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    martes, 30 de marzo de 2021

    Promesa de amarse en el Amor de Dios


    La Familia | Diácono Julián Tavárez





    Promesa de amarse en el Amor de Dios

     

    El amor de los seres humanos encuentra en la fe su plenitud. Por eso las parejas viven el amor desde Dios como un sí que compromete cada día. Se han prometido amor para siempre, mutua fidelidad en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad. Quienes dan ese paso se comprometen en el diario vivir, conscientes de que un proyecto responsable y fundamentado enfrenta cada día las situaciones donde se puede echar atrás y decir no, o mirar juntos hacia delante y decir sí. Ese sí se ha dado en la promesa en el amor de Dios y se hace concreto en la vida.

     

    Solo amándose con todas sus consecuencias la pareja puede realizar proyectos de vida y sueños de amor

     

    Es en ese amor donde las parejas van asegurando el futuro de la sociedad y el bienestar de las personas. El matrimonio es la primera, indispensable, insustituible escuela de vida y amor. Pero el matrimonio no es una aventura fácil; requiere esfuerzo y generosidad. El sueño de amor matrimonial es persistente y fuerte; es la causa más grande de felicidad personal; pero tiene sus fragilidades, como todo lo humano. Está sometido al desgaste del tiempo, al acecho de la rutina, a la tentación de la ensoñación.

     

    Nuestra sociedad hoy prefiere lo rápido, lo inmediato, no quiere promesas a largo plazo, no quiere compromisos que aten para toda la vida. Y le da prioridad al individualismo, a alcanzar las propias satisfacciones, el éxito rápido. Si la pareja sigue esa corriente mundana no puede asegurar que va a mantener su promesa de amor ante Dios.

     

    Sin la aceptación responsable del amor no existe un proyecto de vida permanente, que supere dificultades y alcance realizaciones. Solo amándose con todas sus consecuencias la pareja puede realizar proyectos de vida y sueños de amor. Y así ambos se sienten acompañados, tienen el entusiasmo para seguir adelante y vivir con el peso de las dificultades, pero también con la gracia del don de Dios que los hace permanecer en el amor.

     

    Muchas preguntas llegan cuando se presentan obstáculos, pero si hay amor y esperanza se mantiene la motivación. El amor facilita caminos, permite el acompañamiento en las situaciones de la vida. Los matrimonios jóvenes deben reconocer esta realidad y buscar no solo apoyo mutuo, sino consejería, acompañamiento, conocimiento de las vidas y experiencias de quienes ya han recorrido un largo camino.

     

    La promesa de amor y fidelidad dada en el sacramento supone vivir bajo la gracia de Dios, la confianza en su presencia y el apoyo de la comunidad de fe, lugar donde la pareja ha hecho su promesa esponsal. Pero también tienen que buscar los medios de permanecer en esa promesa. La pareja sabe que el amor es un proyecto constante, como una planta que debe ser regada para que llegue a ser lo que está llamada como árbol frondoso, fecundo.

     

    Hay muchos problemas internos y externos a la pareja que amenazan la permanencia en el amor y la fidelidad. No cesan las noticias de violencia conyugal. Más bien parece que aumentan en nuestras sociedades. Escuchamos con frecuencia los feminicidios, los divorcios, los maltratos físicos y verbales que amenazan la vida conyugal y la estabilidad familiar. Muchas relaciones que se iniciaron con mucho amor y confianza terminan en destrucción del otro o de la otra, en anulación espiritual y psicológica y, en muchos casos, hasta en la muerte.

     

     

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