Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
La familia de Jesús: nacida de la Palabra
(Martes
22 de septiembre 2026. Vigésima quinta semana tiempo ordinario, lecturas:
Proverbios 21,1-6.10-13. Salmo 118. San Lucas 98,19-21)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre una realidad muy hermosa:
¿quiénes forman la familia de Jesús? ¿Quiénes pueden sentirse verdaderamente
cercanos a Él?
El
Evangelio nos da una respuesta clara: no basta con conocer a Jesús, hablar de
Jesús o estar cerca de Jesús. Para pertenecer a su familia necesitamos escuchar
la Palabra de Dios y ponerla en práctica.
La
familia de Jesús no se construye solamente por vínculos de sangre. Se construye
por la fe, por la obediencia a Dios, por el amor y por una vida que procura
hacer realidad su Palabra.
1.
Primera lectura: Proverbios 21,1-6.10-13: — Una familia se construye con
justicia y sabiduría. El libro de los Proverbios nos presenta varias
enseñanzas para la vida. Nos habla del corazón del ser humano, de sus
pensamientos, de sus acciones y de la necesidad de vivir con rectitud.
Una
de las enseñanzas fundamentales es que Dios conoce el corazón de cada persona.
Podemos engañar a los demás, podemos aparentar, podemos presentar una imagen
determinada ante los otros, pero delante de Dios nada queda escondido.
Por
eso, para formar parte de la familia de Jesús necesitamos comenzar por
purificar nuestro corazón.
Una
familia cristiana no se construye solamente con una casa bonita, comida en la
mesa o reuniones familiares. Una familia cristiana se construye cuando hay:
-
respeto entre sus miembros;
-
diálogo;
-
perdón;
-
responsabilidad;
-
solidaridad;
-
oración;
-
fidelidad;
-
preocupación por los demás.
Primer
elemento para nuestra vida: cuidar nuestro corazón.
Muchas
veces queremos cambiar a los demás, pero no queremos cambiar nosotros. Queremos
que cambie el esposo, la esposa, los hijos, los vecinos, los compañeros; pero
la Palabra de Dios comienza diciéndonos: comienza por tu propio corazón.
Preguntémonos: ¿qué estoy
sembrando dentro de mi familia? ¿Paz o división? ¿Esperanza o desesperación?
¿Perdón o resentimiento? ¿Fe o indiferencia?
2.
Salmo 118: "Dichoso el que camina en la voluntad del Señor"
El
Salmo nos presenta una gran verdad: la felicidad verdadera está en caminar
según la voluntad de Dios. El salmista ama la ley del Señor porque descubre en
ella un camino seguro. También nosotros necesitamos volver a descubrir el
valor de la Palabra de Dios.
Hay
personas que buscan respuestas para todo en muchas partes: en las opiniones de
los demás, en las redes sociales, en los consejos humanos, en sus propios
criterios. Pero muchas veces olvidamos abrir la Biblia y preguntarle a Dios:
Señor, ¿qué quieres de mí?
Una
familia que escucha la Palabra de Dios tiene una orientación para caminar.
Cuando
marido y mujer escuchan la Palabra, cuando los padres enseñan la Palabra a sus
hijos, cuando los hijos aprenden a respetar y amar, cuando todos procuran vivir
según el Evangelio, entonces la familia comienza a convertirse en una verdadera
familia de Jesús.
Segundo
elemento para nuestra vida: hacer de la Palabra de Dios una guía para
nuestras decisiones.
No
se trata solamente de tener una Biblia en la casa. Se trata de que la Biblia
entre en nuestro corazón y llegue a nuestra manera de vivir.
3.
Evangelio: San Lucas 8,19-21. — "Mi madre y mis hermanos son
estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica". Llegamos
al centro de la Palabra de hoy. Le dicen a Jesús: "Tu madre y tus
hermanos están fuera y quieren verte. “Y Jesús responde: "Mi
madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen
por obra."
Jesús
no está despreciando a su Madre, la Virgen María. Todo lo contrario. María es
precisamente el ejemplo perfecto de quien escucha la Palabra de Dios y la pone
en práctica. María recibió la Palabra, creyó en ella y dijo: "Hágase en
mí según tu palabra."
Por
eso podemos decir que María es la primera discípula, la mujer que hizo de su
vida una respuesta a la Palabra de Dios. Jesús nos enseña, entonces, que
podemos entrar en una relación profunda con Él cuando escuchamos y vivimos su
Palabra.
4.
No basta escuchar: hay que poner en práctica. Este es uno de los puntos
más importantes del Evangelio. Jesús no dice solamente: "los que
escuchan la Palabra". Dice: "los que escuchan la Palabra de
Dios y la ponen en práctica."
Aquí
tenemos una pregunta muy concreta: ¿De qué sirve escuchar la
Palabra todos los domingos si después vivimos como si nunca la hubiéramos
escuchado?
