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    Carta Pastoral: La Vida Consagrada

    Resumen Carta Pastoral: LA VIDA CONSAGRADA 
    Enero 2015  
    Se ha hecho tradición que la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED), cada año, elabore una Carta Pastoral y un Mensaje. La diferencia entre estos dos documentos es la siguiente: La Carta Pastoral es en ocasión a la fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia, 21 de enero, trata sobre un tema propio de la vida y doctrina de la Iglesia, tiene como primer destinatario a todos los fieles de la Iglesia Católica.
    El Mensaje con motivo a la fiesta de la Independencia Nacional, 27 de febrero, trata principalmente sobre la realidad social, política, económica... del Pueblo Dominicano, y es dirigido a todos los dominicanos. Ambos documentos contienen la reflexión de los Obispos dominicanos, pastores del Pueblo de Dios presentes en la República Dominicana, que orientan e iluminan la realidad eclesial y social desde la Palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia.

    A continuación algunos párrafos del texto de la Carta Pastoral:
    Con motivo del 50 aniversario de la Constitución dogmática Lumen gentium (LG), sobre la Iglesia, el Papa Francisco ha convocado un Año de la Vida Consagrada, iniciado el pasado 30 de noviembre, primer Domingo de Adviento, y que terminará con la fiesta de la Presentación del Señor, el 2 de febrero de 2016. Respondiendo a la solicitud, La CED ha dedicado esta carta a la reflexión sobre la Vida Consagrada, la cual con su trabajo tesonero desde los tiempos de la Colonia hasta los días presentes ha rendido mucho fruto a favor de la Iglesia y de la Sociedad dominicana en los campos de la educación, la salud, la promoción humana, y naturalmente, en la vivencia de la fe.
    “Por esta razón, dedicamos esta Carta Pastoral a compartir con todo el Pueblo de Dios la identidad de la Vida Consagrada en relación con el misterio de la Trinidad y de la Iglesia, sus grandes dimensiones, sus características propias, su diversidad de carismas y, al mismo tiempo, convocarles a que asumamos los grandes objetivos de este Año de la Vida Consagrada en nuestras respectivas Iglesias Diocesanas, mirando el pasado con gratitud, viviendo el presente con pasión y abrazando el futuro con esperanza, a la vez que celebrando junto a todas las Comunidades de Vida Consagrada presentes entre nosotros” (No. 3).
    “En la Iglesia llamamos Vida Consagrada: A una forma estable de existir en la cual hombres y mujeres bautizados, llamados por Dios Padre a vivir de una manera particular y radical los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, siguen más de cerca a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo y se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, entregados por un nuevo y peculiar título a su gloria, a la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo. Lo hacen unidos en una comunidad fraterna inspirados en el carisma de su fundador o fundadora para responder a unas necesidades concretas de la Iglesia y de la sociedad” (No.5).

