Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
San Pío de Pietrelcina
(Miércoles
23 de septiembre 2026. Vigésima quinta semana tiempo ordinario, lecturas:
Proverbios 30,5-9. Salmo 118. San Lucas 9,1-6)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Iglesia nos presenta las lecturas que nos ayudan a contemplar la vida y el
testimonio de un gran santo: San Pío de Pietrelcina, sacerdote capuchino,
hombre de oración, de penitencia, de Eucaristía, de confesión y de profunda
confianza en Dios.
El
Padre Pío no fue un hombre perfecto porque no tuviera dificultades,
sufrimientos o pruebas. Fue santo porque aprendió a poner toda su vida en las
manos de Dios. Y eso es precisamente lo que las lecturas de hoy nos quieren
enseñar.
1.
“Toda palabra de Dios es verdadera”
Proverbios
30,5-9. La
primera lectura comienza con una afirmación muy importante: “Toda palabra de
Dios es verdadera”.
El
autor pide a Dios dos cosas: que lo aleje de la mentira y que no le dé ni
pobreza ni riqueza, sino solamente el alimento necesario.
Aquí
encontramos una primera enseñanza para nuestra vida: aprender a
confiar en Dios y no vivir dominados por la preocupación de tener más.
San
Pío, vivió esta confianza de manera profunda. Su vida estuvo marcada por
sacrificios, enfermedades, incomprensiones y sufrimientos, pero nunca dejó de
confiar en Dios.
Él
entendió que la verdadera riqueza no consiste en tener muchas cosas, sino en
tener a Dios en el corazón.
Por
eso podemos preguntarnos:
-
¿En quién estoy poniendo mi confianza?
-
¿Confío realmente en Dios cuando llegan las
dificultades?
-
¿Estoy buscando a Dios o solamente las cosas que
Dios puede darme?
-
¿Soy capaz de decir: “¿Señor, dame lo necesario y
ayúdame a vivir según tu voluntad”?
San
Pío nos enseña que quien tiene a Dios no está vacío, aunque tenga poco.
2.
“Tu palabra es lámpara para mis pasos”
Salmo
118. El
salmo nos presenta el amor por la Palabra de Dios: “Lámpara es tu palabra
para mis pasos, luz en mi sendero.”
Una
lámpara no ilumina todo el camino de una sola vez. Ilumina el paso que tenemos
delante.
También
nosotros muchas veces queremos saber qué va a suceder mañana, dentro de un mes
o dentro de un año. Pero Dios nos invita a confiar y a caminar con la luz que
nos ofrece hoy.
San
Pío fue un hombre profundamente alimentado por la Palabra de Dios. Su oración,
su celebración de la Eucaristía y su ministerio sacerdotal tenían como centro a
Cristo.
Por
eso, hermanos, necesitamos recuperar el valor de la Palabra de Dios.
-
Una familia que escucha la Palabra puede encontrar
dirección.
-
Un joven que escucha la Palabra puede encontrar
orientación.
-
Un matrimonio que escucha la Palabra puede
encontrar fuerza.
-
Un sacerdote que escucha la Palabra puede renovar
su entrega.
No
podemos pretender caminar cristianamente si dejamos la Palabra de Dios cerrada.
San
Pío nos recuerda que la santidad no se construye solamente con palabras bonitas, sino con una
vida que escucha a Dios y trata de poner en práctica lo que Él pide.
3.
“Les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios”
San
Lucas 9,1-6. En el Evangelio Jesús reúne a los Doce y les da poder y
autoridad para anunciar el Reino de Dios y curar a los enfermos.
Pero
hay algo que llama especialmente la atención: Jesús los envía sin demasiadas
seguridades materiales.
Les
pide que vayan confiando en Dios. El discípulo no puede quedarse encerrado.
Tiene que salir. Tiene que anunciar. Tiene que servir. Tiene que llevar
esperanza.
Aquí
encontramos una relación muy hermosa con la vida de San Pío de Pietrelcina.
El
Padre Pío fue un sacerdote que recibió una misión muy concreta: llevar a las
personas al encuentro con Dios.
Muchísimas
personas acudían a él buscando confesión, consejo, oración, consuelo y
reconciliación.
Su
confesionario se convirtió para muchos en un lugar de encuentro con la
misericordia de Dios.
4.
Un sacerdote que acercaba las almas a Cristo.
Uno
de los grandes testimonios de San Pío fue su amor por el Sacramento de la
Reconciliación.
