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    Mujer Plena y Feliz


    Mujer Plena y Feliz  
    La mujer que dice la verdad, reconoce las injusticias cometidas contra ella, contra las demás, denunciándolas y poniendo límites, es una mujer que está trabajando para ser feliz.
    La mujer ha de renunciar a los apegos y a las dependencias. Cuando nos desapegamos de los hijos (as), esposos (as) dinero, bienes; cuando soltamos, cerramos capítulos, nos hacemos más libres interiormente.
    No podemos perder de vista que en la relación hombre-mujer debe haber una sintonía. Ambos son importantes, ambos deberán trabajar por el funcionamiento efectivo de la familia. La estabilidad de la pareja y de la familia no deberá estar en manos de uno solo. Ambos deben esforzarse para que haya una familia funcional y estable emocionalmente. Ambos deben tener madurez emocional y vivir sin dependencias uno del otro.
    El vivir dependiendo uno del otro lleva a quererse controlar mutuamente (violencia cruzada) o que uno de los dos quiera controlar la voluntad y hasta los pensamientos del otro, lo que se llama violencia victimario-víctima. Al principio, en los tiempos del enamoramiento es emocionante vivir en control y controlando. Pero una familia que viva episodios repetitivos de violencia, debe despertar, reconocer y salir a la luz para buscar la ayuda necesaria, para poder resolver estos conflictos que por ser reincidentes ya no son conflictos sino más bien situaciones de violencia que hay que diagnosticar y tratar profesionalmente antes de que hayan mas daños físicos, mentales y emocionales.
    Hay que romper el silencio, ese silencio que nos hace infelices y sufrientes. No eres mártir ni esclava, nadie merece ser esclavo de nadie. Dios nos creo para ser libres y felices. Creó el universo para ponerlo a TU disposición. No eres héroe ni heroína, esos están en decadencia. Eres héroe o heroína cuando te valoras y te amas, cuando pones valientemente los límites necesarios y exiges como todo ser humano respeto y derechos a los cuales no debes renunciar, ni por miedo, ni por culpa, ni por verguenza. Recuerda que el amor tiene límites y que donde hay miedo no puede haber amor.
    Sobre todo ese miedo por el que no puedes defenderte, el miedo que utilizan las personas que maltratan para paralizar, neutralizar y silenciar a sus víctimas.
    Hay muchas familias a nuestro alrededor que no son familias, parejas que no son parejas; ellas viven bajo un mismo techo para aparentar que lo son, o para que no noten que están viviendo "amigablemente" pero que ya ni se toman en cuenta. No se saludan ni como esposos, ni como compañeros, ni como familias, ya que hasta los hijos e hijas sólo van a la casa a dormir, por no palpar la situación en que sobrevive la familia.
    Sabemos que es mejor olvidarnos de la cruel realidad e imaginarnos que vivimos una vida de cuentos, una relación ideal; pero hasta que no reconozcamos y revelemos las verdades que viven las familias, seguirán las depresiones, los insomnios, las tristezas, la infelicidad, la inconformidad, la violencia en las personas, en las familias y en la sociedad.
    Que hasta que no entendamos que la violencia no sólo es física (que va desde un pellizco, un "empujoncito" o un halón de pelo, hasta convertirse en feminicidio) es también cuando hay burlas, insultos, silencios, enemistades, comparaciones, minimizaciones, humillaciones, amenazas, descalificaciones; (en uno o más miembros de la familia) la estaremos naturalizando, viéndola como "normal", nadie se da cuenta, y seguiremos permitiendo los atropellos a nuestra persona y a todos los que nos rodeen, "sin darnos cuenta". Estas actitudes de maltrato suelen producir daños psicológicos que van anestesiando y llevando la(s) víctima(s) a un estado disociativo pues no distingue el bien del mal y se queda allí "aguantando".
    Una persona que viva en situaciones como estas, no puede ser feliz. Puede ser que tenga momentos en que se sienta bien y hasta se crea feliz; pero luego llega a su realidad nuevamente.
    Esta falta de respeto (violencia) suele darse, sin excepción, en cualquier clase social, raza, edad, credo o religión, etc. Por eso es difícil detectarla pues no hay un patrón o perfil definido para identificarla, padecerla o ejercerla.
    Lo importante es identificar las agresiones desde el inicio, por pequeñas que sean, pues estas empiezan y crecen porque como no las identificas, no las paras; más bien las vas permitiendo poco a poco hasta que se hacen tan gigantes que son muy difíciles (no imposibles) de identificar y parar.
    Sabemos que la víctima puede padecer del Síndrome de Estrés Postraumático o Síndrome de la Mujer Maltratada. Las personas afectadas por este síndrome suelen padecer de pesadillas, dificultad para dormir, están alertas e irritables, tienen problemas de concentración, angustias, miedos, etc.
    Tú, mujer, eres un ser humano creado por Dios, no eres menos que nadie. Despierta. Eres valiosa. Dios te ama así como eres. Tienes en tus manos una vida que es limitada, no hay otra tú. No naciste para sufrir, naciste para amar y dar vida a otros. Ni Dios ni la religión promueven sufrimientos inútiles. No dependes de nada para ser feliz. Tu felicidad está en ti.
    ¡Date la oportunidad de ser feliz!
    Ser Mujer / Dra. Alma Galán de Guzmán

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