viviendo
permanentemente en el pasado, pero tampoco podemos adelantarnos continuamente
al futuro.
Hay
personas que viven lamentándose por lo que ya pasó. Otras viven preocupadas por
lo que todavÃa no ha llegado. Y mientras tanto, se les escapa el presente, que
es el tiempo que Dios les está regalando.
Para
nuestra vida es: Aprendamos a vivir el momento presente.
Preguntémonos: ¿Qué quiere
Dios de mà en este momento? ¿Qué debo hacer hoy? ¿A quién debo ayudar hoy? ¿A
quién debo pedir perdón hoy? ¿A quién debo decirle que lo quiero? No dejemos
para mañana el bien que podemos hacer hoy.
2-.
Dios hace que cada cosa llegue a su tiempo. El Eclesiastés dice
también que Dios “hizo todo hermoso a su tiempo”.
Esto
es muy importante. A veces nosotros pensamos que Dios se ha olvidado de
nosotros porque algo no sucede cuando queremos. Pero Dios no trabaja
necesariamente según nuestro calendario.
Nosotros
decimos:
“Señor, ahora”. Dios puede estar diciéndonos: “Espera, todavÃa no es el
momento.” Y esperar no significa que Dios nos haya abandonado.
Hay
semillas que necesitan tiempo para crecer. Hay heridas que necesitan tiempo
para sanar. Hay procesos que necesitan tiempo para madurar. Hay personas que
necesitan tiempo para cambiar.
Para
nuestra vida: Aprendamos a esperar en Dios sin perder la fe.
La
espera también puede ser un momento de preparación. Mientras esperamos, Dios
puede estar trabajando en nosotros.
A
veces pedimos que Dios cambie una situación, pero Dios comienza cambiándonos a
nosotros.
3.-
El Salmo nos recuerda que somos frágiles. El Salmo 143 nos hace
reconocer delante de Dios nuestra pequeñez: “Señor, ¿qué es el hombre para
que te fijes en él?”
El
ser humano es pequeño, frágil y limitado. Nuestro tiempo sobre la tierra es
limitado. Por eso no debemos desperdiciarlo en cosas que no valen la pena.
-
Tenemos tiempo para trabajar, pero también
necesitamos tiempo para Dios.
-
Tenemos tiempo para preocuparnos por las cosas
materiales, pero necesitamos tiempo para nuestra familia.
-
Tenemos tiempo para las redes sociales, para
conversar, para entretenernos, pero también necesitamos tiempo para rezar, para
escuchar la Palabra y para estar delante del Señor.
Para
nuestra vida: No desperdiciemos
el tiempo que Dios nos regala.
El
tiempo es un regalo que no podemos comprar. El dinero perdido puede
recuperarse; una oportunidad perdida quizás vuelva; pero el tiempo que pasa no
regresa.
Por
eso debemos preguntarnos: ¿En qué estoy gastando mi tiempo?
Porque
allà donde ponemos nuestro tiempo, muchas veces también estamos poniendo
nuestro corazón.
4.
El Evangelio: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. En el Evangelio, Jesús pregunta a sus
discÃpulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”
Los
discÃpulos responden con diferentes opiniones. Pero Jesús hace una pregunta más
personal: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”
Esta
pregunta no pertenece solamente a los discÃpulos. También hoy Jesús nos la hace
a nosotros. No basta con saber lo que otros dicen de Jesús. No basta con haber
recibido una formación religiosa. No basta con venir a Misa.
La
pregunta es:
-
¿Quién es Jesús para mÃ?
-
¿Es solamente alguien de quien aprendà en el
catecismo?
-
¿Es solamente el que invoco cuando tengo
problemas?
-
¿O verdaderamente es mi Señor, mi Salvador y el
centro de mi vida?
Para
nuestra vida: En medio de nuestro tiempo, debemos
descubrir quién es Jesús para nosotros. Porque podemos tener muchas cosas
y, sin embargo, estar perdiendo lo esencial.
