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    martes, 6 de octubre de 2020

    Las Remesas 2020: obra vez el pueblo salva al pueblo

    No es lo mismo ni es igual | Pablo Mella, sj/Instituto Superior Bonó



    Las Remesas 2020: obra vez el pueblo salva al pueblo

    El 17 de septiembre anunciaba el nuevo gobierno dominicano del PRM que se había logrado una operación sin igual en la historia dominicana: las nuevas autoridades habían conseguido colocar en el mercado internacional de valores la suma de 3,200 millones de dólares en bonos soberanos. La oficina de prensa del Ministerio de Hacienda comunicó el hecho como una hazaña, estrenando los bombos y platillos de las estrategias comunicativas de quienes dan sus primeros pasos en el manejo del Estado dominicano.

    No deja de ser curioso que hace unos meses el partido hoy en el poder no se cansaba de denunciar que la política de endeudamiento del anterior gobierno era insostenible. En su página web (https://lavozdelprm.org/prm-critica-endeudamiento/) se puede aún leer una nota fechada el 16 de julio de 2018: «La insostenibilidad de la deuda soberana conducirá al país a una dolorosa reestructuración, que para abordar el problema demandará fuertes medidas restrictivas, siendo los pobres y los de clase media los más perjudicados. El sacrificio será para beneficiar a los acreedores extranjeros». Un lego en economía como quien escribe estas líneas se pregunta qué habrá cambiado desde entonces que lo que era denunciado como una irresponsabilidad histórica se haya convertido de repente en una hazaña de todos los tiempos, como los jonrones de Albert Pujols sobrepasando a Willie Mays. Desde la oposición, el PRM explicaba que, en lugar de más endeudamientos para financiar gastos corrientes, había que rebajar considerablemente la relación entre deuda y el PIB, y que era necesario usar los fondos públicos para resolver los problemas sociales. Como consecuencia de estos análisis comunicaba sin ambages lo siguiente: «El PRM reiteró que se opondrá a todo intento de nuevos endeudamientos públicos». En buena lógica, la expresión «todo intento» no admite excepciones.

    Uso de los recursos

    Concedamos sin embargo que el COVID era impensable entonces. Preguntémonos ahora para qué se va a usar este dinero. Los voceros del Ministerio de Hacienda nos informan que estos recursos serán utilizados a cubrir las deudas asumidas por el gobierno para 2020. Entre estos compromisos destacan los programas especiales de ayuda social implementados como respuesta a la pandemia de la Covid-19: Quédate en Casa, FASE y Pa’ Ti. Igualmente, se nos ha informado que servirán para cubrir los gastos extraordinarios en salud productos de la pandemia. Es decir, este gran logro histórico es para tapar los huecos deficitarios, no para invertir en nada nuevo ni en inversiones de capital.

    Lo criticable de este gasto no es el modo en que se ha pensado, sino que se haga una propaganda irresponsable de que es una gran cosa, una especie de milagro histórico fruto del nuevo gobierno. En realidad, hasta podría contra argumentarse que si el país tiene esa buena reputación internacional en economía no es por el cambio de gobierno sino por el record acumulado de los últimos años. ¿Será que una vez más los discursos del poder nos venden gato por liebre? Lo preocupante es que esta noticia tapa lo más grave de la nueva dinámica económica. El dinamismo de lo nuevo en la economía dominicana se está poniendo en otra canasta de huevos: las llamadas alianzas público-privadas de las que nos ocuparemos en nuestro artículo del mes entrante.

    Quisiéramos en esta ocasión devolverle el protagonismo a un héroe anónimo que ha respondido de manera más efectiva y mucho más cuantiosa a la crisis. Ese protagonista es el pueblo dominicano, nuestra gente sencilla, concretamente en las personas de quienes han migrado en busca de mejor suerte: nuestra diáspora dominicana. Como veremos, las remesas de nuestra gente sencilla han sido claves para enfrentar la pandemia y mantener a flote la vida de los dominicanos.

    Comportamiento de las remesas en 2020 como un signo

    Comencemos por la definición. Para el diccionario de la lengua, una remesa es, sencillamente, el envío que se hace de una cosa de una parte a otra parte. Pero el uso social ha convertido y precisado el término. Normalmente hoy entendemos por remesas a las sumas de dinero que los emigrantes envían a sus países natales, regularmente a sus familiares, con el objetivo de ayudar en sus necesidades básicas y mejorar su calidad de vida.

    A diferencia de los gastos burocráticos del Estado, que una buena parte se va en la misma burocracia, las remesas llegan directamente a las personas y cubren las necesidades fundamentales. Como se puede apreciar en la tabla 1, con relación a 2019, las remesas de dominicanos de nuestra diáspora crecieron en un 7.3% de enero a agosto. En términos absolutos, crecieron 364 millones de dólares.

    Fuente: Banco Central


    Si se compara esta suma con la cacareada por los nuevos responsables del Ministerio de Hacienda, podemos calcular que el aporte de la gente sencilla emigrante a la gente sencilla no emigrante duplicará al final del año la suma negociada. Y como puede inferirse del comportamiento de las transferencias, esas ayudas serán dirigidas a paliar las consecuencias de la pandemia de Covid-19.

    Los meses en que todo se trancó el volumen de las remesas decreción (marzo y abril). Pero una vez los caminos se aclararon, el compromiso resiliente de nuestra gente sencilla, lo que verdaderamente “salva al pueblo”, hizo que repuntara de manera sorprendente y significativa. El tope se alcanzó el mes de julio. Lo más seguro fue que se transfirió el dinero que se pensaba usar en las visitas de verano y que no se pudo usar por las restricciones en los viajes internacionales.

    El pueblo salva al pueblo

    Ciertamente, esta comparación necesitaría de muchas precisiones. Igualmente, debe reconocerse que una cosa no quita la otra y que ambos fenómenos financieros apuntan a dinámicas de la economía diferentes. Pero vale la pena hacer justicia y cacarear también los grandes aportes que hace la gente del pueblo para mejorar la calidad de vida de los más sencillos de nuestra sociedad. Esta labor no es normalmente reconocida por los discursos económicas oficiales. En un arranque de romanticismo revolucionario, me encantaría decir a boca llena que otra vez “el pueblo salva al pueblo”. Ojalá que tengamos economistas nuevos que ayuden a pensar la economía de manera más inclusiva y orientada directamente a empoderar y reconocer todo lo que hace nuestra gente más sencilla. ADH 849

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