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    Bicentenario de Misión para la vida

    Vida Consagrada | Hna. Altagracia Ortiz Mena, Religiosa de los Sagrados Corazones   


    Hermanas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María
    200 años de Misión para la vida 

    Bajo el lema “Arraigados y Cimentados en el Amor, salgamos a anunciar Dios tiene Corazón”, las Hermanas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María celebraron los 200 año de fundación, en cada uno de los países en donde están presentes. El bicentenario tuvo apertura el Jueves Santo del 2017, cada país preparó este hecho eclesial con los sacerdotes y feligreses de sus parroquias en un espíritu de acción de gracias y de esperanza, de renovación y en apertura para intuir los caminos de misión por los que el Espíritu del Señor Jesús invita a andar.


    Un acontecimiento en tierra Vendéen, Francia  
    De Derecho Diocesano, la Congregación fue fundada en 1818 por Pedro Monnereau (1787-1856), párroco de Brouzils (Vendée), sacerdote diocesano, apasionado de un Dios que ama a todos. Teniendo en cuenta las secuelas dejadas por la Revolución Francesa, le acompañaba el deseo de volver a tejer, a través de este Amor, los vínculos de sus feligreses.
    Los inicios de la Congregación están marcados por el sí de dos jovencitas y su maestra, Angélica Massé, las cuales son asociadas a los proyectos que habitan el corazón del Fundador, quien les comunica su fe viva, su amor al Corazón de Jesús, su pasión por la Palabra de Dios y la Eucaristía. Asimismo, las asocia con sus preocupaciones como pastor y educador y las hace conscientes de que las ha "dedicado al Corazón de Jesús, hagan en él su morada".


    Un corazón que arde para una misión de vida
    Prontamente, las Hermanas comienzan a responder a los llamados que reciben, asumiendo misiones en distintos lugares y diócesis de Francia. Años más tarde, los acontecimientos y las mociones del Espíritu las conducirán a tierra canadiense (1913), luego a tierra malgache, en Madagascar (1952). Unos años después, por petición del provincial de los Misioneros del Sagrado Corazón (MSC), padre Emiliano Tardif, llegan a tierra dominicana (1969), asentándose en el municipio de Castillo, Provincia Duarte. Otros países, como Congo (Brazzaville), la Reunión, serán incorporados a la misión del instituto luego de procesos de fusión con otras congregaciones, las cuales tenían dichos países como tierra de misión.


    Nacidas en una tierra, en una iglesia local, en el corazón de una parroquia donde están enraizadas, es para cada Hermana de la Congregación el lugar propicio donde quieren sembrar la Buena Nueva, revelar la bondad y la ternura de quien las ha amado primero. Esta misma convicción y pasión la comunican hoy por hoy a mujeres y hombres de todas las profesiones, quienes se vinculan al instituto religioso como Asociados. Éstos se vinculan a las Hermanas de los Sagrados Corazones en una corriente de esperanza y vida, animada por la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús, que hace que después de unos años de camino juntos, tejan lazos fraternos coloreados por el Amor extraído del Corazón de Jesús, contemplado en María, el cual se revela en la Palabra de Dios, que se vuelve más viva para cada Asociado, introduciéndolo en el proceso eucarístico de Jesús, y desde él descubren el sacramento que los nutre, los configura a Cristo, como testigos en medio de sus hermanos y hermanas.
    Allí donde nos encontramos, Hermanas y Asociados de los Sagrados Corazones, trabajamos por la humanización y la evangelización en un espíritu de amor, cercanía y solidaridad con las personas en los lugares donde están. Desde sus actividades, lugar donde cada Hermana y cada Asociado está llamado a vivir su ser y su misión, priorizan la educación, la salud y los servicios pastorales, haciendo vivo y actual el mensaje del Fundador, Pedro Monnereau, quien no cesa de remitirlos a la fuente del Corazón de Jesús, quien les dice «Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso". (Mateo, 11, 28).
    Celebrar la cercanía y fidelidad de Dios en el camino misionero para servir a la vida
    Celebrar 200 años de vida misionera supuso, para cada Hermana y Asociado en la Congregación un dar gracias y reconocer que Dios es Fiel, que es Aquel que ha llamado, que ha permanecido y continúa llevando la Congregación hoy.
    La invitación a celebrar nos dinamizó y nos provocó para vivir el bicentenario como un acontecimiento eclesial, que implicaba cada una de las parroquias donde la Congregación está presente. Buscamos los medios para permitir a cada fiel descubrir un poco más la Congregación, para identificar los testigos iniciales por medio de los cuales el Espíritu regaló esta gracia particular para la misión y la vida de la Iglesia: padre Pedro Monnereau, Angélica Massé, esta última le tocó llevar los inicios junto al Fundador y es reconocida como co-fundadora y primera superiora general.
    Asimismo, organizamos experiencias  que ayudasen a dar gracias entre todos, dentro de ellas cabe destacar retiros, triduos preparatorios, celebraciones eucarísticas en las distintas obras, encuentros juveniles, porque buscábamos reconocer entre todos y todas que Dios ha estado grande con nosotros y estamos, por tal razón, alegres (Salmo 125, 3).
    A la puerta de la clausura del bicentenario nos queda acoger los desafíos, sueños y proyectos los cuales él nos deparó; nos toca todavía en este hoy seguir construyendo la fidelidad a nuestros orígenes de manera creativa, que permita responder a los llamados de hoy según la realidad de aquí y ahora, reconociendo las riquezas inmersas en nuestras culturas. Que los Sagrados Corazones de Jesús y de María nos aseguren, a las Hermanas y a los Asociados, la disponibilidad de ser en y con la Iglesia en salida misión para la vida. Para todos los que pudimos encontrarnos, celebrar y agradecer por tanto bien recibido fue ocasión para ser testigo del amor con el que Dios, Padre de ternura y misericordia, nos trata.   ADH 827.

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