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    viernes, 1 de enero de 2021

    Ser hermanos de todos

    En Familia | Zahira Maxwell

     


    Ser hermanos de todos y ver en todos a un hermano

     

    Leer la carta encíclica Fratelli Tutti del Santo Padre Francisco sobre la fraternidad y la amistad social me hizo reflexionar sobre este nuevo año 2021 que recién inicia. Como especialista en neuromarketing he estudiado los estímulos que prevalecen sobre las tomas de decisiones en el ser humano. El estímulo de mayor influencia que se ha comprobado es el miedo.

     

    El miedo es utilizado en campañas de ventas creando un sentido de urgencia. “Sólo por hoy” “Válido hasta agotar existencia”, las cuentas regresivas… Estas técnicas de cierre de ventas permiten crear en el consumidor la urgencia en la toma de decisión. Algo similar ha sucedido con las relaciones interpersonales y el tema de la pandemia. El miedo nos ha llevado a dos extremos: nos hemos alejado de la familia o nos hemos acercado más.

     

    El temor a contagiarnos y contagiar el virus nos separa, nos aísla. En ocasiones no sabemos cómo saludar. Personalmente, he tomado la opción del saludo oriental, con una ligera inclinación de cabeza mostrando respeto. Pero, si me ofrecen el codo o el puño correspondo al saludo. Ahora bien, extraño los abrazos, extraño los apretones de mano, Ver la sonrisa del rostro que tengo al frente. Ahora, caminamos por las calles sin reconocer a los que cruzan a nuestro lado.

     

    Comparto un fragmento de la encíclica que dice:

     

    32. Es verdad que una tragedia global como la pandemia de Covid-19 despertó durante un tiempo la conciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos. Recordamos que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos. Por eso dije que «la tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. […] Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa bendita pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos» [31].

     

    Ser una comunidad mundial ha sido una utopía. Desde Simón Bolívar que quiso formar la gran Colombia, hasta los tratados de libre comercio que han realizado el intento de unirnos económicamente. Todo para hacer del mundo una aldea global.

     

    Sin embargo, la globalización debemos iniciarla con los más cercanos. Las migraciones afectan a muchas naciones. Nosotros siendo un país en vías de desarrollo, una media isla, tenemos un alto índice de migración. Los inmigrantes que llegan a nuestro país pueden ser rechazados (como sucede con los hermanos haitianos) o pueden ser muy bien acogidos (como sucede con la comunidad venezolana). Sin embargo, son tratados como extranjeros. Son forasteros. Lo mismo sucede cuando nosotros, los dominicanos, vamos a vivir a otro país. Nunca un extranjero tendrá los privilegios que tiene un ciudadano.

     

    Salvar la convivencia

     

    La convivencia en familia es la base de la convivencia en la sociedad. Aceptar en el núcleo familiar a los más pequeños y respetar a los mayores nos lleva a formar una sociedad con valores sólidos. Existe una frase que me gusta mucho: “el pueblo que no conoce su historia está destinado a repetirla” atribuida a Napoleón Bonaparte, otro personaje histórico que quiso unir toda Europa.

     

    ¿Qué pasa cuando no conocemos la historia? Si hubiésemos recordado la pandemia de la gripe española quizás se hubiese tomado medidas más eficaces. Actualmente los jóvenes en su mayoría están adormecidos. Viendo series en TV por paga o aplicaciones. Jugando videojuegos, entre otras. Se evaden de la realidad que viven para sobrevivir. Los envejecientes no son escuchados, nadie quiere oír los cuentos e historias repetidas.

     

    Recuerdo cuando mi bisabuela vivía. Fafa, como le decíamos cariñosamente, me contaba de las tradiciones de los ingleses en Samaná. Fue ella quien me contó que en Samaná hubo dos fuegos que devoraron todo lo que existía. El primer fuego se llevó las oficinas de registros, por eso no se conocía la fecha exacta de su nacimiento. El segundo fuego se cree que fue obra del tirano Rafael Leonidas Trujillo. Este hecho no lo he encontrado en ningún libro de historia. Tampoco estará en los libros de historia los cuentos de las cosas extrañas que sucedían en mi pueblo natal Sánchez. Historias similares a la de “Crónica de una muerte anunciada”.

     

    Ahora no tenemos tiempo de escuchar a los mayores, tampoco queremos invertir tiempo en los más pequeños. Los adultos, adultos jóvenes y adolescentes sólo quieren tener tiempo para sus actividades.

     

    Quiero compartir otro segmento de la encíclica:

     

    48. El sentarse a escuchar a otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo. Pero «el mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo. […] A veces la velocidad del mundo moderno, lo frenético nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. Y cuando está a la mitad de su diálogo, ya lo interrumpimos y le queremos contestar cuando todavía no terminó de decir. No hay que perder la capacidad de escucha».

     

    Escuchar nos permite conectar. En mi profesión debemos desarrollar la capacidad de escuchar. Escuchar con atención lo que el cliente necesita, lo que el mercado nos pide, me permite desarrollar los productos y servicios que pueden satisfacer esa necesidad.

     

    Lo mismo sucede cuando aplicamos la escucha activa con las personas que nos rodean. Nuestra familia, compañeros de trabajo, empleadores, empleados, clientes y otros. Escuchar a los demás nos permite comprenderlos mejor. Pero escuchar no es oír lo que dicen es entender lo que están diciendo. Si estamos pendientes a interrumpirlos, si nuestra mente posee una respuesta a la pregunta que no terminan de formular, entonces no estamos escuchando.

     

    2021: Vivir la fraternidad

     

    Vivir en familia el amor fraternal es un gran reto en este tiempo de COVID 19, sin abrazos, sin besos, con distanciamiento y precaución. Todo esto hace difícil mantenernos cercanos. Sin embargo, podemos hacer de la tecnología nuestro mejor aliado, y mantenernos unidos en la fe, la esperanza y el amor. Confiando que el 2021 volveremos a abrazarnos sin temor a un contagio. ADH 852

     

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