Para
él, confesar no era simplemente escuchar pecados. Era ayudar a una persona a
recuperar la amistad con Dios.
Esto
nos deja una pregunta muy importante: ¿Cómo estamos viviendo
nuestra relación con Dios?
A
veces queremos cambiar muchas cosas de nuestra vida, pero no queremos comenzar
por la conversión del corazón.
San
Pío nos enseña que hay que volver a Dios una y otra vez.
-
Cuando caemos, levantarnos.
-
Cuando pecamos, arrepentirnos.
-
Cuando nos alejamos, regresar.
-
Cuando estamos heridos, buscar la misericordia de
Dios.
5.
La cruz también forma parte del camino.
San
Pío llevó en su cuerpo los estigmas de la Pasión de Cristo durante muchos años.
Su vida estuvo marcada por el sufrimiento.
Pero
él no convirtió su sufrimiento en una razón para alejarse de Dios. Lo convirtió
en una oportunidad para unirse más profundamente a Cristo.
Esto
es muy importante para nosotros. No todo sufrimiento significa que Dios nos ha
abandonado.
Hay
momentos en que no entendemos lo que estamos viviendo. Hay enfermedades,
problemas familiares, dificultades económicas, decepciones y pérdidas.
Pero
la fe nos enseña a decir: “Señor, no entiendo todo lo que sucede, pero sigo
confiando en Ti.” Eso es fe.
6.
“No llevar nada para el camino”.
Jesús
dice a sus discípulos que no lleven demasiadas cosas para el camino.
Esto
también tiene un mensaje para nuestra vida.
Hay
personas que llevan muchas cosas en el corazón:
-
resentimientos,
-
envidias,
-
heridas del pasado,
-
deseos de venganza,
-
preocupaciones,
-
ambiciones,
-
miedo,
-
desconfianza.
Y
así resulta difícil caminar.
El
Evangelio nos invita a viajar ligeros. Para seguir a Jesús necesitamos aprender
a soltar aquello que nos impide avanzar.
San
Pío nos enseña precisamente eso: vivir centrados en Cristo.
7.
Algunos elementos para nuestra vida.
A
partir de las tres lecturas y del testimonio de San Pío de Pietrelcina, podemos
llevarnos hoy estas enseñanzas:
1.
Confiar más en Dios. No podemos vivir permanentemente dominados por
el miedo. Dios sigue siendo nuestro Padre.
2.
Amar la Palabra de Dios. Que la Biblia no sea un libro que tenemos en la
casa, sino una palabra que escuchamos y ponemos en práctica.
3.
Vivir una fe sencilla. San Pío nos enseña que la santidad se construye en
la oración, en el trabajo, en el sacrificio y en el servicio cotidiano.
4.
Valorar la confesión. No tengamos miedo de acercarnos al Sacramento de
la Reconciliación. La misericordia de Dios es más grande que nuestro pecado.
5.
Aprender a sufrir con Cristo. El sufrimiento no debe alejarnos de Dios.
Puede convertirse en una ocasión para acercarnos más a Él.
6.
Servir a los demás. Jesús envía a sus discípulos. También nosotros
somos enviados a nuestra familia, a nuestro sector, a nuestra comunidad y a
nuestro ambiente de trabajo.
7.
No llevar demasiado equipaje interior. Hay que dejar atrás el
rencor, la amargura y el deseo de hacer daño.
8.
Poner a Cristo en el centro. San Pío no quiso que las personas se
quedaran solamente admirándolo a él. Toda su vida apuntaba hacia Cristo.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy,
al celebrar a San Pío de Pietrelcina, pidamos la gracia de tener una fe
semejante a la suya: una fe que ora, una fe que confía, una fe que sirve, una
fe que perdona y una fe que permanece firme en medio de las pruebas.
Que
podamos decir con nuestra vida:
“Señor,
tú eres suficiente para mí.”
-
Que la Palabra de Dios sea lámpara para nuestros
pasos.
-
Que la Eucaristía sea alimento para nuestro
camino.
-
Que la confesión nos devuelva siempre a la
misericordia.
-
Y que, como los discípulos del Evangelio, sepamos
salir a anunciar con nuestra vida que el Reino de Dios está entre nosotros.
San
Pío de Pietrelcina, hombre de oración, sacerdote de misericordia y testigo de
la cruz de Cristo, ruega por nosotros y ayúdanos a caminar siempre de la mano
de Jesús. Amén.


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