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    jueves, 4 de marzo de 2021

    Hna. María Inés Ribeiro: Mujeres al servicio de la Iglesia


    Entrevista | PrensaCelam



    Hna. María Inés Ribeiro:

    “Es un paso adelante que el Papa Francisco quiera poner cada vez más mujeres al servicio de la Iglesia”

     

    El Papa Francisco nombró a la presidenta de la Conferencia de Religiosos de Brasil – CRB, como consultora de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica por cinco años. Marian Ambrosio, que fue presidenta de la CRB de 2007 a 2013, fue nombrada junto con la hermana María Inés Vieira Ribeiro.

     

    Según la presidenta de la CRB, donde la vida “es más sufrida y amenazada, ése es nuestro lugar”. Junto a esto, insiste en la necesidad de que la Iglesia escuche a los laicos y a la vida religiosa femenina, algo que ve que está haciendo el Papa Francisco, que “está viendo que la Iglesia no puede caminar sólo con piernas de hombre”.

     

    Usted acaba de ser nombrada por el Papa Francisco consultora de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. ¿Qué representa este nuevo servicio que le pide la Iglesia?

     

    Para mí representa un gesto de confianza de la Iglesia, en primer lugar. Es una nueva llamada de Dios a mi vida consagrada, porque Dios siempre nos llama cada día a la fidelidad, al compromiso, e incluso a responder con generosidad. Para mí representa, sobre todo, un gesto de confianza de Dios, del Papa Francisco, por la Vida Consagrada.

     

    Para mí es casi una continuación de lo que ya he estado haciendo como consagrada, como responsable de nuestra Conferencia, es una confirmación, un acto de confianza.

     

    La vida religiosa en Brasil tiene mucho que aportar a la misión de la vida religiosa en la Iglesia universal. ¿Qué cree que puede aportar usted, desde su nuevo servicio, como representante de la Vida Religiosa en Brasil a la misión de la Vida Religiosa en el mundo?

     

    La orientación que he recibido de la Sagrada Congregación de Religiosos, del Dicasterio, es exactamente ésta: recibiré consultas sobre diversos y variados asuntos que surjan para la Congregación de Religiosos y seré consultada para dar mi opinión. Ciertamente, veo que en la medida en que abramos el corazón, abramos la boca para opinar sobre cualquier tema, ya sea en nuestro país o para el mundo, será desde la experiencia de vida, desde mi comunión con Dios, desde mi fidelidad al Evangelio, que daré mi opinión, porque esa es precisamente la misión, de consulta.

     

    Seré consultada, como dice el cardenal João Braz de Aviz, para las diversas situaciones, recibiré correspondencia, comunicaciones, y participaré en las asambleas que tendrán lugar en Roma para todos los consultores y asesores. Para mí, el posicionamiento, la respuesta, como consagrada de Brasil, se basará, por supuesto, en nuestra experiencia de una Iglesia servidora, de una Iglesia sinodal, de una Iglesia abierta a los pobres, de una Vida Consagrada que insiste cada vez más en el compromiso de fidelidad al Evangelio y al carisma de cada Instituto.

     

    Es también un gran reto porque estamos viviendo situaciones difíciles, no sólo en la Vida Consagrada sino también en la Iglesia. El momento actual es de dolor, de dificultad, de problemas que estamos viviendo en la Iglesia de Brasil ante la Campaña de la Fraternidad y otras situaciones. Pero creo que responderé con la experiencia de vida que el Señor ya me ha dado.

     

    ¿En qué debe insistir la vida religiosa en la misión de la Iglesia? ¿Cuáles deberían ser, en su opinión, las principales aportaciones y los principales retos que hay que afrontar?

     

    Uno de los principales retos que me plantearía es precisamente ese caminar juntos, esa tolerancia, ese respeto. El mismo cardenal João Braz de Aviz me dijo por teléfono, hermana, esto es algo del Papa Francisco, él que quería tener un colegio de consultores con paridad, con el mismo número de hombres y mujeres, para que podamos hacer nuestra contribución.

     

    La Vida Consagrada en Brasil y en el mundo debe existir desde el caminar juntos, desde el respeto a las diferencias, desde el verdadero amor a las diferencias, a las personas, amar cada vez más las realidades que vivimos más sufridas, estar donde la vida está amenazada, este es el lugar de la Vida Consagrada. Para mí, tenemos que insistir en esto, porque en realidad, donde la vida es más sufrida y amenazada, es nuestro lugar. No hay que poner la Vida Religiosa en el candelero, en un pedestal, en el punto de mira, sino ser una Vida Consagrada encarnada, inserta, humilde, sencilla. Este es el gran reto tanto para la Iglesia como para la Vida Consagrada.

     

    Usted habla de la insistencia del Papa Francisco en la paridad entre hombres y mujeres en este consejo de consultores. Recientemente, una religiosa ha sido nombrada subsecretaria del Sínodo de los Obispos, por lo que será la primera mujer que vote en un Sínodo de los Obispos. Para la vida religiosa femenina, ¿qué significan estos pasos que está dando el Papa Francisco en los últimos años?

     

    Esto tiene un significado muy fuerte, porque tenemos diferencias, la psicología femenina es diferente de la masculina, y tenemos que abordar esto con igualdad. Para todos los temas de la Iglesia, de la sociedad, tenemos que contar con la presencia de hombres y mujeres, precisamente para lograr los objetivos, en una comunión, en una unidad y en un consenso. Creo que las diferencias nos ayudan a encontrar respuestas más coherentes.

     

    En nuestra Iglesia queda mucho camino por recorrer para que se produzca esta escucha de los laicos y de la vida consagrada femenina, sobre todo. El Papa Francisco es una luz, es un hombre muy lúcido, está viendo que la Iglesia no puede caminar sólo con piernas de hombre, tenemos que caminar juntos. La contribución femenina, tanto laica como consagrada, es muy importante para el camino de la sociedad, de la Iglesia y de la Vida Consagrada.

     

    Vemos que, en el ámbito civil, las mujeres están ocupando todos los espacios, y en la Iglesia todavía no. Nosotros, en Brasil, tenemos una voz muy grande en relación a la participación de la mujer, pues desde hace mucho tiempo nuestra Iglesia ya tiene mujeres lectoras y acólitas, y ahora que ha salido el Documento oficial liberando, digamos, a las lectoras y acólitas en la Iglesia. Ya hemos dado pasos, pero nuestra aportación es para la Iglesia universal, para toda la Iglesia, esta aportación de la parte femenina de la Iglesia, tanto laica como consagrada.

     

    Es una lucidez, una claridad y un paso adelante que el Papa Francisco quiera poner cada vez más mujeres al servicio de la Iglesia. Tal vez no vea más progresos, pero lo necesitamos. A veces hay contratiempos, hay retrocesos, dificultades, incluso en el interior de la Iglesia, como dijo hoy monseñor José Negri, obispo de Santo Amaro, que es el presidente de la comisión para la protección de los niños y adolescentes y de las personas vulnerables. Según él, lo doloroso para nuestra Iglesia es la polarización dentro de la Iglesia. A todos nos gustaría formar realmente una Iglesia única, santa y católica, pero vemos este sufrimiento también en la Iglesia de hoy.   



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