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    Sabor de la lectura bíblica

    Cultura y Vida | Lic. Pedro B. Grullón, T. LMSC


    Sabor de la lectura bíblica  

    Acudir a los textos bíblicos no solo ilustra, enseña y trae paz, lo más importante es que fortalece el ánimo, conforta y acerca al camino del Reino de Dios.
    Los medios de comunicación informan que dedicar tiempo a la oración, conversar con el Divino creador, prolonga la vida y permite vivir más en paz. 
    Gustar de la palabra revelada, bíblica, y hacerla vida e ir creciendo en ese camino, permite elevarse, sentirse en el éxtasis gozoso como sin pisar el suelo, queriendo levantar vuelo como Santa  Teresita en su ardiente deseo de partir a la casa del Padre, o de algún modo como el vencejo al disfrutar del espacio, sin querer regresar a tierra.
    Ya desde el antiguo testamento, se escuchan voces que disfrutan de la cercanía del Creador, por ejemplo el Salmo 33:
    “Está el ojo del Señor sobre los que le temen, y sobre los que esperan en su amor, para arrancar sus vidas de la muerte y darles vida en momentos de hambruna.
    En el Señor nosotros esperamos, él es nuestra defensa y nuestro escudo; en él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.
    Venga, Señor,  tu amor sobre nosotros, como en ti pusimos  nuestra confianza.”
    Hay que tener presente en todo momento: “Si Dios está conmigo, ¿quién contra mi?” Sólo Dios basta.
    Es maravilloso y aconsejable invocar siempre al Señor, en tiempo de abundancia y bondad, o en penuria y congoja. Y como dice el salmo 118, 5-6: “Al Señor en mi angustia yo clamé, y me respondió sacándome de apuros. Si el Señor está conmigo no temo, ¿qué podrá  hacerme el hombre?”.
    Viene aquí como anillo al dedo la oración de San Buenaventura al Todopoderoso: “Que no ambicione otra cosa sino poseerte, que te busque y te encuentre, que a ti me dirija y a ti llegue, en ti piense, de ti hable y todo lo haga en loor y gloria de tu nombre, con humildad y discreción, con amor y deleite…, y que Tu solo  seas siempre mi esperanza, toda mi confianza, mis riquezas, mi deleite…, mi  tesoro, en el cual este siempre fija, firme y hondamente arraigada mi alma y mi corazón. Amén”.
    El sabor de la palabra revelada debe trascender toda apetencia personal hasta degustar permanentemente el sabor del  Reino de amor. La palabra es gota fresca de cada día y riega “gota a gota”  hasta convertir nuestros desiertos en vergeles.
    Dios tiene todo el poder y debemos aceptar sus decisiones conforme a su voluntad, sin desesperación, y como dice Eclesiastés, haciendo un resumen de su pensamiento: “Toda obra de Dios llega a su tiempo”.
    El que pone su confianza en Dios hasta de las correcciones aprende, de los aparentes fracasos logra enseñanzas…, pues todo obra para bien. Y como dice Proverbios 3, 11-12:” Hijo mío, no desprecies las advertencias  de Dios, no te  rebeles contra su reprimenda; porque el Señor corrige al que ama, asi como un padre  reprende al hijo que quiere”.
    La conclusión gira en la búsqueda constante de las cosas de arriba, en caminar hacia la conquista de las promesas, asegurar el tesoro celestial, pues esa actitud también alegra la vida presente y dimana alegría y paz. ADH 817

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