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    El avance del Evangelio es imparable

    Lectura Orante | P. Marcos Plante, MSC 


    El avance del Evangelio es imparable
    Léase atentamente este relato que resalta la valentía de los apóstoles frente al Consejo de los Ancianos compuesto de fariseos, del sumo sacerdote y de los saduceos. Hch 5,16-42.

    1º Interpretación del texto: Esta anécdota de unos 26 versículos nos revela la persecución emprendida contra los apóstoles en Jerusalén. El motivo era que los apóstoles atraían mucha gente procedente de las ciudades cercanas. Se les traía enfermos y poseídos por espíritus inmundos, y todos quedaban sanos. La popularidad de los apóstoles llenaba de rabia a las autoridades del templo, pues, habían prohibido que se proclamara el nombre de Jesús a quien ellas mismas, hace poco, habían crucificado pensando acabar con la fiebre que suscitaba el Profeta de Nazaret.
    Entonces, las autoridades judías decidieron encarcelar a esos rebeldes - ¡rebeldes según ellos! - para parar el contagio de esa revuelta religiosa. En la cárcel, los apóstoles pasaron poco tiempo, pues, la misma noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de su prisión diciéndoles: “Vayan, vuelvan al templo y, allí, anuncien al pueblo todo lo referente a este nuevo estilo de vida.” Los apóstoles se sintieron tan bien apoyados que, de madrugada, entraron de nuevo en el templo y se arriesgaron a enseñar, sabiendo que desafiaban a las autoridades saduceas. Entre tanto, las autoridades del templo - el sumo sacerdote y los del partido saduceo - convocaron al Consejo de los Ancianos y mandaron traerlos al tribunal desde la cárcel. Su sorpresa fue enorme al enterarse que no estaban allí dentro y que, contra toda previsión, estaban enseñando a los peregrinos en el mismo templo, desafiándolos. Los apresaron de nuevo, pero, sin violencia, porque el pueblo allí reunido apoyaba a los apóstoles y los protegía.
    En el Consejo de Ancianos se les acusó de nuevo de llenar Jerusalén entera de sus enseñanzas y que, incluso, querían hacerles responsables de la muerte de Jesús nazareno. Valiente resultó la respuesta de Pedro y de los apóstoles: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.” Proclaman el mensaje kerigmático de Jesús a quien las autoridades judías habían colgado en un madero; y Dios lo había resucitado y exaltado a su derecha como Salvador para dar a Israel la oportunidad de arrepentirse de sus pecados. El gran pecado era no reconocer a Jesús como Mesías. Pedro añadió afirmándolo con firmeza: “Nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen, somos testigos de todo esto.” Y confirmaba su testimonio con su actitud valiente.
    Los del Consejo, furiosos, querían matarlos al momento, pero Gamaliel, un maestro de la ley abierto y muy respetado del pueblo, quiso defenderlos. Dijo: “Israelitas, piensen bien lo que van a hacer con estos hombres. Mi consejo es que se olviden de estos hombres y los dejen en paz, porque, si lo que ellos se proponen hacer es cosa de hombres, ese movimiento desaparecerá; así sucedió en el pasado, en dos ocasiones con un tal Deudas y con Judas el Galileo, pero, si procede de Dios, ustedes no podrán destruirlo. No corran el riesgo de luchar contra Dios.” Su discurso los convenció y dejaron libres a los apóstoles, pero no sin antes azotarlos y prohibirles de nuevo el proclamar el nombre de Jesús. Los apóstoles, alegres de haber merecido ese castigo por la causa de Jesús, volvieron a pregonar tanto en el templo como por los caminos y en las casas que Jesús era el Mesías.

    2º Meditación: Se está en los primeros tiempos del anuncio del Evangelio; se siente la mano de Dios que apoya a los apóstoles y que el avance del Evangelio es imparable. El Espíritu los inspira y realiza con ellos grandes prodigios. Ojalá se vuelva, como en los primeros tiempos, a proclamar con valentía el nombre de Jesús que salva nuestras vidas de un desvío sin rumbo. Vayamos, a los templos, a los caminos y a las casas, diciendo que Jesús puede dar sentido a nuestras vidas amenazadas por el secularismo y la indiferencia. Nuestro plan de pastoral nos anima a ser valientes en este sentido.



    3º Oración: Invoco al Dios altísimo, al Dios que actúa en mi favor. Confundirá a los que me atacan; Dios enviará su amor y su fidelidad. Sal 57,3-6. Gracias, Señor, por darme tu Espíritu y estar a mi lado en la lucha por la vida. ¡Bendito seas tú!

    4º Contemplación: Me alegra acompañar a los apóstoles escuchando su enseñanza en el templo y viendo cómo la gente está entusiasmada. Paso con los apóstoles la noche en la cárcel y presencio cuando el ángel les abre la puerta devolviéndoles la libertad de la calle. Exulto de gozo cuando Pedro proclama su fe en Jesús. Finalmente, gracias a la sabia intervención de Gamaliel, quedan libres para proseguir su misión.

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