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    Formación humana, integral y religiosa

    No es lo mismo ni es igual | Pablo Mella, sj


      Formación humana, integral y religiosa: ¿cuál antropología?
    Un nuevo año escolar comienza y muchos temas educativos quedan pendientes de esclarecimiento. El Gobierno dominicano nos habla de una «revolución educativa» en una «República Digital». Yo prefiero hablar, desde lo que experimento en mis prácticas educativas, de una «educación análoga». La analogía, una categoría central en filosofía tomista, implica asumir que ninguna realidad es perfecta; que todas las cosas están llamadas a crecer hacia su plenitud, pero que esa plenitud no se alcanza mientras vivamos sobre la tierra. Dicho de otra forma: la analogía nos lleva a asumir que ningún ser del mundo tiene el poder de alcanzar la propia perfección por sus propias fuerzas. Quien piensa de manera análoga cuenta con las imperfecciones de todo lo creado y sabe acoger con agradecimiento los dones del resto de la creación que valora como complemento, no como amenaza o competencia.

    A diferencia de lo digital, lo análogo toma en cuenta todas las dimensiones de la realidad, con sus claroscuros. La imagen de una realidad vivida en profundidad nunca se presenta con perfecta nitidez; pero justo por eso es real, porque es «de carne». Por ejemplo, la pérdida de un ser querido se vive siempre de esta manera, en un claroscuro afectivo. Ninguna computadora del mundo podrá procesar el significado profundo de esta pérdida. De hecho, lo digital se crea por la conversión de la información de la realidad a números binarios con vistas a su control tecnológico.

    Lo digital produce una realidad virtual y lo virtual produce sentimientos de omnipotencia, es decir, de que todo se puede y que uno es el jefe de todo. Sentimientos de omnipotencia experimentan los niños (y adultos que se comportan como niños) en los videojuegos, cuando saltan de un mundo virtual a otro mientras asesinan sin piedad a enemigos letales que en verdad no pueden hacerles daño. Ciertamente, lo digital es útil para muchas cosas prácticas; pero no tiene entre sus poderes el hacernos personas completas y ciudadanos justos y transparentes. Por ejemplo, lo digital se presta a la noticia falsa y al manejo corrupto de fondos internacionales. También está sirviendo para el control casi absoluto de toda la población a través de los teléfonos inteligentes y la internet. Lo digital nunca podrá ahorrarnos nuestro ser moral, propio de seres libres. En la vida siempre tendremos que discernir y tomar decisiones, y lo digital (en la llamada web 4.0) amenaza directamente esta capacidad humana.
    Entiendo que el mundo educativo es análogo y, como tal, el único realmente existente. Por esta razón, la praxis educativa está siempre atravesada de claroscuros y de aproximaciones. Esto explica por qué la praxis educativa es esencialmente moral. Se delibera y discierne sobre lo que no está decidido. Los aparatos electrónicos son medios para ello, no fines en sí mismo.

    En el mundo análogo de la educación, esencialmente moral, ocupa un lugar muy importante el tema de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas como parte del currículo. Esto implica también el tema de la educación sexual, que dejaremos para otro momento. En este artículo nos centraremos en la enseñanza específicamente religiosa, es decir, en el acompañamiento de la fe en Dios o en el cultivo de una creencia a partir de la cual se busca el sentido de toda la existencia.

    1.     La reforma curricular por competencias en curso
    Desde hace cinco años los actores de la educación dominicana estamos enfrascados en una auténtica reforma curricular. Aunque los documentos oficiales emanados del Ministerio de Educación hablan de que se ha hecho una revisión curricular, en realidad se está llevando a cabo una reforma curricular. La adopción del llamado enfoque de competencias (que responde a la agenda de interés de grandes fuerzas internacionales, como la Organización Mundial del Comercio, OMC y el Banco Mundial) implica, en teoría, un cambio estructural en el desarrollo de la actividad educativa. Otra cosa, naturalmente, son las prácticas cotidianas. Por ejemplo, se dice que se cultiva el pensamiento crítico y se elimina o se esquina la enseñanza de la filosofía en nombre de la tecnología, sobre todo informática. Estaríamos pendientes de saber si la manera en que se lleva a cabo la formación humana, integral y religiosa ha cambiado significativamente en estos años gracias al cambio de enfoque curricular.

    En este artículo, sin embargo, nos ocupamos tan solo de reflexionar acerca de los presupuestos antropológicos de la formación religiosa, algo que no trabaja adecuadamente el enfoque de competencias, que busca formar sujetos «flexibles», funcionales al sistema neoliberal global. En todos los programas estandarizados de competencias las personas aparecen descritas como individuos que saben movilizar los conocimientos y comportarse sin crear problemas, dispuestos a integrar constantemente nuevos conocimientos, dejando los que resultan inservibles detrás. Si existe hoy un enfoque educativo que aniquila cualquier tradición y la capacidad de reacción de los grupos oprimidos, ese es el enfoque de competencias. El nuevo principio sagrado radica en la constante actualización de los conocimientos, especialmente los que hacen crecer la economía.

