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    Nuestra Fe: Una propuesta

    Nuestra Fe | Osiris Núñez, msc.  Comenzamos a ser cristianos por el encuentro personal y comunitario con Jesucristo que nos da una nueva visión, un nuevo entusiasmo y una nueva fuerza para tejer nuestra propia vida según la forma de pensar, sentir y actuar del mismo Jesús; a la hora de reconciliarnos con nosotros mismos, en la relación con Dios y con los demás seres humanos, con ricos y pobres, en la vida privada y en la convivencia social, en la construcción de este mundo y en la esperanza del más allá. Este encuentro personal con Jesucristo se plasma en lo que podríamos llamar: seguimiento.
    El seguimiento de Jesucristo conlleva a re-crear la conducta de Jesús. Como en la historia de Jesús, el punto de partida es la experiencia de Dios Padre que gratuitamente se autocomunica como amor a favor nuestro. Por eso, el seguimiento de Jesús, antes de ser cruz y ascesis, es mística o apasionamiento generado por el Espíritu que trabaja nuestra intimidad. Solo el que descubra el tesoro escondido, será capaz de abandonar las falsas seguridades “vender todo con alegría”. Como en Jesús, que la inspiración y el determinante primero de la vocación cristiana es el amor de Dios gustado personalmente. Sin esta mística o encuentro personal con Dios, que llamamos fe, no podemos tener vida cristiana.
    El objetivo de este seguimiento es la llegada del Reino, y este Reino de Dios significa un dinamismo comunitario sin discriminaciones ni fronteras que se concreta en la vocación a vivir en comunidad. Implica trabajar por construir la fraternidad entre todos los seres humanos en convivencia pacífica con toda la creación. En esta vocación comunitaria podemos comprender dos detalles. Primero, uno es bueno en la medida en que crea comunidad; y segundo, para una sana convivencia no es suficiente hacer el bien y evitar el mal, sino que como Jesús, hay que hacer el bien combatiendo al mismo tiempo y tratando de erradicar todo mal.
    Esa vocación supone un compromiso histórico por rehabilitar a los excluidos, pues el verdadero espíritu comunitario es inseparable de la práctica de ayudar, levantar y reintegrar a los están fuera. En esa preocupación nos damos cuenta de que lo más decisivo es dejarse impactar por el sufrimiento del otro y estar junto a él, aunque no tengamos los medios materiales para desterrar o aliviar sus carencias. En ese comportamiento nos trascendemos a nosotros mismos porque descubrimos algo trascendente y divino en el otro, salimos de nuestra concentración egoísta y así ampliamos el campo de nuestra humanidad.
    Pues bien, la palabra seguimiento impide manipular el verdadero significado de imitación. El seguimiento no es hacer lo que Jesús hizo, sino re-crear su espíritu en nuestra propia conducta dentro de una historia y cultura determinada, por lo tanto, el seguimiento de Jesús es una vocación a entregarse totalmente, sin concesiones. Como el reino de Dios, el seguimiento es realidad escatológica, es decir, en tensión hacia lo último; ya se realiza parcialmente aquí, en el tiempo; pero puja por llegar a una realización plena. Nuestra Fe | Osiris Núñez, msc