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    ¡Puentes no muros!

    Apuntes Misioneros | Pedro Ruquoy, cicm 


    ¡Puentes no muros!  

    Hace casi cincuenta años, junto con un grupo de jóvenes más o menos de mi edad, yo tomaba por primera vez el camino de Taizé, un pueblito de Francia, donde un tal hermano Roger había empezado a hacer realidad el sueño de la reconciliación entre los seres humanos. Miles de jóvenes provenientes del mundo entero, miembros de las distintas iglesias cristianas (católicos, protestantes, anglicanos y otros) y también de otras religiones  estaban acampando alrededor de la iglesia de la “Reconciliación” construida en 1962 y compartían sus problemas, sus esperanzas y su fe. Varias veces al día, todos, nos reuníamos en el inmenso templo para ofrecer nuestras oraciones a Aquel que nos hacía uno a pesar de que no lo llamábamos todos con el mismo nombre. Después de la segunda guerra mundial que dividió implacablemente al mundo, el hermano Roger sintió la llamada de dar su vida para la reconciliación de la gente dividida por los conflictos de diferentes tipos y así, poco a poco Taizé se convirtió en un gigantesco puente entre la gente y especialmente entre los jóvenes del mundo entero. El hermano Roger asesinado el 16 de agosto del 2005 decía: “Un hombre o una mujer reconciliada consigo mismo y con su prójimo encuentra una fuerza viva, un dinamismo y una primavera nuevos.”
    Nuestro papa Francisco admira esta comunidad de Taizé y la considera como una “parábola de comunión”. Doce años después de la muerte violenta del hermano Roger, el Papa escribía lo siguiente: “El hermano Roger fue un testigo incansable del Evangelio de la paz y de la reconciliación, animado por el fuego de un ecumenismo de la santidad. Fue este fuego el que lo impulsó a fundar una comunidad que se puede considerar una auténtica «parábola de comunión» que, hasta nuestros días, sigue desempeñado un papel muy importante en la construcción de puentes de fraternidad entre los cristianos".

    Construir puentes
    “Construir puentes” es una frase frecuentemente utilizada por el Papa para definir la misión de los cristianos. El Sumo “Pontífice” (del término latín “pontifex” que significa “constructor de puentes”), ha invocado las palabras "puentes, no muros" cuando ha llamado a las diferentes naciones del mundo a acoger a los migrantes, especialmente durante su regreso de una visita a la frontera entre México y los Estados Unidos. En esa oportunidad, un periodista le preguntó lo que él pensaba acerca del deseo del Señor Trump de construir un muro en la frontera. Francisco le respondió que la idea de erigir muros entre la gente "no es cristiana". Seguro que estas palabras del Papa interpelan a esos dominicanos y dominicanas quienes todavía sueñan con construir un muro entre Haití y la República Dominicana.
    Siguiendo los pasos de Jesús, el papa considera que un cristiano es necesariamente un constructor de puentes: “Humillarse, y siempre hacer el puente, siempre. Siempre. Y esto es ser cristiano. No es fácil. No es fácil. Jesús lo ha hecho: se ha humillado hasta el final, nos ha hecho ver el camino. Y es necesario que no pase mucho tiempo: cuando está el problema, lo antes posible, en el momento en el que se pueda hacer, después que ha pasado la tormenta, acercarse al diálogo, porque el tiempo hace crecer el muro, como hace crecer la mala hierba que impide el crecimiento del grano. Y cuando los muros crecen es muy difícil la reconciliación: ¡es muy difícil!"
    Si la construcción de puentes es la tarea de todo cristiano, es aún más cierto para los hombres y las mujeres que han asumido la vocación de misioneros: ¡un misionero debe dar su tiempo, sus energías y toda su vida para construir puentes entre las personas y las naciones! Por supuesto, cada puente es diferente y depende de las situaciones concretas donde se vive. Aquí en Mulungushi Agro, en medio de la sabana africana, tratamos de construir puentes de tres maneras distintas:

    Tres maneras de construir puentes
    En primer lugar, los niños los adolescentes y los jóvenes que viven en nuestro hogar son muy diferentes: vienen de por lo menos 20 tribus distintas y algunos son originarios del Congo, del Malawi, de Tanzania o del Zimbabue. No todos son católicos, algunos son adventistas del séptimo día, otros anglicanos, otros bautistas, pentecostales, testigos de Jehovah, etc. Algunos pasaron varios años de su vida en la calles, tres están marcados por el virus del SIDA y la edad de los miembros de esta gran familia oscila entre dos y veinte años. ¿Cómo tratamos de construir puentes entre todos ellos? No hay muchos caminos: comiendo juntos, hablando el mismo idioma (el cibemba), compartiendo todo, animando a los mayores a cuidar a los más pequeños y orando juntos. El momento más importante del día es la oración de la noche: todos y todas estamos invitados a juntarnos en nuestra capilla para sencillamente dar gracias a Dios, el único auténtico Puente del universo.

    En segundo lugar, alrededor de nuestro orfanato, al menos cinco diferentes comunidades protestantes han construido su templo. La comunidad católica no es la más grande y varios pastores viven en el vecindario. Como lo sabemos, la división de los cristianos es un verdadero escándalo y un desafío urgente. Como misionero, este desafío me interpela de manera muy aguda: Trato de mantener buenas relaciones con mis colegas pastores, de participar en sus celebraciones y de invitarles juntos con los miembros de sus iglesias en las actividades claves de nuestra familia, Entre los miembros del personal del orfanato, hay católicos pero también protestantes. Por fin, para resolver los problemas serios que pueden surgir entre nuestros niños y adolescentes, contamos con un consejo de ancianos que provienen de diferentes tribus e iglesias.

    En tercer lugar, desde hace algunos meses, ya no soy el único sacerdote cicm a vivir en el “Centro de la familia de las Flores de Sol”: tres nuevos misioneros se han instalado en Mulungushi Agro: dos indonesios y un filipino. Cada día, celebramos juntos la Eucaristía que se transforma en un gigantesco puente entre los continentes. ADH 819

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