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    El paso de Dios

    Biblia | William Arias.

    El paso de Dios 
    En la vida de los hombres y mujeres de este mundo, hay un momento en donde Dios, que siempre está ahí para quien lo necesite, interviene con paso firme y determinante y requiere de nosotros una decisión definitiva o por él o contra él. Se da una especie de manifestación grande de Dios, donde todo lo que acontece apunta hacia él y se circunscribe en una realidad de fe. Es un tiempo donde el éxito social, económico y el bienestar familiar se sienten, donde el aire que se respira está como cargado de un algo que uno mismo ni siquiera sabe, pero experimenta que todo apunta a algo fuera de este mundo, algo como Dios.

    Esta misma manifestación de Dios se puede encontrar también en una experiencia de fe; son muchos los creyentes que viven su realidad de fe a medias o por costumbre, pero en una vivencia de la fe, ya sea un retiro, cursillo, eucaristía, situación límite de su vida o de alguien cercano, sienten también ese paso de Dios que se convierte en una auténtica y permanente conversión, porque también se experimenta ese hecho como algo único, como una oportunidad de Dios que tal parece se da ahora y no se dará más.

    En la Biblia aparece el testimonio de personajes clave de la Historia de Salvación y del Nuevo Testamento que vivieron esta experiencia del paso de Dios por sus vidas, antes de su conversión a Dios y en medio de su relación con él. El primer ejemplo lo encontramos en Gn 18, 1-5; Dios se le aparece a Abraham, con quien ya había establecido una alianza, ya Dios le había hablado en otras ocasiones, pero ahora en el encinar de Mamré, se da una manifestación especial de Dios, lo que en lenguaje teológico se conoce como Teofanía o manifestación de Dios. Abraham capta la importancia y la manifestación del momento y pide a Dios que no pase de largo que se quede. La petición de estancia de Dios, de Abraham por su paso, es correspondida con una bendición: el Hijo de la promesa Isaac (Gn 1, 9-10).

    En el libro de 1 Re 19, 9-18 encontramos al profeta Elías quien también experimenta una Teofanía de Dios en el monte Horeb, el monte de Dios. Allí son dirigidas unas palabras a Elías en la cual se le manifiesta que Dios va a pasar; primero el profeta hace un discernimiento ante una series de acontecimiento para descubrir el paso de Dios, el cual se da en una brisa fresca, suave como el aire tenue que nos toca cada mañana; luego aquella manifestación sirve para darle animo a Elías en su misión y tarea, además de una nueva esperanza para el pueblo de Israel.

    El Nuevo Testamento nos trae en el evangelio de Lc 19, 1-10 la conversión de Zaqueo; este hombre que era pequeño quiere ver a Jesús, presencia de Dios, tal vez por la curiosidad del momento, hace lo posible por verle y he aquí su encuentro con Jesús, el cual le dice que quiere quedarse en su casa. Zaqueo captó el momento del paso de Jesús por su vida y actuó en consecuencia con su conversión y la repartición de sus riquezas mal a vidas.

    Dios sigue todavía pasando, y seguirá pasando, por la vida de los hombres y mujeres de este mundo. Lo importante es la captación de ese paso y actuar en consecuencia; son muchos los grandes hombres de Iglesia, los santos, quienes se abrieron al plan de Dios al sentir ese paso por sus vidas. Ellos sabían que aquello era una experiencia única, irrepetible, como San Agustín que ante esta experiencia vivida por él dijo: Temo a Jesús que pasa y no vuelve a pasar. ADH 789.

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