Podemos
escuchar muchas homilías, participar en muchas misas, rezar muchas oraciones,
pero la verdadera transformación comienza cuando la Palabra llega a nuestras
decisiones.
-
Si escucho que debo perdonar, tengo que perdonar.
-
Si escucho que debo amar, tengo que amar.
-
Si escucho que debo ayudar al necesitado, tengo
que ayudar.
-
Si escucho que debo respetar a mi familia, tengo
que respetarla.
-
Si escucho que debo abandonar un pecado, tengo que
luchar para abandonarlo.
La
Palabra de Dios no fue dada solamente para ser escuchada; fue dada para ser
vivida.
5.
La familia de Jesús comienza en nuestra propia casa. Hermanos y
hermanas, hoy podemos llevar esta Palabra directamente a nuestras familias.
Una
pregunta sencilla:
-
¿En nuestra casa se habla de Dios?
-
¿Se reza juntos alguna vez?
-
¿Los padres enseñan a sus hijos a dar gracias a
Dios?
-
¿Se pide perdón cuando alguien ofende?
-
¿Se bendicen los alimentos?
-
¿Se participa en la Eucaristía?
-
¿Se enseña a los niños que Jesús es el centro de
nuestra vida?
Porque
podemos tener una familia con muchas comodidades y, sin embargo, estar
espiritualmente muy lejos de Dios.
También
podemos tener una familia sencilla, con dificultades económicas y muchos
problemas, pero permanecer unida alrededor de la fe. Lo que hace cristiana a
una familia no es lo que tiene, sino la manera en que vive.
6.
Ser familia de Jesús significa vivir como Jesús. Si queremos ser familia de
Jesús, tenemos que aprender a vivir como Él.
-
Jesús perdonaba.
-
Jesús servía.
-
Jesús escuchaba.
-
Jesús tenía compasión.
-
Jesús se acercaba al que sufría.
-
Jesús no despreciaba al pecador.
-
Jesús buscaba al que estaba perdido.
-
Jesús enseñaba la verdad.
-
Jesús amaba hasta entregar su vida.
Por
eso, cuando una familia escucha la Palabra de Dios y empieza a vivir estos
valores, esa familia se convierte en una pequeña comunidad donde Jesús está
presente.
Tercer
elemento para nuestra vida: preguntarnos cada día qué aspecto de la vida de
Jesús necesitamos imitar.
7.
Una familia nacida de la Palabra sabe perdonar. Hay familias que sufren
porque durante años conservan heridas, resentimientos y palabras que nunca han
sido perdonadas.
La
Palabra de Dios nos enseña otro camino.
Si
queremos ser familia de Jesús, tenemos que aprender a decir:
"Perdóname." Y también: "Te perdono."
-
No podemos hablar de una familia cristiana si
vivimos permanentemente enfrentados.
-
No podemos decir que amamos a Jesús mientras
alimentamos el odio contra un hermano.
La
Palabra tiene que sanar nuestras relaciones.
8.
Una familia nacida de la Palabra sabe servir. La Palabra de Dios también
nos enseña a salir de nosotros mismos.
En
una familia cristiana nadie debería vivir solamente pensando:
-
"¿Qué me van a dar?" Sino
preguntándose: "¿Qué puedo hacer por los demás?"
Los
padres sirven a sus hijos. Los hijos ayudan a sus padres. Los hermanos se
apoyan. Los abuelos transmiten la fe y la experiencia. Los enfermos son
cuidados. Los necesitados son atendidos. Así se hace presente Jesús en medio de
la familia.
9.
La pregunta final. Hermanos y hermanas, hoy Jesús nos hace una
invitación muy sencilla y profunda: "Escucha mi Palabra y ponla en
práctica."
No
tengamos miedo de preguntarnos: ¿Estoy viviendo como miembro de la familia
de Jesús?
No
solamente: "¿Voy a misa?" No solamente: "¿Rezo?"
Sino:
-
¿Mi vida demuestra que escucho a Jesús?
-
¿Mi familia puede descubrir a Jesús en mi manera
de hablar?
-
¿Puede descubrirlo en mi manera de perdonar?
-
¿Puede descubrirlo en mi manera de servir?
-
¿Puede descubrirlo en mi manera de tratar a los
demás?
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, la familia de Jesús nace de la Palabra.
-
Nace cuando escuchamos.
-
Crece cuando obedecemos.
-
Se fortalece cuando perdonamos.
-
Se hace visible cuando servimos.
-
Y alcanza su plenitud cuando amamos.
Pidamos
hoy al Señor que nuestras familias no sean solamente familias unidas por la
sangre, sino también familias unidas por la fe, por la Palabra y por el amor.
Que
la Virgen María, mujer que escuchó la Palabra y la puso en práctica, nos enseñe
a decir también nosotros: "Señor, aquí estoy. Quiero escuchar tu
Palabra y hacerla realidad en mi vida." Amén.


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