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    Vale la pena sonreir


    Meditación | P. Eulide GARCÍA, MSC. En la medida que el tiempo va pasando más se está perdiendo la capacidad de sonreír, es un don tan hermoso el de la sonrisa que si supiéramos el valor de la misma hiciéramos todo lo posible por mantenerla, pero parece que las situaciones de la vida nos están arrancando el valor de la alegría, por naturaleza estamos llamados a ser alegres, son tantas las cosas que recibimos a diario de nuestro creador que si nos ponemos a analizar nos daremos cuenta que vale la pena sonreír por encima de las pequeñas cosas negativas que nos suceden.
    Solo hay que aprender a ver lo positivo de la vida, dicen por ahí: “nada hay tan negativo que no tenga algo de positivo”, para poder estar alegre es necesario descubrir qué es lo positivo en medio de lo negativo, es aprender a mirar el cielo azul en vez de mirar el camino enlodado por el cual nos toca caminar como dice la historia de aquellos dos jóvenes, la cual cuento a continuación. Dice la historia. “Estaban dos jóvenes reunidos en cierto lugar esperando que terminara una fuerte lluvia que estaba cayendo, después de terminar la misma uno de los jóvenes le dice al otro, “vamos a caminar y contemplar la naturaleza, dicen que el otro joven aceptó la invitación del amigo, pero apenas comenzaron a caminar, quien había aceptado acompañar al joven comenzó a quejarse de lo malo del camino, que había mucho lodo, que su pantalón se estaba ensuciando con el lodo en fin era un verdadero rosario de quejas, mientras el otro le decía contempla que hermosa está la naturaleza después de la lluvia, oye como cantan las aves después de la lluvia, mira cómo se ha despejado el cielo y que azul está, mira como los árboles cobran vida, en fin el joven sonreía y daba gracias al creador por aquel hermoso regalo que él había dado”.
    En fin la vida nos presenta momentos agradables y menos agradables, pero detrás de todo está la presencia de Dios que nos anima a levantarnos y caminar por el camino de la vida, uno se empeñará en buscar el lodo hasta donde no puede haber, pero otros sin embargo, harán lo posible para no verlo aunque haya, porque han optado por ver la vida de una manera diferente, ya lo dice el proverbio no hay peor ciego que aquel que no desea ver.
    Cuántos males evitaríamos si lográramos mantener la sonrisa, siempre una sonrisa es señal de felicidad, es señal de que Dios que está cerca, siempre y cuando esa sonrisa sea de corazón y no una sonrisa falsa.
    Joven sonríe, la vida es tuya, no la dañes, que tu sonrisa de hoy sea la de mañana y que ella sea la compañera de camino, mira siempre el cielo azul y no el camino lleno de lodo. Contempla la naturaleza y descubre en ella y en ti el obrar de Dios. De la vida misma / P. Eulide García, msc

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