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    Llevar una corona de espinas

    Para vivir mejor | Dra. Miguelina Justo


    Llevar una corona de espinas

    El 15 de abril de 2019, el mundo se sobrecogía ante la noticia de que catedral de Nuestra Señora de Paris estaba siendo devorada por un incendio. El icónico templo, mejor conocido como de Notre Dame, albergaba importantes obras de arte y valiosísimas piezas religiosas, entre ellas, lo que se alega fuera parte de la corona de espinas que le impusieran a Jesús durante su pasión. La venerable reliquia fue rescatada del siniestro por Jean-Marc Fournier, el capellán del Departamento de Bomberos de Paris, un acontecimiento que llevaría algo de alegría a la ciudad aún horrorizada (El Día, 2019). 

    De acuerdo con Thurston, H. (1908), en el 1238, Balduino II, el emperador de Constantinopla, ofreció la corona de espinas al rey de Francia, Luis IX, quien la llevara a Paris un año más tarde.  A lo largo de los siglos, otras partes de la corona de espinas han sido identificadas y reposan en lugares santos alrededor del mundo. En este sentido, el autor asegura que De Mély (1904) pudo listar, al menos, 700 de estas reliquias, y reconoce, pues, que sería imposible asegurar que todas fueran genuinas. Más allá del debate que pudiera generar su autenticidad, el simbolismo que encierra la corona de espinas puede resultar fascinante, como en otrora fuera el objeto mismo para el rey galo.

    El simbolismo se concibe y se gesta en los relatos bíblicos que la mencionan. Mateo relata que los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y luego de despojarlo de sus vestiduras, le cubrieron con un manto púrpura y le pusieron en la cabeza una corona de espinas que habían trenzado. En la mano, le colocaron una caña, a modo de cetro. Se inclinaron delante de él, al tiempo que se burlaban gritándole: “¡Salve, Rey de los judíos!”.  Le escupieron, tomaron la caña y con ella le golpearon la cabeza. Mateo agrega que después de que se burlaron, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle (27, 27-31).  El relato de Marcos contiene los mismos elementos, la burla y el maltrato físico (15, 17). Juan, en cambio, ubica esta vejación en medio del juicio. Los soldados se burlan de Jesús coronándole con espinas, y cubriéndole con un manto púrpura. Con este disfraz humillante es exhibido por Pilato, cuando lo mandó a sacar fuera para mostrar que no encontraba en él ningún delito.
    Los soldados romanos infringieron dolor físico a Jesús, y, además, buscaban lastimarlo emocionalmente, así se trata a quien se cree rey sin serlo. La corona de espinas es, pues, un símbolo de este ultraje psicológico. Bajo los estándares actuales, estos hombres parecen haber tratado a Jesús como un “desequilibrado”, alguien sin derechos. Solo un “demente” podría proclamarse rey, era solo el hijo de un carpintero, un adivinador enloquecido. Jesús fue tratado como miles, como millones de enfermos mentales han sido tratados a lo largo de la historia. Es así como, desde esta perspectiva se pueda entender la afirmación de santa Teresa de Calcuta: “La enfermedad mental está representada en la corona de espinas de Jesús” (Duff, 2017).

    Cada una de las espinas que conforman la corona de la enfermedad mental atraviesa lo más íntimo de la persona, pudiendo afectar su capacidad de relacionarse consigo mismo y con quienes le rodean. El sufrimiento puede ser enorme. El camino al Gólgota es largo, pesa la cruz, lastiman las espinas…

    Concepciones infundadas le culpabilizan de su dolencia, impidiendo la construcción de una visión adecuada de corresponsabilidad. Lo ideal sería que la sociedad, el estado, la iglesia, la familia, trabajen juntos para apoyar al enfermo, no desde la conmiseración, sino desde la comprensión y el respeto.
    Es penoso que aún hoy muchas personas que luchan con alguna enfermedad mental consideren que el ocultar su diagnóstico es una estrategia válida y necesaria para evitar ser objetos de discriminación, dificultando esto la necesaria búsqueda de ayuda (Mendoza, Masuda, & Swartout, 2015). Es vergonzoso que se utilicen nombres de desórdenes mentales con la intención de insultar o denigrar, como el hombre que le grita a su pareja en medio de una discusión: “¡Eres una bipolar!”, como si serlo fuera en sí deshonroso. Resulta preocupante, así también, que la enfermedad mental siga siendo asociada al comportamiento violento, al peligro que excusa el alejamiento, asociación inexacta (Quintero & Riles, 2018). 

    Los cristianos consideran que, en su pasión, Jesús cargó con todo el sufrimiento del mundo. En sus llagas, el dolor de todos los cuerpos y, ahora se pude reconocer que, en las heridas provocadas por la corona de espinas en su cabeza, el tormento de todas las enfermedades mentales. Tal como lo hiciera San Benito José Labre, patrono de los enfermos mentales, contemplemos la corona de espinas, la encontraremos en la persona que vive y sobrevive con depresión, ansiedad o esquizofrenia. Esta contemplación nos ayudará a reconocer en cada una de estos seres humanos a un Cristo aún crucificado.  

    Referencias
    AP (2019, 04, 17). El Día, El heroico cura bombero que recuperó la corona de Jesús. Recuperado de https://www.eldia.com/nota/2019-4-17-1-50-3-el-heroico-cura-bombero-que-rescato-la-corona-de-jesus-el-mundo.
    Duff, T.  (17 de mayo de 2017).  Our Lord's Crown of Thorns & Mental Illness. [Mensaje en un blog] Guild of Saint Benedict Joseph Labre. Recuperado de https://guildbjlabre.org/Resources/Blog/articleType/ArticleView/articleId/62346/Our-Lords-Crown-of-Thorns-Mental-Illness.
    Mendoza, H., Masuda, A. & Swartout, K.M. Mental Health Stigma and Self-Concealment as Predictors of Help-Seeking Attitudes among Latina/o College Students in the United States. Int J Adv Counselling 37, 207–222 (2015) doi:10.1007/s10447-015-9237-4
    Quintero Johnson, J. M., & Riles, J. (2018). “He acted like a crazy person”: Exploring the influence of college students’ recall of stereotypic media representations of mental illness. Psychology of Popular Media Culture, 7(2), 146–163
    Thurston, H. (1908). Crown of Thorns In The Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton Company. Recuperado de New Advent: http://www.newadvent.org/cathen/04540b.htm
    Adh 842

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