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    Ser vida para los demás

    Vocacionales | P. Osiris Núñez, MSC


    Ser vida para los demás  

    Somos hijos de Dios y al tomar conciencia de nuestra condición de hijos, también tomamos conciencia a la vez de nuestro Padre. Por lo tanto, nuestro Padre nos ha dado la vida. Dios en el relato del Génesis 1, 26-27 da la vida al ser humano. Pero la vida nuestra es para vivirla en común, compartirla con las demás personas, no es para vivirla solos; la vida tiene sentido cuando se da, se comparte con los demás.

    Dar vida en abundancia
    El texto de Juan 12, 20-33, nos habla de cómo un grano da vida, pero antes tiene que morir para dar nueva vida. Es así también la dinámica de la vida del ser humano. Por ejemplo: los padres que dan la vida por sus hijos, pero no debemos interpretar radicalmente, sino que la vida de los padres se consagra a ese sentido que Dios le ha dado: ser padres. Renuncian a sí mismos para dar vida a sus hijos. Y así muchos otros ejemplos que nos muestran que la vida dada por los demás, fructifica en nueva vida. Siendo la acción máxima, la vida entregada por Jesús en la cruz para dar vida en abundancia a la humanidad.

    Testimonios de vida
    La historia de la iglesia está llena de testimonios de personas que han ofrendado sus vidas de una manera u otra por los demás. Un ejemplo no tan lejano es San Maximiliano Kolbe, un sacerdote polaco, preso en los campos de concentración nazi, que se ofreció para ocupar el lugar de un padre de familia sentenciado a muerte, salvándole la vida a costa de la de él.

    Cultura de vida
    En nuestra cultura se habla mucho de la vida, sin embargo al momento de hablar de ella, se habla de manera muy individualista e indiferente; se piensa en uno mismo antes que en el otro; también situaciones que conocemos donde la vida no tiene ningún valor y se le puede quitar a la otra persona por cualquier simpleza; u otros que no le ven sentido a la vida misma y prefieren ponerle fin.
    Pero no todo es tan pesimista, también hay muchas más situaciones, en la mayoría de los casos de manera anónima, que son signos de vida; pensemos en tantas familias que cada día luchan para ver crecer sus hijos y darles una educación profundamente humana; las acciones comunitarias a favor de la vecindad, el trabajo de la Iglesia, y tantas personas que de una manera u otra consagran su vida para trabajar por un mundo mejor.

    Pasar haciendo el bien
    Ante esta realidad planteada, tienes que cuestionarte: ¿Qué es la vida para mí? ¿Pienso solo en mí o pienso en el bien de los demás? ¿Soy fuente de vida para los demás? ¿A qué cosas en mi ser debo morir para dar nueva vida? Estas inquietudes deben llevarnos a plantearnos nuestro compromiso a favor de la vida. El evangelio dice: “Pasó sanando y haciendo el bien” ¿Y yo, como quiero pasar?
    Pero esta entrega no la podemos hacer solo nosotros mismos, necesitamos la gracia de Dios, por eso siempre debemos orar pidiendo su asistencia: “Dios, Padre de amor y misericordia, derrama tu gracia sobre mí, para que mi amor de entregar mi vida para los demás, sea perseverante hasta el final. Amén”. Podría ser esta nuestra oración.

    PREGUNTAS PARA TI
    A ti joven que lees estas líneas, te invito a que te preguntes: ¿Cuál es tu proyecto de vida? ¿Cómo quieres realizarla? En la realización de tu vida: ¿Tienes en cuenta el entregar tu vida por otros? O ¿Sólo estás tú en ese proyecto?

    UN PROYECTO MISIONERO
    Una manera concreta de realizar tu vida, dándote a los demás para que tengan vida, es asumiendo la misión compartida de los Misioneros del Sagrado Corazón, viviendo en comunidad y trabajando por un mejor mundo. Acércate a nosotros. ADH 821

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