    Misión del profetismo:
    “Como muy bien dice el Papa Francisco en su Carta apostólica a los consagrados: “«la radicalidad evangélica no es sólo de los religiosos: se exige a todos. Pero los religiosos siguen al Señor de manera especial, de modo profético». Esta es la prioridad que ahora se nos pide: «Ser profetas como Jesús ha vivido en esta tierra... Un religioso nunca debe renunciar a la profecía»” (No. 38)
    “Una cualidad esencial del profeta es el discernimiento de espíritu. «El profeta recibe de Dios la capacidad de observar la historia en la que vive y de interpretar los acontecimientos: es como un centinela que vigila por la noche y sabe cuándo llega el alba (cf. Is 21,11-12). Conoce a Dios y conoce a los hombres y mujeres, sus hermanos y hermanas. Es capaz de discernir, y también de denunciar el mal del pecado y las injusticias, porque es libre, no debe rendir cuentas a más amos que a Dios, no tiene otros intereses sino los de Dios. El profeta está generalmente de parte de los pobres y los indefensos, porque sabe que Dios mismo está de su parte»” (No. 39).
    “Así, ante una «cultura hedonística que busca en la sexualidad sólo el placer egoísta y sin ninguna norma moral objetiva, promoviendo una especie de idolatría del instinto, la vida consagrada responde con la práctica gozosa de la castidad perfecta, como testimonio de la fuerza del amor de Dios en la fragilidad de la condición humana... Sí, ¡en Cristo es posible amar a Dios con todo el corazón, poniéndolo por encima de cualquier otro amor, y amar así con la libertad de Dios a todas las criaturas! »” (No. 40)
    “Ante «un materialismo ávido de poseer, desinteresado de las exigencias y los sufrimientos de los más débiles y carente de cualquier consideración por el mismo equilibrio de los recursos de la naturaleza, la respuesta de la vida consagrada está en la profesión de la pobreza evangélica, vivida de maneras diversas, y frecuentemente acompañada por un compromiso activo en la promoción de la solidaridad y de la caridad»” (No. 41).
    “Se trata de «dar testimonio de Dios como la verdadera riqueza del corazón humano. Pero justamente por esto, la pobreza evangélica contesta enérgicamente la idolatría del dinero, presentándose como voz profética en una sociedad que, en tantas zonas del mundo del bienestar, corre el peligro de perder el sentido de la medida y hasta el significado mismo de las cosas. Por este motivo, hoy más que en otros tiempos, esta voz atrae la atención de aquellos que, conscientes de los limitados recursos de nuestro planeta, propugnan el respeto y la defensa de la naturaleza creada mediante la reducción del consumo, la sobriedad y una obligada moderación de los propios apetitos» ” (No. 42).
    “Por eso, la opción preferencial por los pobres es parte de la vida consagrada ya que «la búsqueda de la belleza divina mueve a las personas consagradas a velar por la imagen divina deformada en los rostros de tantos hermanos y hermanas, rostros desfigurados por el hambre, rostros desilusionados por promesas políticas; rostros humillados de quien ve despreciada su propia cultura; rostros aterrorizados por la violencia diaria e indiscriminada; rostros angustiados de menores[que no cuentan con el amor y el cuidado de una familia]; rostros de mujeres ofendidas y humilladas; rostros cansados de emigrantes que no encuentran digna acogida; rostros de ancianos sin las mínimas condiciones para una vida digna» y rostros de niños no nacidos, pequeños y frágiles, descuartizados desde el vientre materno por sus progenitores y médicos sin escrúpulos con la indiferencia o la aprobación de una sociedad que se deja hipnotizar por la cultura de la muerte” (No. 43).
    “La vida consagrada es una denuncia constante de la idolatría de libertad amoral y subjetiva que se quiere presentar como un absoluto en nuestro tiempo. “Ante aquellas concepciones de libertad que, prescinden de su relación constitutiva con la verdad y con la norma moral una respuesta eficaz a esta situación es la obediencia que caracteriza la vida consagrada”. Esta hace presente de modo particularmente vivo la obediencia de Cristo al Padre y, precisamente basándose en este misterio, testimonia que “no hay contradicción entre obediencia y libertad”. Esto es lo que quiere expresar la persona consagrada de manera específica con este voto, con el cual pretende atestiguar la conciencia de una relación de filiación, que desea asumir la voluntad paterna como alimento cotidiano, como su roca, su alegría, su escudo y baluarte” (No. 44).
    “Ante el individualismo que se promueve con nueva fuerza que divide y crea discordia, la vida consagrada responde con la vivencia de la fraternidad en una comunidad concreta como el lugar privilegiado para discernir y acoger la voluntad de Dios y caminar juntos en unión de espíritu y de corazón reconociendo en quien la preside la expresión de la paternidad de Dios y el ejercicio de la autoridad recibida de Él, al servicio del discernimiento y de la comunión” (No. 45).

    Mirar al Pasado con Gratitud
    “La gran mayoría de estos misioneros y misioneras que llegaron a nuestro suelo quisqueyano eran consagrados y consagradas, que junto con la proclamación de la Palabra, la enseñanza de la catequesis, la celebración de los sacramentos, fueron defensores infatigables de los indios, protectores de los valores que había en sus culturas, promotores de humanidad frente a los abusos de colonizadores a veces sin escrúpulos. “La denuncia de las injusticias y atropellos por obra de Montesino, Las Casas, Córdoba, Fray Juan del Valle y tantos otros, fue como un clamor que propició una legislación inspirada en el reconocimiento del valor sagrado de la persona” (No. 68).
    “Es digno que mencionemos el aporte brindado por las comunidades de vida consagrada a la fundación y fortalecimiento de la Iglesia en esta Isla durante la época colonial a través de los 2 Obispos y 21 Arzobispos quienes la dirigieron. La Orden de Frailes Menores dieron el primer Obispo de Santo Domingo, Fray García de Padilla (1511-1515), así como otros dos más; cinco de la Orden de los Predicadores (dominicos); cuatro de la Orden de San Agustín; de la Orden de San Jerónimo y de la Orden de la Merced cada una con dos; con sólo uno, las siguientes Órdenes: Cistercienses, Frailes Menores Capuchinos, de San Benito, de San Basilio, los Mínimos, Premonstratense, los Trinitarios de la Sociedad de Don Bosco (salesiano)” (No. 81).
    “Son innumerables los hombres y mujeres de vida consagrada que han sabido dejar la vida en nuestros campos, barrios y ciudades por causa del Evangelio. Hemos tomado sólo una muestra muy reducida a sabiendas que ha de ser mayor nuestra gratitud para todos aquellos, que siendo los más, no hemos podido mencionarlos debido a nuestras limitaciones. Para todos, los de ayer y los de hoy, vayan nuestras oraciones y bendiciones” (No. 102).

