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    Evangelizar a los Pobres

    FE y VIDA | Juan Manuel Pérez  
    Evangelizar a los pobres
      
    El Papa Francisco en la homilía de la misa de toma de posesión dijo que le gustaría tener una iglesia pobre para los pobres y en Evangelii Gaudium, citando a Benedicto XVI, dice que “los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio y que la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer”. Ambas afirmaciones han llamado la atención y a algunos les han sonado un tanto escandalosas, pero no hay duda de que están en consonancia con afirmaciones, aún más contundentes, del Evangelio: bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios; pero ¡ay! de ustedes los ricos (cf Lc 6, 20 y 24).
    Existe una tendencia permanente a ocultar la relación entre ricos y pobres; se discute el tema de la pobreza en abstracto apoyándose en la frase del Evangelio “bienaventurados los pobres de espíritu”: que si puede haber ricos que son pobres en espíritu y si hay pobres que quieren ser ricos. Claro que hay ricos pobres y hay pobres que ansían ser ricos. Pero en este caso que plantea el papa el problema no es la pobreza, sino del escándalo de que, mientras unos pocos tienen de sobra, la inmensa mayoría carece de lo necesario para vivir. Recordemos la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro (Lc 16, 19a ).
    La invitación del papa a evangelizar a los pobres, a los que carecen de los bienes necesarios para vivir con la dignidad que corresponde a todo ser humano sin distinción, levanta muchas preguntas. La primera pregunta que surge es: ¿Es que no se está evangelizando a los pobres? Veamos lo que dice el Señor cuando encarga a sus discípulos que continúen su obra: Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea se condenará (Mc 16, 15-16). Hay dos aspectos implicados. El primero, anunciar la Buena Nueva a todos sin distinción y el segundo, libertad para aceptar o rechazar la Buena Nueva anunciada.
    ¿Qué se anuncia a los pobres?
    Respecto al primer aspecto del mandato del Señor,
    ¿Qué Buena Nueva se anuncia a los pobres? Hablando en general, se advierte la ausencia de una pastoral especializada dirigida específicamente a los pobres, a los obreros que reciben salarios muy bajos y que trabajan en condiciones injustas y no digamos a los que no encuentran un puesto de trabajo. Tenemos que superar la idea de que la pobreza es querida por Dios, que distribuye a capricho suerte y desdicha y olvidar la expresión de “los desheredados de la fortuna”. Nuestra actitud ante los pobres, cuando hay buena voluntad, se reduce a darles una limosna, pero no se les anuncia la gran noticia de que su situación tiene remedio señalándoles los medios para salir adelante. Se les invita, es verdad, a afirmar su fe y a asistir a los actos religiosos, porque “la fe mueve montañas”. Con ese fin se fomentan devociones, se distribuyen “oraciones eficaces”, se les invita a peregrinaciones, pero ni la firmeza de la fe ni las prácticas religiosas son el medio apropiado para salir de la pobreza, porque la situación de marginación y de pobreza es efecto del sistema político-económico imperante, que ha organizado la producción y la distribución de los bienes en orden a conseguir la mayor ganancia posible y no para cubrir las necesidades de la población. Juan Pablo II habla de “estructuras de pecado”, Dice e4xpresamente que “estamos ante una realidad más amplia que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado” (Ev. Vitae), expresión que recoge después el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1869). Para solucionar la situación de pobreza habría que cambiar esas estructuras.
    Gratuidad del anuncio
    En cuanto al segundo aspecto del anuncio de la Buena Nueva (libertad para aceptarla o rechazarla), es evidente que para que uno la acepte deber ver que es el medio para resolver su problema. Pero, tanto en la catequesis como en la predicación se proponen la aceptación del evangelio y las prácticas religiosas como una obligación y no como una orientación, que aceptará con gusto si la considera atractiva; de otra forma, la rechazará expresamente o no hará caso de ella.

    El evangelio nos dice que busquemos ante todo el Reino de Dios y su justicia, que todo lo demás vendrá por añadidura (Mt 6, 33). Buscar el Reino de Dios es crear un ambiente propicio para una convivencia fraternal basada en el respeto y en la colaboración y ayuda mutua, donde todos se sienten hermanos que se apoyan en sus necesidades y apuros. El ejemplo clásico y permanente es la comunidad de Jerusalén de que hablan los Hechos de los Apóstoles. La multitud de los creyentes no tenían sino un solo corazón y una sola alma; Entre ellos no había necesitados, porque no consideraban los bienes como propios, sino que se distribuían según la necesidad de cada uno (cf Hc 4,32-34).
    Promover la fraternidad
    Por ahí habría que comenzar la evangelización de los pobres, de los marginados, de los moradores en los arrabales: promoviendo auténticas comunidades donde todos se sientan hermanos y se ayuden. Medellín, Puebla y Santo Domingo, apoyados en la experiencia, insisten en la urgencia de las Comunidades Eclesiales de Base. Actualmente el calificativo “de base” parece que suena mal en algunos oídos (se corre el peligro, dicen, de una iglesia popular) y, en vez de CEBs, se prefiere llamarlas “Pequeñas Comunidades Eclesiales”. El nombre es lo de menos, lo importante es “promoverlas, orientarlas y acompañarlas” (Puebla, 548) con la seguridad que transformarán la convivencia social desde la base como el fermento transforma la masa. Jesús afirmó el Reino de Dios es de los pobres. ¿No serán ellos los que nos van a evangelizar a los acomodados?
    Una pregunta más ¿Se puede predicar el evangelio a los pobres sin ser pobres, hablándoles desde la seguridad y la abundancia en que vivimos? ¿Desde dónde les anunciamos el evangelio? Es el deseo del papa: Una iglesia pobre para los pobres.
    Para terminar deseo que estas consideraciones que he presentado ayuden a revisar qué entendemos por evangelizar y cómo la realizamos teniendo en cuenta la situación en que vive la gente a quienes nos dirigimos; en concreto, a los marginados y a los que sufren situaciones de injusticia.

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