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    Colombia hacia la Paz

    Actualidad Mundial | Ramón Arturo Guerrero.  Colombia marcha en serio hacia la paz. Colombia, país desgarrado por uno de los conflictos armados internos más prolongados del mundo, se encamina seriamente hacia la paz tras acordar el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) entablar negociaciones para poner fin a la violencia.

    La violencia en Colombia
    Colombia, resume Jorge Adrián Rincón, es un país que después de 14 años de guerra de independencia vivió durante el siglo XIX ocho guerras generales, 14 guerras civiles locales, dos guerras con Ecuador y tres golpes de cuartel… en el siglo XX, aparte de numerosos levantamientos locales, libra una guerra con Perú.
    De 1930 a 1946 es el periodo de la violencia incipiente. El ascenso del partido liberal al poder en 1930 produjo descontento en amplios sectores del partido conservador y la Iglesia. En departamentos como los santanderes, Boyacá y Antioquia, los conservadores decretaron la desobediencia civil, se opusieron al nombramiento de alcaldes liberales y promulgaron el desconocimiento al nuevo gobierno. Durante este periodo se cometieron actos atroces: torturas, masacres, incendios, homicidios de familias completas, quema de graneros y destrucción de sementeras. Las zonas afectadas fueron, principalmente, Cundinamarca, Tolima, los santanderes, Quindío, Boyacá, Antioquia y el norte del Valle.
    En algunas zonas, como el sur del Tolima, los Llanos Orientales, el Magdalena medio y el suroeste antioqueño, se enfrentaron el ejército y las guerrillas de tendencia liberal.
    La violencia contemporánea, sin embargo, tiene una fecha clave: El 9 de abril de 1948. Ese día, durante el gobierno del conservador Mariano Ospina Pérez, fue asesinado en Bogotá el popular líder del partido liberal Jorge Eliécer Gaitán. Se considera que el violento levantamiento que dejó este crimen, conocido como el Bogotazo, repercute hasta hoy.

    El problema de la tierra
    Un cable de Efe publicado el 12 de noviembre resume el problema de la tierra en Colombia, problema que se halla en el origen del conflicto. Colombia es el único país de Latinoamérica que nunca ha hecho una reforma agraria: El problema de la tierra en Colombia, país en el que el 1.15 por ciento de la población posee el 52 por ciento de la gran propiedad rural, será la primera prueba de fuego para el Gobierno y la guerrilla de las FARC en la mesa de negociaciones. El agrario es un asunto que está en la raíz del conflicto colombiano, que lleva casi medio siglo y que solamente en su expresión de despojo y desarraigo deja, desde 1985, 5.5 millones de desplazados forzados y 6 millones de hectáreas arrebatadas.
    "La cuestión de la tierra es un tema estructural, casi que la génesis del conflicto colombiano", explicó a Efe el líder agrario Andrés Gil, portavoz de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra, que obtuvo en 2010 el Premio Nacional de Paz.
    Gil dijo que se trata de un problema no resuelto de cuya importancia da cuenta el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en sus informes de desarrollo humano: en el país, el índice de concentración de la tierra, que se mide en una escala de 0 a 1, es de 0.58.
    "Es de los más altos del mundo", se lamentó el líder de la ACVRC, que reúne a campesinos de una región del departamento de Santander (noreste) que han mantenido su organización a pesar del azote de la ultraderecha armada.
    Sin embargo, la concentración de la propiedad no es la única característica del problema agrario en Colombia, donde el 32 por ciento de sus 46 millones de habitantes vive en el campo. En un reciente informe, el PNUD alertó en Bogotá sobre el estado improductivo de la gran parte de las tierras aptas para la agricultura.
    Precisamente el tema agrario fue el centro de un foro convocado en Bogotá para el 17 de diciembre pasado, el cual constituye una de las formas de inclusión ciudadana en el proceso de paz.

