Solidaridad | Sebastián Sansón Ferrari
"Cuando no se pregunta
de dónde vienes": Maison Bakhita espera a León XIV
En la Maison
Bakhita, donde el Papa León XIV será recibido este sábado, migrantes,
religiosas y voluntarios comparten una casa en la que la acogida comienza sin
preguntar primero por el origen. Aracely, una nicaragüense que encontró allí
una familia en París, y la Hermana Maria dos Santos cuentan qué significa para
ellos la visita del Pontífice.
"Yo era
extranjero y ustedes me acogieron" (Mt 25,35). Las palabras del Evangelio
están escritas en uno de los muros de la Maison Bakhita. Allí no son una
frase decorativa. Funcionan como una especie de brújula para quienes atraviesan
cada día sus puertas: personas que llegaron a Francia después de dejar atrás
una tierra, una familia, una lengua conocida, a veces también una historia marcada
por el dolor.
En esta institución del 18º
distrito (arrondisement) de París se aprende francés,
se comparten oficios, se buscan oportunidades de trabajo, se conversa, se reza
y, sobre todo, se intenta volver a tejer vínculos. La acogida adquiere así un
rostro concreto: el de una persona que escucha a otra, el de una mesa
compartida, el de alguien que acompaña a quien acaba de llegar.
Es también la
traducción cotidiana de aquel llamado que el Papa Francisco dirigió a la
Iglesia ante el desafío de las migraciones: acoger, proteger, promover e
integrar. La Diócesis de París quiso convertir esos cuatro verbos en una
realidad y abrió en 2021 la Maison Bakhita, concebida como un lugar de
encuentro y como un puente entre distintas iniciativas dedicadas a las personas
migrantes.
Ahora, cinco
años después de su apertura, será el Papa León XIV quien atraviese su umbral, y
lo hará precisamente en el día previo a la Jornada Mundial del Migrante y del
Refugiado, que la Iglesia celebra el domingo 27 de septiembre. Para dicha
fecha, el Obispo de Roma llama, en su mensaje, a prestar
atención a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de
la migración y la huida, a la preocupación por ellos y a la promesa del
Señor de que quien "acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a
mí" Mc 9,37).
Y para quienes están dentro, la
noticia todavía conserva algo de asombro.
La Hermana María
dos Santos, religiosa scalabriniana brasileña, recibió la confirmación de la
visita con una mezcla de emoción y desconcierto. "Nos quedamos muy
emocionados", cuenta a Vatican News. Durante tres noches, confiesa, no
dejó de pensar en aquello que estaba por suceder: cómo preparar la casa, cómo
recibir al Pontífice, qué significaría para quienes viven allí.
No encontró
una palabra complicada para explicarlo. Eligió una muy sencilla: encuentro.
León XIV,
dice, viene al encuentro de una realidad que la Iglesia de París ha ido
construyendo junto a otras asociaciones y personas comprometidas con los
migrantes. Una realidad que busca llegar también a quienes, por diferentes
motivos -entre ellos las dificultades vinculadas a la documentación-, no
siempre encuentran fácilmente una puerta abierta.
"Él viene
a darnos su mano, viene a fortalecernos", explica la religiosa. Y luego
aparece una imagen todavía más cercana, casi familiar: el Papa viene a
"dar aquel abrazo de padre".
La frase
condensa buena parte de la emoción que atraviesa estos días la Maison Bakhita.
No se trata únicamente de recibir a una figura de la Iglesia universal. Para
quienes trabajan allí, es sentir que una misión muchas veces silenciosa, hecha
de gestos pequeños y acompañamientos cotidianos, será mirada y abrazada por el
sucesor de Pedro.
Los migrantes
que frecuentan la casa lo expresaron desde el primer momento. Compartían las
noticias, enviaban los enlaces, repetían con entusiasmo: "¡El Papa
viene!". Algunos incluso comenzaron a pensar en llenar la casa de música,
cantos y bailes.
Después llegó
la realidad de los límites de espacio y de aforo. No podrán estar todos. Pero,
de algún modo, la casa entera estará presente.
Aprender una lengua, encontrar una familia
Entre quienes
han encontrado en la Maison Bakhita un lugar de acogida está Aracely Martínez.
Nicaragüense, residente en París, llegó buscando algo muy concreto: aprender
francés.
No conocía el
idioma. Se inscribió en uno de los cursos gratuitos de la Maison, realizó la
prueba y comenzó a estudiar. Después se acercó a otros talleres y fue
conociendo poco a poco la dinámica de aquella casa.
La experiencia
terminó desbordando el propósito inicial. "Me he sentido tan como que
estoy en familia", cuenta a Vatican News.
Hay algo
especialmente significativo en que esa palabra -familia- aparezca en la
historia de una mujer que vive lejos de su país. En la Maison, explica, no
encontró solamente cursos o actividades. Encontró personas que escuchan,
aconsejan y acompañan.
"No
solamente por las personas que vienen acá, sino también por la hermana, que
cada vez nos aconsejan y nos escuchan".
Su propia
experiencia como migrante terminó llevándola a ponerse al servicio de otros.