    Mirar el Presente con Pasión
    “Nos complace constatar que de los 2,200 consagrados y consagradas 1,376, lo equivalente al 66%, son nacidos en nuestra tierra. Las religiosas alcanzan la suma de 1,078 nativas (67% de todas las femeninas). De los religiosos 298 (64%) son nacidos aquí. De las religiosas contemplativas, 119 equivalente al 74% son dominicanas. Esto indica que la vida consagrada se ha inculturado entre nosotros, fruto del testimonio de una consagración vivida con alegría, entusiasmo y dedicación” (No. 110).
    “Dejen que se desborde y se haga operativa la fantasía de la caridad en las diversas realidades de la vida de la gente y se apodere de ellos y de ellas la pasión por nuestro pueblo, sean cercanos a él hasta compartir sus penas y alegrías, así como para comprender verdaderamente sus necesidades y poder ofrecer su contribución para responder a ella” (No. 113).

    Mirar el Futuro con Esperanza
    “Muestren a todo el pueblo la alegría de su consagración para que se cumpla en ustedes esta hermosa frase del Papa Francisco: «Donde hay religiosos hay alegría». Demuestren que Dios es capaz de colmar sus corazones y hacerles felices. Abrazando la cruz reconocemos a Aquel a quien seguimos y nos identificamos con Él cuando llegan “las dificultades, las noches del espíritu, la decepción, la enfermedad, la pérdida de fuerzas debido a la vejez. Precisamente en esto deberíamos encontrar la «perfecta alegría», aprender a reconocer el rostro de Cristo, que se hizo en todo semejante a nosotros, y sentir por tanto la alegría de sabernos semejantes a él, que no ha rehusado someterse a la cruz por amor nuestro” (No. 121).
    “Nos permitimos señalar algunas urgencias que necesitan una respuesta eclesial entre nosotros:
    -La inserción en el lenguaje digital y una mayor presencia en los demás medios de comunicación social del mundo de hoy a través del uso inteligente y adecuado de los medios electrónicos y de las redes sociales para anunciar el Evangelio especialmente a la nueva generación.
    -El reconocimiento de la dignidad de la mujer, de su aportación específica a la vida, a la sociedad y a la acción pastoral y misionera de la Iglesia desde el Evangelio y con una visión global sin dejarse conquistar por concepciones unilaterales.
    -Presencia calificada en el mundo de la educación que ayude a sus interlocutores a crecer en humanidad, a encontrarse con Jesucristo, Camino, Verdad y Vida y que contribuya “a unir en una síntesis armónica lo divino y lo humano, Evangelio y cultura, fe y vida”.
    -Presencia en el campo de la salud tan propio de muchos Institutos de Vida Consagrada, en estos momentos que se promueven esquemas y prácticas de salud que buscan afectar la vida de las personas, especialmente, de las mujeres y su vida reproductiva así como la de los niños en el vientre materno.
    -Por último, un campo de vital importancia y que nos urge a todos es la realidad de la pastoral familiar. Estamos asistiendo a un mundo y una sociedad enferma, donde la más perjudicada está siendo la estructura familiar con el detrimento de sus más sanos valores, causa a su vez del deterioro de la misma sociedad. Urge pues, una mirada y una atención especial a la pastoral de la familia desde todas las posibilidades y ámbitos de nuestra Iglesia” (No. 133).

    Celebremos juntos la Vida Consagrada
    “En primer lugar, nosotros los Obispos, nos proponemos acentuar con amor y alegría la vida consagrada “como un capital espiritual para el bien de todo el Cuerpo de Cristo”, que como un don para la Iglesia, nace en la Iglesia, crece en la Iglesia, y está totalmente orientada a la Iglesia. Sugerimos tres formas concretas a través de las cuales podemos celebrar, entre nosotros, durante todo este año, la Vida Consagrada: encuentros y visitas; compartir y dar a conocer los carismas y comunidades; orar y apoyar” (135).
    “Invitamos a las personas consagradas y a sus comunidades a que durante este Año se dispongan, en comunión con los organismos diocesanos competentes y con los Párrocos, a dar a conocer su propio carisma y su historia a todo el Pueblo de Dios. Abran sus momentos de oración a la participación de las parroquias, sectores, comunidades y grupos apostólicos; organicen encuentros con ellos; comuniquen con murales, literatura propia, medios audiovisuales y en las redes sociales toda la riqueza espiritual que el Señor les ha regalado. Ofrezcan encuentros vocacionales, semanas de presentación de su Instituto en sus obras y parroquias” (141).
    “Motivemos, además, el apoyo solidario a las obras que dirigen los consagrados y consagradas, principalmente, las que realizan con los más necesitados. Así podemos desarrollar el valor de este año en nuestro Plan Pastoral que consiste en hacer nuestras las necesidades de todos y de todas, especialmente de los más pobres. Con el Papa Francisco motivamos a los laicos y laicas que están asociados a las personas consagradas, “que comparten con ellas ideales, espíritu y misión”, a continuar muy de cerca ofreciéndoles todo tipo de colaboración” (144).

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