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    Cordial Sensibilidad

    Cápsulas para un vocabulario cordial | Manuel Soler Palà, msscc


      Cordial Sensibilidad

    Una preciada cualidad
    La sensibilidad es la capacidad de sentir o comprender mejor determinadas situaciones. Con ella se empatiza con el gozo o el dolor del prójimo. Una fina sensibilidad artística permite entender y apreciar obras de arte complejas. Una   vigorosa sensibilidad poética ayuda, sin duda, a elegir el vocablo más conveniente para crear el ambiente o el efecto que se pretende.
    Ser sensible equivale a estar atento a cuanto sucede alrededor, a mantener los ojos del alma abiertos. Entonces uno es capaz de percibir la belleza del entorno o el sufrimiento del vecino, o la necesidad de ayudar al transeúnte.
    Se dice que el pintor interpreta la realidad al pintar a su alrededor y que la máquina fotográfica recoge la realidad sin interpretar nada. No es verdad. La fotografía consiste en la realidad recogida por la cámara más el ángulo de visión del fotógrafo, es decir, más su sensibilidad.

    Sensibilidad, tacto e intuición
    Gozas de sensibilidad o empatía cuando percibes que tu discurso se alarga demasiado y el público empieza a impacientarse. Muestras sensibilidad cuando intuyes que tu amigo necesita una palabra de ánimo acompañada de una palmadita en la espalda. Y así en numerosas ocasiones. Cuando jamás sale de ti alguna de estas iniciativas da por sentado que ni la delicadeza ni la sensibilidad forman parte de tu patrimonio existencial.
    La inteligencia razona frente a las encrucijadas y las diversas situaciones que hemos de resolver. La sensibilidad intuye simplemente lo que es preciso hacer para salir del atolladero en que nos hemos metido o en el que yace nuestro prójimo.
    Hay situaciones en las que debes tener iniciativa sin que nadie te indique cómo ni cuándo poner manos a la obra. Porque a quien posee un poco de sensibilidad y finura no hay necesidad de señalarle las mil ocasiones en que debe actuar para bien de su hermano. 
    Cuando falta lo que podríamos llamar “tacto” las relaciones humanas se endurecen. Se echa de menos la intuición, la iniciativa, la sensibilidad para responder a cada una de las singulares circunstancias o necesidades humanas con las que nos cruzamos. 

    Falta de tacto y de oportunidad
    Cuando te encuentres frente al familiar de un difunto que siente de verdad la pérdida, no se te ocurra hilvanar argumentos ni recurrir a la palabrería. Una palmada en la espalda, un chocar de manos sincero es suficiente. Ahórrate las palabras en este momento. Demostrarás tener viva tu compasión, es decir que “padeces-con”.
    No vayas siempre detrás de los males o sufrimientos del prójimo para tratar de consolarlo. Si no careces de tacto comprenderás que en ocasiones es mejor dejar que la persona llore sola y no que alguien escarbe en su dolor. Ciertas palabras indelicadas acrecientan la incomodidad y, por tanto, están fuera de lugar.
    Quien carece de sensibilidad jamás podrá comprender las pasiones, los entusiasmos, los afectos del alma del prójimo. Es decir, desconocerá su profundidad. Y él mismo no ofrecerá sino una superficie plana a sus interlocutores. O una rutina insípida e insustancial.
    En ocasiones hay quien aparenta insensibilidad ante determinadas escenas o sufrimientos. Aunque parezca contradictorio, una tal actitud puede encubrir una extraordinaria sensibilidad. Se finge no comprender para no hurgar en el dolor de quien sufre y con ello aumentar su pena. 

    La sensibilidad gana la partida
    Cuando organizas tu día a día sueles hacerle más caso a tus sentimientos, emociones y afectos que a tu capacidad de razonar. Planeas visitar al amigo —por poner un ejemplo— con quien tienes más cosas tienes en común y no al que hace más tiempo que no ves.
    Yo nunca seré de piedra, lloraré cuando haga falta, gritaré cuando haga falta, reiré cuando haga falta, cantaré cuando haga falta (Rafael Albertí).
    No cualquiera es capaz de disfrutar leyendo una novela, escuchando una música o admirando el paisaje. Se requiere un fondo de sensibilidad para conectar con las distintas vertientes de la belleza. Aunque también es verdad, en parte, que el gusto por la belleza puede ir adquiriéndose a lo largo de los años.

    La virtud de la empatía
    No se trata de una ecuación matemática, pero sí contiene mucha verdad. El sufrimiento te hace más sensible al dolor de los demás. Quien nunca ha sufrido está incapacitado para ponerse en la piel de quien padece. Quien ha experimentado el dolor empatiza con mayor facilidad con el compañero que lo sufre.
    Se comprende que los niños mimados y sobreprotegidos se comporten de modo egoísta. Para ellos no existe el sufrimiento ni la contradicción. Mal puede compadecer al prójimo que sufre quien siquiera lo ve.     

    Sensibilidad y humanidad
    Decía Mahatma Gandhi que un país, una civilización, se puede juzgar por la forma en que trata sus animales. Puede que exagerara un poco, porque también se puede pecar por tratar a las personas peor que a las mascotas. Ellas discuten menos y no se oponen a los deseos de su dueño. La frase de Gandhi hay que matizarla, pero es cierto que una persona sensible no maltrata a los animales. Quien los martiriza sin causa no merece una buena opinión.
    Es simplemente obsceno escuchar los secretos íntimos de alguien que se acerca a ti —esperando confianza y comprensión— y luego comunicarlos a otros fuera de contexto y quizás con intenciones burlescas.
    La prudencia, el honor, el deber, la obligación. Siempre estás esgrimiendo estas palabras. Forman parte del vocabulario humano, pero no olvides las expresiones salidas de la fuente sensible que es el corazón. 
    “Si las lágrimas son efecto de la sensibilidad del corazón, ¡desdichado de aquel que no es capaz de derramarlas!” (Gaspar Melchor de Jovellanos)
    La sensibilidad nos hace flexibles y nos dispone a dar la mano al vecino necesitado. Pero, por favor, no confundir esta actitud con la transigencia en los principios éticos. El fin no justifica los medios.
    Cuando uno está atento a su alrededor, cuando vive con los ojos bien abiertos, favorece el cultivo de la sensibilidad. En buena parte ser sensible equivale a percibir cuanto sucede en torno. Y particularmente cuanto sucede en relación con la belleza. 

    Humor y empatía
    En el fondo el humor no es sino la capacidad de conectar y simpatizar con el prójimo. Si el resultado es un humor irónico o corrosivo, señal que tu sensibilidad está conformada por los mismos rasgos. Has acertado al hurgar en la herida. Si el resultado final tiene que ver con la ternura y la benevolencia entonces tu sensibilidad es tierna y benevolente.
    La vida ofrece numerosas oportunidades para el humor y la sonrisa. Sonreír da ligereza, oxigena el cerebro y la convivencia. Para relajar los músculos del rostro y esbozar una sonrisa sólo necesitas abonar un poco el terreno, es decir, no creerte demasiado importante y despertar tu sensibilidad dormida. ADH 825

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