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    Los consejos del abuelo

      Casa de Luz | Juan Rafael Pacheco (casadeluzjn812@gmail.com)

    Los consejos del abuelo
    Aquella tarde, el pequeño miraba absorto al abuelo mientras escribía. “¿Estás escribiendo algo sobre mí, abuelito? ¿Algo que nos pasó a los dos juntos?”
    El abuelo sonrió. “Mira mi niño querido, estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que lo que escribo es el lápiz que uso.  Me gustaría que cuando crezcas fueras como el lápiz”.
    Intrigado, el nieto miró el lápiz, y preguntó al abuelo, “¿Y qué tiene de especial?”
    “Un gran pensador escribió que 'todo es según el color del cristal con que se mira', y lo mismo pasa con el lápiz” -dijo el abuelo. “Si lo vemos calmadamente, encontramos que tiene cinco cualidades extraordinarias, que si logras imitarlas, harán siempre de ti una persona en paz con el mundo.
    En primer lugar, al igual que el lápiz, tú puedes hacer grandes cosas, sin olvidar nunca que existe una mano que guía tus pasos. Esa mano se llama Dios. Créele, confía en Él y depende siempre de Él.
    Lo segundo, de vez en cuando necesitas dejar lo que estás escribiendo y usar el sacapuntas.  El lápiz sufre un poco, es cierto, pero rápidamente la punta estará afilada. También tú debes ser capaz de soportar algunos dolores que harán de ti una mejor persona. 
    Tercero, el lápiz tiene a nuestra disposición una goma para borrar lo que no proceda.  Y óyeme bien. Corregir algo que hayamos hecho no significa que sea algo malo, sino más bien algo importante que debemos rectificar, y que nos permite mantenernos en el camino del amor a Dios y a nuestros semejantes.
    Cuarta cualidad: mira bien el lápiz. Lo principal no es la madera ni su forma, sino el grafito que tiene adentro. Cuida siempre con esmero todo lo que sucede dentro de ti, “porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas.” (Mc 7, 21a).
    La quinta cualidad es importante: el lápiz siempre deja una marca.  Has de saber que todo lo que hagas en la vida, dejará trazos.  Trata siempre de estar consciente de cada cosa que hagas.”
    Antes de que el nieto saliera de su asombro, continuó el abuelo:
    “Te voy a contar un cuentecito.
    Un día, un misionero sabio y piadoso encabezaba un grupo de personas que oraban por la paz del mundo, clamando al cielo para que las fronteras no existieran y toda la gente viviera feliz.
    ‘¿Cuál es la clave -decían a Dios- para que el mundo viva en armonía?'
    Cuál no sería su sorpresa cuando los cielos se abrieron, y después de un majestuoso estruendo, se oyó la voz de Dios decirles con toda claridad: '¡Comodidad!'
    Los misioneros no salían de su espanto, se miraban unos a otros, totalmente confundidos al escuchar la respuesta de Dios. Y el hombre sabio y piadoso que dirigía el grupo le dijo:
    '¿Comodidad, Señor? ¡Cuán extraño! ¿Qué nos quieres decir con eso? '
    Dios respondió:
    'La clave para un mundo feliz es: como dí, dad.  Es decir, así como yo les dí, dad vosotros a vuestro prójimo.
    Como dí, dad vosotros amor. Como dí, dad vosotros esperanza. Como dí, dad vosotros caridad.  Como dí, sin límites, sin pensar en nada más que dar, dad vosotros al mundo, y el mundo será un paraíso'.
    Ese es el ejemplo que tú debes imitar, mi querido nieto.  Ese es el mejor consejo que tú abuelo puede darte.”
    Bendiciones y paz.
    Este cuento aparece publicado en la página 77 de mi libro “La Mariposa Azul y los Regalos de Dios – Historias y cuentos para sanar tu corazón”. Disponible en Librerías Paulinas, La Sirena y Librería Cuesta. ADH 818

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