    Niños y niñas combatientes
    Uno de los aspectos más crueles del conflicto colombiano es la existencia de niños en las filas de los beligerantes irregulares. No hay datos precisos sobre el número de niños combatientes en Colombia. En 2003 Human Rights Watch situó la cifra en 11,000, un cálculo conservador. Debido en parte a que se trata del grupo más numeroso, la mayoría de los niños combatientes forman parte de las FARC-EP. La UC-ELN y los paramilitares también reclutan niños a una escala importante. Niños entrevistados para un estudio de Human Rights Watch que se publicó bajo patrocinio de Unicef dieron información detallada sobre la gran cantidad de menores de edad en las filas de estos tres grupos.
    Al cumplir los 13 años, ya la mayoría de los niños reclutas han sido entrenados en el uso de armas automáticas, granadas, morteros y explosivos. En las fuerzas guerrilleras, los niños aprenden a ensamblar y lanzar bombas de cilindros de gas. Tanto con la guerrilla como con los paramilitares, los niños estudian el ensamblaje y siembra de minas quiebra-patas.
    Los niños no solo arriesgan su vida en el combate. También participan en las atrocidades, como torturar prisioneros, dispararles para demostrar su valor. Algunos participaron en asesinatos de figuras políticas y en la "limpieza social" de drogadictos y ladrones de poca monta. Hubo casos en los que les ordenaron que ejecutaran a compañeros, incluso amigos, capturados.
    Las niñas se alistan a veces para escapar del abuso sexual en sus hogares; muchas de ellas dijeron a Human Rights Watch que en la guerrilla tenían más o menos los mismos deberes y posibilidades de ascenso que los varones. Sin embargo, las niñas guerrilleras se enfrentan a presiones relacionadas con su condición de mujeres. Aunque no se toleran la violación ni el acoso sexual abierto, muchos comandantes varones utilizan su poder para mantener vínculos sexuales con muchachas menores de edad.

    Factores favorables a la paz
    Las negociaciones de paz no cayeron del cielo ni los bandos se disponen a ellas por su buena voluntad ni porque “los planetas están alineados”, como dijera el presidente Juan Manuel Santos al convocar el diálogo en septiembre pasado. Ocurre básicamente que, en este momento, la perspectiva de una victoria militar no existe para ninguno de los actores beligerantes. La realidad del momento los empuja a negociar. Veamos:
    • Los avances tecnológicos en el campo militar, sobre todo la vigilancia por satélites y aviones teledirigidos, han cambiado el entorno de la selva que, de refugio inexpugnable, se ha convertido casi en una jaula de cristal. El descabezamiento sucesivo de su cúpula dirigente mediante la aplicación de la técnica israelo-americana del “asesinato selectivo” ha debilitado a las FARC y complica su reestructuración.
    • La paz es ahora mejor negocio que la guerra. Una población de 50 millones que es un mercado en gran parte sin aprovechar. Las empresas extranjeras se resienten por esto y por no poder explotar los inmensos recursos mineros y naturales del territorio colombiano de un millón de kilómetros cuadrados.
    • Nueva correlación de fuerzas dentro del bloque de poder. El presidente Juan Manuel Santos representa al empresariado de base urbana, consolidado en los últimos anos al ritmo de la globalización neoliberal dominante a escala mundial y mucho menos retrógrado que el anterior presidente Álvaro Uribe, vinculado a los terratenientes. Las fuerzas que apoyan a Santos se hallan ansiosas por una normalización que abra los mercados. No es extraña la afirmación reciente del Ministerio de Hacienda de que el PIB podría aumentar entre uno y dos por ciento en caso de un acuerdo de paz con las FARC.
    • Algunos métodos de lucha delas FARC rechazados por la ciudadanía, como secuestros, ejecuciones y atentados ciegos, han deteriorado más su imagen.
    • Nueva configuración del territorio en que lo urbano predomina sobre lo rural. El país dejó de ser un archipiélago de ciudades y éstas han potenciado una economía propia de lo urbano: industria, servicios, tecnología, comunicaciones, entretenimiento, Bogotá a la cabeza con su zona metropolitana de 9 millones de habitantes.
    • Entorno internacional favorable. América Latina vive un momento de integración y Colombia es importante. Las políticas de redistribución de la riqueza tienen éxito en países vecinos. Frente a esta dinámica, aunque en el mundo esto solo sea válido para Latinoamérica, la guerra es un anacronismo.

    El conflicto en cifras
    • Unas 600,000 personas asesinadas por grupos armados y la fuerza pública, a septiembre de 2012.
    • Más de 2,000 muertos y 7,900 heridos desde 1990 por minas antipersonales.
    • Más de 15,000 personas desaparecidas forzosamente desde 1982.
    • Unos 3.7 millones de desplazados internos.
    • Los desplazados han reclamado1.7 millones de hectáreas de tierra en 23,000 demandas ante el Ministerio de Agricultura. El 40 por ciento culpa del despojo a los paramilitares y el 38 por ciento a las FARC.
    • Fuerzas combatientes: 221 mil efectivos del ejército, 35 mil de la marina, 14 mil de la fuerza aérea y 161 mil de la policía. Las FARC cuentan con unos 20,000 efectivos y la Unión Camilista-ELN con unos 2,300.
    • Hay entre 2 y 3 mil guerrilleros en prisión.
    • El presupuesto de defensa y seguridad del año pasado fue equivalente a 3.5 por ciento del producto interno bruto de Colombia, mientras el aprobado para este año prevé un aumento de casi 10%
    Fuentes: ONU, Unicef, Gobierno de Colombia, ONG de derechos humanos. Actualidad Mundial | Ramón Arturo Guerrero