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    domingo, 7 de marzo de 2021

    La mujer en la sociedad dominicana


    Actualidad | Amigo del Hogar




    Realidades de la mujer en República Dominicana

    en la Carta Pastoral de la CED


    En la Carta Pastoral La Mujer en la Sociedad Dominicana (21 de enero 2017), la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) pone su “mirada en un tema crucial, en una realidad vital para nuestro país: la mujer en la sociedad. La primera parte de la Carta presenta las realidades de la mujer en República Dominicana. ¿Qué ha cambiado 4 años después? ¿Cuáles son los retos para la realidad de la mujer hoy? Señalamos a continuación aspectos centrales de la reflexión episcopal.


    1. Realidad familiar y laboral. La mujer dominicana es casi la mitad de la población nacional: 50.2% es masculina, y el 49.8% es femenina. El deterioro familiar ha incrementado el liderazgo exclusivamente femenino en los hogares. Nuestro país, en el marco latinoamericano y caribeño, posee uno de los más altos niveles en disolución marital. El concepto “hombre proveedor” desvanece. Ella asume tareas de proveer y cuidar, realidad que exige trabajos informales para garantizar flexibilidad de horario; las estadísticas muestran mejorías en las viviendas que estas mujeres lideran. El Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) reconoce el trabajo doméstico, no remunerado, como productivo. Pero no lo registra en el sistema como aporte económico, como sucede en otros países. El 96.5% de estas labores son realizadas por mujeres.


    2. Realidad de participación social. Es de alabar el hecho de que la mujer dominicana cada vez más se preocupa por su propia formación y desarrollo, con una participación más activa y de incidencia en la vida social y política de la nación. Con su capacitación profesional, como lo testimonian las matrículas y graduaciones universitarias (62.8% mujeres, 37.2% hombres) ella va ocupando puestos en las diversas esferas laborales que le auguran un mejor porvenir para sí misma y su familia. Es deseable que sus esfuerzos y sacrificios sean bien valorados.

    Como nota muy positiva debemos destacar la labor que en nuestra sociedad realizan muchas mujeres en todas las áreas profesionales.  Con su trabajo, disciplina y pensamiento, aportan eficazmente al desarrollo dominicano. Varias figuras femeninas descuellan en la promoción de valores humanos y cívicos, enalteciendo el ejercicio y la ética profesional.


    3. Realidad de su inclusión en la política. Es importante destacar que también en el campo de la política se está tomando conciencia del aporte que la mujer, con su especial sensibilidad humana, puede dar a la sociedad. Así lo muestran los datos de la recién pasada contienda electoral del 2016. El 44.32% de las candidaturas para todos los cargos fueron mujeres, y el 55.68% hombres. Sin embargo, se destaca la ascensión femenina a puestos de segunda autoridad o suplencia como vicepresidentes, vicealcaldesas, subdirectoras, suplente de regidor, etc... La participación actual de la mujer en los gobiernos locales es clave para la promoción de una política integradora.


    4. Realidad migratoria y aporte económico. Hemos de reconocer también el aporte que dan a nuestra economía nacional muchas de nuestras mujeres que han tenido que sufrir el problema de la migración. El 54% de las remesas recibidas en el país, a través de canales formales, provienen de mujeres migrantes.

     

    5. Realidad en el mundo rural y sus aportes. Son heroínas nuestras mujeres más pobres, madres del campo y de los barrios de nuestras ciudades, que poseyendo menos estudios y, consecuentemente, con menos posibilidades de trabajo formal, viven una vida de muchos sacrificios, trabajando duramente en medio de precariedades para sostener sus hogares.


    6. Realidad de pobreza: causas y consecuencias. No obstante lo anterior, la pobreza y el analfabetismo generan grandes problemas que afectan también significativamente a nuestras mujeres, como es el embarazo en edad temprana, cuyas causas principales son la desintegración familiar, la falta de educación en valores, la mentalidad subjetivista, relativista y de consumo de nuestra sociedad actual. Se evidencia la necesidad de reforzar nuestras familias, de seguir educando fundamentado en valores, sobre todo en el ámbito de la sexualidad, a nuestros niños y adolescentes; además de esto, hace falta que las autoridades tomen medidas más eficaces para impedir que se promueva libremente en los medios, la violencia, la vulgaridad y las expresiones dañinas, especialmente para los más jóvenes.


    7. Realidad de pobreza y violencia estructural. Por otro lado, notamos que una espiral de violencia invade los espacios de la sociedad dominicana. Dicha violencia alcanza diversos escenarios, entre ellos: el intrafamiliar; el laboral; el vinculado a un contexto social y cultural, donde se somete a la mujer por el hecho de serlo; de conflictos de relaciones de parejas y exparejas. Es oportuno recordar que conforme a la ley 24-97 es un delito la violencia contra la mujer.

