Humanismo Integral | Giovanni Zavatta
Estados Unidos. Católicos y
evangélicos piden trato humano para los migrantes
En un
documento ecuménico, la Conferencia episcopal y la Asociación Nacional de
Evangélicos piden “compasión y sabiduría” en el debate sobre la inmigración. La
aplicación indiscriminada de la ley y las medidas de control corre el riesgo de
dividir y desintegrar familias y comunidades
Por primera
vez en la historia de Estados Unidos, representantes autorizados de la Iglesia
católica y las Iglesias evangélicas publican conjuntamente un amplio documento
ecuménico sobre el tema de la inmigración. El documento, titulado “A Call for
Christian Compassion and Wisdom in the Immigration Debate” (“Un llamado a la
compasión y la sabiduría cristianas en el debate sobre la inmigración”),
publicado este, 13 de octubre, está firmado por el obispo Brendan John Cahill,
presidente de la Comisión de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos
de Estados Unidos, y el reverendo Walter Kim, presidente de la Asociación
Nacional de Evangélicos. Monseñor Cahill y el pastor Kim también son
copresidentes del Diálogo Evangélico-Católico sobre Inmigración, un organismo
creado en marzo pasado e integrado por cinco miembros evangélicos y cinco
católicos.
Miedo en familias y comunidades en riesgo de
separación
La declaración
se produce en un momento marcado por un aumento significativo de las
detenciones y deportaciones, a menudo como resultado de la revocación por parte
del gobierno estadounidense de las protecciones legales para diversos grupos de
inmigrantes. Este es el caso de los haitianos, a los que, el 27 de julio, se
les retiró el Estatus de Protección Temporal, que les permitía residir en
Estados Unidos. Estas situaciones están causando graves dificultades a familias
y comunidades cuyos miembros tienen diferentes estatus migratorios; muchas de
ellas se enfrentan a la amenaza de la separación y la desintegración debido,
subraya el texto, a la aplicación indiscriminada y agresiva de la ley y las
medidas de control: “Hemos presenciado, dentro de nuestras comunidades, la
propagación del miedo, la desintegración de familias, la negación del debido
proceso y la denigración del prójimo. En este contexto, también hemos visto la
esperanza que infunde la fe en Jesucristo y los gestos de cariño entre
vecinos”.
Reforzar la regularización y la tutela judicial
Los dos
representantes cristianos señalan que, “a pesar del impacto positivo que muchos
inmigrantes han tenido en nuestro país (algunos durante varias décadas), las
vías legales actuales para obtener un estatus permanente son extremadamente
limitadas e inaccesibles para la mayoría”. Y subrayan que “solo el Congreso
tiene el poder de poner remedio a estas lagunas normativas de nuestro sistema
de inmigración legal”. Católicos y evangélicos abogan por una reforma
migratoria que ofrezca a los residentes de larga data oportunidades concretas
para regularizar su situación. En particular, esperan que “la inmigración se
regule y las fronteras se aseguren mediante medidas específicas, proporcionales
y humanas, tutelando la unidad familiar y priorizando la acción contra quienes
amenazan la seguridad pública, respetando siempre el debido proceso”. La
detención de inmigrantes no violentos, especialmente menores y familias, debe
“limitarse estrictamente, garantizando a todos los detenidos un acceso efectivo
a asistencia espiritual y asesoría legal”, representación legal que debe
incluir necesariamente a trabajadores, familiares y personas que necesiten
protección humanitaria.
Católicos y evangélicos unidos por la misma
preocupación
“Lo que hace
única esta declaración -se subraya- no es su contenido, que tiene sus raíces en
siglos de enseñanza y tradición cristiana que ya hemos reafirmado
individualmente, sino más bien la clara unidad que nos une en este momento” por
la profunda preocupación “por las personas afectadas por las actuales políticas
migratorias”.
El drama de los haitianos sin el estatus de protección
temporal
Como ya se
mencionó, sobre todo la situación de los haitianos, tras la revocación de su
Estatus de Protección Temporal, es particularmente alarmante. Separadamente,
católicos y evangélicos se han pronunciado repetidamente en las últimas semanas
para denunciar las dramáticas consecuencias. El arzobispo Paul Stagg Coakley,
presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, escribió
directamente a Donald Trump sobre el creciente número de haitianos repatriados
a la fuerza desde Estados Unidos, señalando que el clima de violencia y terror
en la isla caribeña está lejos de terminar. “Pregunto respetuosamente de qué
sirve la inmensa riqueza, prosperidad e influencia con las que hemos sido
bendecidos como nación si no se utilizan al servicio de nuestra humanidad”, se
lee en la carta, en la que insta al presidente de Estados Unidos a defender los
derechos fundamentales, incluido el derecho a la vida.
Asimismo, la
Asociación Nacional de Evangélicos se unió hace meses a World Relief (una
organización humanitaria global de inspiración evangélica) y a decenas de
líderes religiosos para instar al Congreso a crear una vía legislativa para los
ciudadanos haitianos afectados por la revocación del Estatus de Protección
Temporal (TPS), establecido tras el devastador terremoto de 2010 en Haití. El
Estatus de Protección Temporal, se señaló, “ha brindado estabilidad a miles de
familias haitianas durante más de una década, permitiéndoles criar hijos con
ciudadanía estadounidense y contribuir a sus comunidades a través del trabajo y
el voluntariado”. La inestabilidad política, la violencia y las crisis
humanitarias persisten en el país caribeño, y los aproximadamente 330.000
haitianos que dependían del TPS ahora enfrentan un futuro incierto. La
Asociación Nacional de Evangélicos abogó por una solución legislativa para
prevenir las deportaciones y la desintegración familiar, en particular para
miles de niños con ciudadanía estadounidense que corren el riesgo de ser
separados de uno o ambos padres.



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