Hoy es voluntaria del Café Bonjour, un espacio de
encuentro que ella misma considera parte de su historia en la Maison y del que
se reconoce como una de sus fundadoras.
Allí se
prepara café y té. Se conversa. Se comparten experiencias. Los temas pueden
girar en torno a la migración, a la vida social o simplemente a aquello que
afecta a quienes han tenido que comenzar de nuevo lejos de casa.
No parece
mucho. Y, sin embargo, puede serlo todo para alguien que acaba de llegar.
Aracely encuentra allí a personas procedentes de Colombia, Perú y otros países
latinoamericanos. Puede hablar español, escuchar acentos familiares,
reencontrarse con algo de su propia cultura. Pero también practica el francés
con quienes participan en el Café Bonjour.
Una lengua la
conecta con el lugar del que viene. La otra la ayuda a construir el lugar en el
que está.
Todo listo en los distintos espacios para recibir al Sumo Pontífice
"Eso me
hace sentirme como en casa", dice.
La Maison
Bakhita aparece entonces no solamente como un centro que ofrece servicios a los
migrantes, sino como un espacio donde ellos pueden recuperar algo que la
experiencia migratoria puede poner en cuestión: el sentido de pertenencia.
Cuando nadie pregunta primero de dónde vienes
Aracely valora
especialmente que, al llegar, nadie necesite presentarse primero por su
nacionalidad, su religión o las circunstancias que lo llevaron a Francia.
"Todos
venimos bastante vulnerables", explica.
En esa
vulnerabilidad compartida encuentra una forma de igualdad. Nadie está obligado
a contar su historia si no quiere. Nadie queda reducido a un país de origen o a
un expediente migratorio.
Es
precisamente ese modo de recibir al otro el que, según ella, permite que
personas muy diferentes puedan encontrarse.
También las
diferencias religiosas forman parte de esa convivencia.
Aracely creció
en una familia cristiana de tradición protestante, aunque estudió su educación
primaria en colegios católicos y conoció desde pequeña la vida de la Iglesia.
Su experiencia le permite mirar con naturalidad la diversidad religiosa de
quienes pasan por la Maison.
En este recinto se imparten clases de costura, francés, funciona un
taller de orientación laboral, entre otros servicios.
Para ella, esa
diversidad no tiene por qué separar.
"Creo que
esto une", afirma.
La Hermana María
mira esa misma realidad desde su vocación religiosa. La mayoría de las personas
que llegan a la Maison, explica, no son cristianas. Por eso uno de sus deseos
para después de la visita de León XIV es que puedan sentirse parte de una
comunidad que los recibe.
No
necesariamente de la Iglesia entendida como institución, aclara, sino de una
comunidad capaz de envolver, acompañar y sostener.
"Las
personas no cristianas se sientan parte de la Iglesia, no tanto como
institución, pero se sientan parte de esa comunidad que los envuelve".
En declaraciones a Vatican News, la entonces directora de la
Maison Bakhita, Isabelle Cauchois (que finalizó su mandato el 15 de septiembre
tras haber dirigido el centro desde su creación), expresaba una intuición
semejante al explicar que el encuentro personal modifica la mirada sobre la
migración. Frente a las estadísticas aparecen "un nombre, una historia, un
niño en los brazos".
Por eso
describió la Maison como "un laboratorio de fraternidad".
El Café
Bonjour parece encarnar esa expresión en su forma más sencilla. No hace
falta comenzar por un gran discurso. Puede bastar una mesa, una bebida caliente
y una conversación entre dos personas que quizá nunca se habrían encontrado de
otro modo.
Una casa sin fronteras
La Maison
lleva el nombre de santa Josefina Bakhita, la religiosa sudanesa que conoció de
niña la esclavitud, fue llevada a Italia, descubrió allí la fe cristiana y
abrazó posteriormente la vida religiosa.
Su historia de
desplazamiento y de encuentro con una nueva tierra ilumina, de algún modo, la
misión de esta casa parisina.
Para la
Hermana Maria, la visita de León XIV tiene además un significado especial para
las religiosas scalabrinianas. Después de 130 años de historia de la
congregación, señala, es la primera vez que un Papa visita el trabajo de las
hermanas.
Por eso,
cuando piensa en aquello que quisiera que quedara después del paso del
Pontífice, vuelve a lo esencial.
"Un mundo
sin fronteras, una religión sin fronteras, las personas que tengan un corazón
abierto".
El sábado,
León XIV cruzará el umbral de la Maison Bakhita. Encontrará allí a migrantes,
voluntarios, religiosas y trabajadores. Algunos estarán físicamente presentes;
otros habrán dejado sus palabras en cartas, preguntas, oraciones o mensajes.
Encontrará
también historias como la de Aracely, que llegó a París sin hablar francés y
terminó encontrando, en una casa dedicada a los migrantes, una familia. Y
hallará una comunidad que intenta convertir en vida una frase del Evangelio.
"Yo era
extranjero y ustedes me acogieron". Quizá por eso, más que llegar a un
centro de atención a migrantes, el Papa llegará a una casa.


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