    Aunque las mujeres pobres son las más afectadas, la violencia contra ellas se registra en diversos estratos sociales. La violencia en la familia es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas. El reporte de la Procuraduría General de la República confirma que el nivel de denuncia femenina es mayor que las órdenes de protección. En el 2014, se emitieron 271.4 órdenes para cada 1,000 denuncias. Desde enero hasta julio del 2016 se han registrado 98 homicidios y feminicidios, contra mujeres en edad de 18-34 años. la ley 88-03 afirma que es un derecho tener garantizado un hogar de refugio para mujeres, niños y niñas amenazados de muerte y agresión física, verbal, sicológica y sexual.

    Sentimos profundo dolor con el drama de tantos niños y niñas huérfanos que ven morir a su madre por manos de su pareja, con el agravante suicidio de su padre, dejándolos en total abandono por la ausencia de una respuesta del Estado.


    8. Realidad de la prostitución y sus factores. La precaria situación del hogar o la pobreza, incitan a muchas jóvenes hacia la actividad de la prostitución. En muchos casos, detrás hay una historia infantil triste y desconcertante: golpes, violaciones, humillaciones, desamparo, etc. Estos son algunos de los factores que las empujan a la calle. Estudios revelan los múltiples abusos que sufren a manos de clientes. Algunos de ellos les exigen el uso de drogas, prometiéndoles mejor remuneración. Cuando son madres, la adicción genera, al mismo tiempo, niños desamparados, aumentando de este modo la tragedia.


    9. La realidad de la trata de personas. Otro mal poderoso y “silencioso” es la trata de personas. El país ha sido identificado como proveedor de mujeres para el negocio ilícito de la industria del “entretenimiento mundial”. En este orden, esperamos que se hagan mayores esfuerzos en la aplicación de ley 137-03 que condena la trata ilícita de persona.


    10. La realidad del dolor de las madres por sus hijos. Vemos también los rostros de tantas madres de policías sentenciadas al sufrimiento cuando estos salen a las calles arriesgando sus vidas con sueldos de miseria, y un poder judicial lleno de precariedades y poco control de los jueces y fiscales que con tanta facilidad liberan a delincuentes; y además con un Código Penal que no sanciona ejemplarmente a los que tanto daño hacen a la sociedad.  Y también los rostros de tantas madres que como a María, la espada de la inseguridad ciudadana les atraviesa el corazón al ver a sus hijos morir en manos de delincuentes o de policías en “intercambios de disparos”; además, de las madres de jóvenes sin oportunidades, víctima del narcotráfico, atrapados por la ola de violencia, atracos y robos.

     

    11. Realidades de la mujer ante la indiferencia del Estado. Hemos de señalar que en el viacrucis de sus vidas, muchas mujeres dominicanas transitan por la calle de la amargura y el sufrimiento, cargando con los pecados y errores de una sociedad que no las valora ni respeta; condenadas a grandes sacrificios de pago de impuestos para mantener la vida de confort de muchos políticos sin escrúpulos. las garras de la corrupción impenitente las despojan a ellas y a sus familias de las vestiduras, de la comida, de la medicina... y las condenan a tener que vivir debajo de los puentes o a orillas de ríos y cañadas, mientras desde su pobreza observan cómo algunos políticos disfrutan sin consecuencias e impunidad de riquezas mal habidas. mujeres que, como Jesús camino al calvario, caen al suelo una, dos, y más veces, por el peso insoportable de una canasta familiar inalcanzable y el drama de sus hijos pasando hambre. Falta la conciencia de un Estado que como el Cirineo esté dispuesto a hacer sacrificios reduciendo el gasto de la burocracia y el clientelismo político para ayudar al desarrollo de la familia dominicana.


    12. La realidad de la desprotección en la salud. la gran mayoría de nuestras mujeres dominicanas, tienen que cargar con la cruz de un sistema de salud inoperante para los que no tienen recursos, rebotadas de las clínicas privadas por no tener seguro ni dinero, empujadas a hospitales públicos deficientes, teniendo que pagar los precarios servicios que les ofrecen. otras instancias del Estado creadas para la protección de la mujer, viven entretenidas con la agenda antivida internacional, encubierta en la ideología de género y hacen muy poco por asumir y encarar los verdaderos problemas que aquejan a las mujeres dominicanas.


    Carta Pastoral del 21 de enero de 2017: La Mujer en la Sociedad Dominicana. Conferencia del Episcopado Dominicano (CED).

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