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    La luz de la Fe

    Fe y Vida | Juan Manuel Pérez.   La luz de la fe 
    La primera encíclica del papa Francisco se titula la luz de la fe (lumen fidei). Está firmada por el papa Francisco, pero fue Benedicto XVI, el papa emérito, el que hizo la primera redacción y el papa actual añadió aportaciones personales al texto original. La encíclica está escrita en un lenguaje mucho más sencillo y sugerente, menos formal y abstracto que el de otros documentos de la Iglesia. Este cambio de estilo es, sin duda, obra del papa actual.

    La fe es luz. Yo pienso que Benedicto XVI preparaba la encíclica para darla a conocer al final del año de la fe, señalando las conclusiones del año de reflexión sobre las características propias de la fe cristiana que había propuesto como tema al comenzar el año. El reencuentro con la fe cristiana ilumina, aclara y da sentido a toda la existencia del ser humano. De ahí el título de la encíclica: la luz de la fe. Jesús había dicho: “yo he venido al mundo como luz; el que cree en mí no andará en tinieblas (cf Jn 12,46). La fe es el gran don del amor de Dios a la humanidad traído por Jesucristo, pues quien cree en Jesús, ve de donde viene y a donde va. A continuación vamos a señalar los puntos clave de la existencia del ser humano que ilumina la fe cristiana.

    1.- La fe es la luz de la memoria fundante. La fe cristiana no consiste en creer en verdades teóricas, abstractas, que afirman la existencia de un Dios todopoderoso, sin que se vea su conexión con nuestra manera de entender y de llevar la vida. La fe cristiana nace de la aceptación personal de la vida de Jesús de Nazaret, como salvador de la humanidad. El estilo de vida de Jesús nos lleva al encuentro con el Dios vivo y nos asegura que podemos confiar con toda seguridad en el amor de Dios y construir nuestra vida siguiendo sus pasos. En efecto, Jesús, el Hijo de Dios, nacido de María, vivió nuestra existencia en toda su plenitud y profundidad. La fe cristiana tiene su origen en la aceptación de Jesús como salvador de la humanidad y siguiendo sus pasos l fe conduce al ser humano a la plenitud de la vida. Jesús es el modelo de ser humano de acuerdo con el proyecto original de Dios. Como hijo de Dios nos dio a conocer que Dios es nuestro padre que nos ama y nos llama. La fe nos saca de la incertidumbre de nuestro origen y de nuestro destino final y nos asegura la más amplia comunión con la fuente de la vida. De esta manera la fe ilumina todo el trayecto del camino que tenemos que recorrer en este mundo.

    2.-La luz de la fe viene del futuro. Es decir la fe revela nuestro destino final; da por supuesto que la vida no termina con la muerte corporal, pues en este caso no tendría sentido. La fe cristiana abre nuevos y amplios horizontes a las aspiraciones más profundas de todo ser humano: llegar a la plenitud de vida expresada con el símbolo de “vida eterna”. Y, al iluminar nuestro destino final, nos muestra también el camino a seguir, cómo comportarnos. No se trata de un camino marcado por leyes y prohibiciones, sino de un camino siguiendo la orientación que señaló Jesús: ámense como yo les he amado. En el camino del cristiano no caben las leyes ni las prohibiciones, lo que importa es vivir en el ámbito del amor de Dios y manifestar el amor de Dios a los demás amándolos.

    3.- La fe es eclesial. La fe cristiana es la fe de la Iglesia, de la cual participamos todos los fieles, pues todos somos uno en Cristo (Gal 3,25). Según la imagen que utiliza repetidamente san Pablo, la iglesia es el cuerpo de Cristo y los fieles son miembros de ese cuerpo, y como miembros, sin perder su identidad y características individuales, viven y actúan para el bien de todo el organismo, siendo Cristo la cabeza que lo dirige. En consecuencia la fe no puede ser reducida a algo privado, a una actitud personal, porque la fe cristiana supera toda concepción individualista y subjetiva; nace de la escucha de la Palabra de Dios y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio para todo ser humano sin distinción.

    4.- La luz de la fe descubre la dimensión social de nuestro actuar. La fe no nos aparta del mundo ni es ajena a los problemas y dificultades de los hombres de nuestro tiempo. El tema central de la predicación de Jesús es la llegada del reino de Dios. El evangelio contrapone el reino de Dios a “este mundo”, montado sobre el egoísmo y la prepotencia de los poderosos, que desconoce la dignidad de la persona y margina a los débiles.

    La gran tarea de la iglesia, de la comunidad de los fieles que creen en Jesucristo, es la construcción del reino, donde todos tendrán vida y la tendrán en abundancia (cf, Jn 10,10). La luz de la fe ilumina la situación en que vida la mayor parte de la humanidad totalmente contraria al proyecto de Dios y hace ver las exigencias de nuestra colaboración en la edificación de un mundo nuevo.

    Algunas conclusiones.
    Después de esta breve exposición de las características de la fe cristiana, espigadas de la encíclica, se comprende el significado de la fe como luz pues ilumina y aclara la existencia de todo ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios y llamado a la plenitud de vida en íntima comunión con Dios y con todos los hombres. La encíclica ofrece el resumen de las conclusiones que deberíamos sacar al finalizar el año de la fe. Siempre será interesante confrontar nuestras conclusiones con las que presenta la encíclica. Para los que no han podido o no han tenido oportunidad de dedicar un tiempo a reflexionar sobre su fe, la lectura atenta y reflexiva les ofrece la posibilidad de reencontrar la originalidad de la fe cristiana que profesan y les motivará a sentir la alegría de creer pues nos saca de la incertidumbre de un yo perdido en el cosmos. Aunque la iniciativa siempre es de Dios, de su amor indefectible por el ser humano, esto no nos priva de nuestra libertad ni de nuestra responsabilidad. No menciono a los que no han visto la necesidad de reencontrarse con la fe porque seguirán aferrados a su concepción personal en su relación Dios y con los hombres.
    Teniendo en cuenta que el amor de Dios abraza a todo ser humano, ante la situación de injusticia y de marginación en que vive la gran mayoría de la humanidad, la fe cristiana exige nuestra solidaridad con las víctimas del sistema. Como creyentes y seguidores de Jesús nosotros esperamos un mundo mejor, un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia (2 Pe). Para terminar quiero recomendar a todos los fieles la lectura atenta de la primera carta del papa Francisco porquenos ayudará vivir más coherentemente con nuestra fe cristianaás coherentemente con nuestra fe cristiana. adh 772.