Jesús
también tiene su hora. Después de la confesión de Pedro, Jesús anuncia
que tendrá que padecer, ser rechazado, morir y resucitar. Esto nos enseña algo
muy profundo: también Jesús caminó según el tiempo y el plan del Padre.
Humanamente
hablando, la cruz parecÃa un fracaso. Pero en el plan de Dios, la cruz era el
camino hacia la resurrección.
5.
No todo lo que parece un fracaso es un fracaso delante de Dios. Hay momentos
de nuestra vida que no comprendemos. Hay cruces que no sabemos por qué tenemos
que llevar. Hay puertas que se cierran y no entendemos la razón.
Pero
debemos aprender a decir: “Señor, yo no entiendo este momento, pero confÃo en
Ti.”
La
fe no significa comprenderlo todo. La fe significa seguir confiando en Dios
incluso cuando no entendemos lo que está sucediendo.
6.
Hay un tiempo para la cruz y un tiempo para la resurrección. Jesús anuncia
su pasión, pero también anuncia su resurrección.
Esto
nos recuerda que ninguna cruz tiene la última palabra para quien confÃa en
Dios.
-
Puede haber un tiempo de enfermedad, pero puede
llegar un tiempo de recuperación.
-
Puede haber un tiempo de tristeza, pero puede
llegar un tiempo de alegrÃa.
-
Puede haber un tiempo de lágrimas, pero puede
llegar un tiempo de consuelo.
-
Puede haber un tiempo de dificultad, pero puede
llegar un tiempo de bendición.
Por
eso: No tomemos un momento difÃcil como si fuera
toda nuestra vida.
Hay
personas que están pasando por una situación difÃcil y dicen: “Ya no puedo
más”. Pero Dios puede estar preparando un nuevo comienzo.
7.
No adelantemos el tiempo de Dios. Uno de los grandes
problemas del ser humano es querer controlar todo.
Queremos
saber qué va a pasar mañana. Queremos que Dios nos explique todo. Queremos
respuestas inmediatas. Pero la vida de fe nos enseña a caminar paso a paso.
Dios
no siempre nos muestra todo el camino; muchas veces solamente nos muestra el
próximo paso. Por eso debemos aprender a confiar.
8.
No forcemos las cosas; aprendamos a esperar el momento de Dios.
Hay
puertas que Dios abre y nadie puede cerrar. Y hay puertas que nosotros queremos
abrir, pero quizás Dios sabe que todavÃa no es el momento.
9.
Aprovechemos el tiempo para hacer el bien. Finalmente, hermanos y
hermanas, si todo tiene un tiempo, aprovechemos nuestro tiempo para amar.
-
Hay un tiempo para perdonar: perdonemos.
-
Hay un tiempo para reconciliarnos:
reconciliémonos.
-
Hay un tiempo para ayudar: ayudemos.
-
Hay un tiempo para visitar al enfermo:
visitémoslo.
-
Hay un tiempo para acercarnos a nuestros hijos:
acerquémonos.
-
Hay un tiempo para volver a Dios: volvamos a Él.
No
esperemos a que sea demasiado tarde.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, el tiempo de Dios no siempre coincide con nuestro tiempo,
pero siempre tiene un propósito.
El
Eclesiastés nos recuerda que hay un tiempo para cada cosa.
El
Salmo nos recuerda que somos frágiles y que nuestra vida es un
regalo.
Y
el Evangelio nos presenta a Jesús, que camina hacia la cruz y la
resurrección confiando plenamente en el Padre.
Pidamos
hoy al Señor:
-
“Señor, enséñame a respetar tus tiempos.
-
Dame paciencia cuando tenga que esperar.
-
Dame fortaleza cuando llegue el tiempo de la
prueba.
-
Dame sabidurÃa para aprovechar el presente.
-
Y dame fe para confiar en que, aunque yo no
comprenda tu plan, Tú sabes lo que haces.”
Que
nunca perdamos el tiempo en aquello que nos aleja de Dios. Que sepamos
aprovechar cada dÃa para amar, servir, perdonar y hacer el bien. Porque el
tiempo pasa, pero el amor que damos por Dios permanece. Amén.


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