    Queremos proponer una reflexión antropológica para la formación humana y religiosa. Nos inspiramos en la última exhortación apostólica del papa Francisco, Gaudete et Exsultate, fechada el 19 de marzo de 2018.

    2.     Dos extremos a evitar: el gnosticismo y el pelagianismo
    La exhortación apostólica Gaudete et Exsultate es una invitación a vivir la santidad en el día a día. El Papa se esfuerza en describir una idea de la santidad asequible a todos los cristianos. La santidad no es solo la heroica, la martirial; tampoco la que se asemeje a una especie de existencia angelical. Hay una santidad que se logra con la sencilla fidelidad cotidiana. Una formación religiosa integral debería tener en su horizonte esta propuesta de santidad que podríamos llamar «democrática».

    En la búsqueda de encontrarse con Dios en el día a día se puede caer en extremos. La idea que tenemos de la relación con Dios puede corresponder a modelos exagerados que, paradójicamente, se originan en el deseo sincero de ser fieles a Dios. Casi todo el mundo ha sido testigo de la conversión repentina de personas cercanas o conocidas que comienzan a comportarse de manera dramática. Por ejemplo, comienzan a condenar como pecadores a los que les rodean. Así, cuando a un recién convertido de este estilo se le sugiere que no está en nuestro poder condenar a nadie, el consejo le entrará por una oreja y le saldrá por la otra.

    En Gaudete et Exsultate el Papa aconseja evitar dos extremos, a los cuales llama «gnosticismo actual» (o «neo-gnosticismo») y «pelagianismo actual» (o «neo-pelagianismo»). Los nombres los toma de dos herejías que amenazaron la vida cristiana en los primeros siglos de su existencia. Para el Papa estas concepciones de vida son inaceptables por dos razones: primero, porque hacen depender la salvación de las propias fuerzas; segundo, porque generan una actitud hacia los demás de condena y control. El resultado final es un «narcisismo elitista». ¿Qué significa esto? Que la persona que adopta estas posiciones vive más pendiente de la propia imagen (narcisismo) y una vez se enamora de sí mismo, acaba considerando a los demás como chusma (elitismo).

    La definición del «gnosticismo actual» ya fue dada en la primera exhortación apostólica del Papa, Evangelii Gaudium. Se trata de «una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos» (EG, n. 94; GE, n. 36). El gnóstico actual cree que sabe todo acerca de Dios y que aquello que le produce satisfacción psicológica es signo de la gracia divina. Por esta vía acaba negando todo lo que es conflicto y dureza en la vida. En definitiva, el gnóstico actual niega que el Cristo haya venido en la carne. La consecuencia es que se crea una imagen de Dios sin misterio y una concepción de la razón todopoderosa.

    El «pelagianismo actual» es presentado por el Papa como una reacción y continuación del gnosticismo actual. En el lugar del conocimiento, la voluntad personal es lo que salva. El pelagianismo sostiene que nuestra perfección depende de nuestro esfuerzo personal, no de lo que la misericordia de Dios obra en nosotros gratuitamente. Los pelagianos actuales «en el fondo solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico» (EG, n. 94; GE, n. 49). Como consecuencia, se tiende a olvidar que no somos seres limitados y que nuestra existencia está atravesada de dolores. El pelagiano olvida que siempre estamos llamados a crecer, acogiendo la ayuda de los demás y los dones de todo lo creado.

    Breve reflexión final
    Habría que preguntarse cuando se enseña religión o formación humana en la escuela si no se cae en estos extremos denunciados por el Papa. Quien cree que todo lo puede lograr a través de un esclarecimiento de la inteligencia, se olvida de tantas cosas bellas que existen en el mundo y tiende a despreciarlas. Creyéndose un ser angélico, acaba convirtiéndose en un auténtico humano alienado.

    Por su parte, quien cree que todo lo puede alcanzar por sus propias fuerzas, tiende a convertirse en un ser dominante y agresivo. En el camino, se torna incapaz de agradecer lo que el resto del universo le regala. Este tipo de ser voluntarista es el que promueve muchas veces la sociedad moderna capitalista, el llamado self made man (el hombre que se hace a sí mismo). En el caso de la religión, son pelagianos quienes se creen capaces de «mantenerse totalmente puros».

    Una formación humana integral, que se ocupe también de la religión cristiana, deberá cultivar un equilibrado sentido teológico del universo como Creación divina. En esta perspectiva teológica, «todo es bueno», pero todo debe colaborar a que el equilibro del cosmos sea respetado, comenzando por el trato entre los seres humanos. En este sentido, militar contra la denigración o exclusión de determinados colectivos humanos constituye una auténtica tarea creativa. Por el contrario, quien vive en una realidad virtual creada por su inteligencia y su voluntad abandona la realidad real, la realidad análoga, que nos invita a crecer en todo momento integrando todo el cosmos con sus luces y sus sombras. ADH 826





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