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    jueves, 14 de enero de 2021

    El viaje a Ítaca

    Para Vivir Mejor | Dra. Miguelina Justo

     



    El viaje a Ítaca

     

    La Odisea, una de las obras cumbres de la literatura universal, narra el regreso a casa de Odiseo, también conocido como Ulises, después de la guerra de Troya.  Constantino Cavafis (1863-1933), poeta griego nacido en Egipto, se inspira en este viaje para escribir un poema que llamará Ítaca, nombre de la pequeña isla donde la esposa y del hijo del guerrero le aguardan.

      

    Cavafis se dirige en el poema al Ulises que habita el corazón de cada persona.  Le habla a todo ser humano que desea regresar a casa, a ese lugar donde espera encontrar descanso y sosiego, luego de tantas luchas y muertes.  Hay prisa por llegar, sin embargo, el poeta alienta al viajero a detenerse y entretenerse en el camino.  Le anima a disfrutar de las mañanas calurosas, del ámbar y el ébano que hallará en los mercados de Fenicia.   Quien camina hablará y aprenderá de los que saben.  Irá sin miedo, porque en su interior no habitarán los monstruos ni los dioses coléricos.

     

    A este ritmo es imposible descubrir nácar y coral, no hay espacio para el encuentro, a menos que sea un eslabón hacia el objetivo, porque el otro es un medio

     

    En este mundo de prisas y propósitos, de viajes de huidas y reencuentros, ¿cuáles son las Ítacas?, ¿hacia dónde se avanza?, ¿por qué el apuro por llegar?  Las metas se han enaltecido y el apremio alabado, porque se cree que solo es posible la plena realización en el logro:  cuando termine la universidad, cuando me case, cuando trabaje, cuando reciba un aumento, cuando tenga un hijo… miles de Ítacas se presentan como tierras prometidas.  El trayecto hacia ellas parece no ser justamente valorado.  Se esfuma a cada paso la existencia, en una trágica paradoja donde la vida parece ser es algo que sucede después.

     

    Al inicio de cada vuelta al sol, nuevas metas son escritas en el papel o en las aplicaciones de planificación personal.  Las redes sociales ofrecen las claves para alcanzar todo lo soñado.  Nuevos viajes se emprenden, impulsados por la promesa del bienestar.  Mientras más rápido se llegue, mejor será: horas extras, insomnio, bocinas, embotellamientos, prisa, angustia.  El premio está al final, donde se encuentran fijos los ojos.  A este ritmo es imposible descubrir nácar y coral, no hay espacio para el encuentro, a menos que sea un eslabón hacia el objetivo, porque el otro es un medio.  No hay espacio para la contemplación y el disfrute de lo inútilmente bello.  La salud es sacrificada, junto con las relaciones. La vida pasa, el viaje sigue.  ¿Cuáles son las Ítacas?, ¿cuáles caminos llevan a su encuentro?, ¿dónde fija la mirada quien la busca?

     

    Cavafis le advierte al viajero que, al llegar a Ítaca, podría parecerle pobre, nada más lejos de la realidad.  La isla le ha regalado la razón para emprender el viaje, y este le ha hecho sabio, tan sabio que podrá entonces comprender qué significan las Ítacas.  Desde esta perspectiva, el Ulises que nos habita podrá descubrir las piedras preciosas se esconden en los abrazos, en las puestas de sol, esos tesoros que habitan las canciones y el silencio, aún en medio del esfuerzo y el trabajo. ADH 852.

     

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