Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
San Calixto, Papa y Mártir
“San Calixto, un hombre guiado por el Espíritu y entregado a
Cristo”
(Miércoles
14 de octubre 2026. Vigésima octava semana tiempo ordinario, lecturas: Gálatas
5,18-25; Salmo 1; Lucas 11,42-46)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Iglesia nos invita a celebrar a San Calixto, Papa y mártir, un hombre
que entregó su vida al servicio de Cristo y de la Iglesia. Su testimonio nos
recuerda que seguir a Jesús no consiste solamente en cumplir normas externas,
sino en dejar que el Espíritu Santo transforme nuestro corazón.
San
Calixto vivió en los primeros siglos del cristianismo, en un tiempo en que ser
cristiano podía significar sufrir persecución y entregar la propia vida por la
fe. Como Papa, buscó conducir a la Iglesia por el camino de la misericordia, la
conversión y la reconciliación.
Hoy
las lecturas nos presentan algunos elementos que pueden ayudarnos mucho en
nuestra vida cristiana.
1.
Gálatas: Vivir según el Espíritu
San
Pablo nos dice: «Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu».
Aquí encontramos el primer elemento para
nuestra vida: no basta decir que somos cristianos; debemos vivir como
cristianos.
San
Pablo establece una diferencia entre las obras de la carne y los frutos del
Espíritu. Cuando una persona se deja dominar por la carne aparecen la envidia,
los pleitos, las divisiones, los celos, la ira y tantas otras actitudes que
destruyen la convivencia.
Pero
cuando dejamos actuar al Espíritu Santo aparecen en nosotros otros frutos:
amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y
dominio propio.
San
Calixto nos enseña que la santidad se construye dejando actuar al
Espíritu Santo en nuestra vida.
Preguntémonos:
-
¿Qué espíritu está guiando mis decisiones?
-
¿Estoy actuando movido por el amor o por el
resentimiento?
-
¿Estoy llevando paz o división a mi familia y a mi
comunidad?
-
¿Mis palabras producen alegría o heridas?
No
podemos pedir al Espíritu Santo que transforme nuestra vida si nosotros
seguimos aferrados al odio, al orgullo y al egoísmo.
Elemento
para nuestra vida: Dejemos
que el Espíritu Santo sea quien dirija nuestra manera de pensar, hablar y
actuar.
2.
Salmo 1: Dichoso el que camina por el camino del Señor
El
Salmo nos presenta dos caminos: el camino del justo y el camino del malvado.
Dice
el salmista: «Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor».
Y lo compara con un árbol plantado junto al agua, que da fruto a su debido
tiempo.
Qué
bonita imagen para nuestra vida cristiana. Un árbol necesita agua para
mantenerse vivo. De la misma manera, nuestra alma necesita alimentarse de Dios.
Necesitamos la oración, la Palabra de Dios, la Eucaristía, la confesión, la
comunidad y las buenas obras.
Un
cristiano que se aleja de Dios poco a poco se va secando interiormente. Puede
tener muchas cosas por fuera, pero por dentro puede encontrarse vacío.
San
Calixto permaneció unido a Cristo en medio de las dificultades. Su vida dio
frutos porque tenía sus raíces puestas en el Señor.
Elemento
para nuestra vida: Tenemos
que cuidar nuestras raíces espirituales. No podemos vivir una vida cristiana
fuerte si no tenemos oración y contacto con la Palabra de Dios.
Preguntémonos: ¿Dónde están
mis raíces? ¿En Dios, en el dinero, en las personas, en el poder, en las cosas
materiales o en mis propios intereses?
3.
El Evangelio: No convertir la religión en apariencia
En
el Evangelio, Jesús hace una fuerte llamada de atención a los fariseos y a los
maestros de la Ley. Jesús les reprocha que se preocupan por detalles externos,
pero descuidan lo más importante: la justicia y el amor de Dios.
Jesús
no está diciendo que las normas sean malas. Lo que denuncia es una religión que
cumple externamente, pero que no transforma el corazón.
Podemos
venir a Misa, rezar el Rosario, llevar una cruz, participar en grupos y
ministerios, pero si después no sabemos perdonar, si despreciamos al hermano,
si hablamos mal de los demás o vivimos llenos de orgullo, tenemos que
preguntarnos qué está pasando con nuestra fe.
Por
eso Jesús dice: «¡Ay de ustedes, que descuidan la justicia y el
amor de Dios!» Este es un mensaje muy importante para nosotros. La fe
verdadera debe tocar nuestro corazón y nuestras relaciones con los demás.
4.
San Calixto nos enseña el valor de la misericordia
Uno
de los aspectos importantes del testimonio de San Calixto fue su preocupación
por la reconciliación de los pecadores con Dios y con la comunidad
cristiana.
Esto
nos recuerda algo fundamental: la Iglesia no existe solamente para los
perfectos; existe para ayudar a los pecadores a encontrarse con la misericordia
de Dios. Todos necesitamos conversión.
No
podemos mirar al hermano solamente por sus errores. También debemos recordar
nuestras propias debilidades.
Por
eso, cuando alguien se equivoca, debemos preguntarnos: ¿Cómo puedo
ayudarlo a levantarse? Y cuando nosotros caemos, debemos tener la humildad de
acercarnos nuevamente al Señor.
Elemento
para nuestra vida: No
condenemos fácilmente; aprendamos a corregir con amor y a perdonar con
misericordia.
5.
San Calixto, Papa y mártir: fidelidad hasta el final
San
Calixto no buscó una vida cómoda. Su servicio a la Iglesia lo llevó a entregar
su vida por Cristo. El mártir nos recuerda que la fe tiene un precio, porque
ser fiel a Jesús significa muchas veces ir contra la corriente.
Hoy
quizá no se nos pide derramar nuestra sangre por Cristo, pero sí se nos pide
algo todos los días:
-
ser fieles en el matrimonio;
-
ser honestos en el trabajo;
-
perdonar al que nos ha ofendido;
-
rechazar la corrupción;
-
cuidar nuestras palabras;
-
defender la verdad;
-
ayudar al necesitado;
-
permanecer firmes en la fe cuando otros se alejan.
El martirio también se vive en la fidelidad cotidiana.
6.
La santidad comienza en el corazón
Las
tres lecturas nos llevan a una misma conclusión.
Gálatas
nos dice:
caminen según el Espíritu.
El
Salmo nos dice: permanezcan plantados junto al Señor.
El
Evangelio nos dice: no se queden solamente en las apariencias;
practiquen la justicia y el amor de Dios. Y San Calixto nos muestra con
su vida que esto es posible.
Queridos
hermanos y hermanas, pidamos hoy al Señor que nos conceda un corazón semejante
al de los santos: un corazón convertido, misericordioso, fiel y dispuesto a
servir. Que San Calixto, Papa y mártir, interceda por nosotros para que podamos
vivir nuestra fe no solamente con los labios, sino con nuestras obras.
Que
el Espíritu Santo produzca en nosotros sus frutos: amor, paz, alegría,
paciencia, bondad, fidelidad y dominio propio.
Y
que podamos decir con nuestra vida: «Señor, quiero permanecer unido a ti,
caminar según tu Espíritu y dar frutos de amor». Amén.



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