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    miércoles, 14 de abril de 2021

    El Padre Chevalier y Nuestra Señora


    Nuestra Señora | José María Álvarez, MSC





    El P. Chevalier y Nuestra Señora

     

    El padre Julio Chevalier es el Fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón (1854), en Issoudun, Francia. Fue el “creador e impulsor de una nueva advocación mariana, la que invoca a María como “Nuestra Señora del Sagrado Corazón”.

     

    Por eso, acercarnos al Padre Chevalier, analizar lo que alentó su vida y motivo su consagración, supone comprender también lo esencial de la devoción al Sagrado Corazón y a Nuestra Señora.

     

    Para entender la obra del P. Chevalier hay que conocer su preocupación por la descristianización que imperaba en la Francia de su tiempo, asolada espiritualmente por la revolución y las siguientes guerras napoleónicas. Y que también lo estaba por los escasos resultados de quienes pretendían solucionar ese problema predicando la penitencia y haciendo celebraciones expiatorias, porque pensaban que aquellos males eran un castigo de Dios. No es esa la enseñanza de Jesucristo, que nos mostro a un padre que no distingue entre buenos y malos porque ve a todos como hijos, y que no busca castigar sino sanar. Y por eso el P. Chevalier opto por hacer del amor de Dios la consigna de su predicación y el emblema de su vida. Porque él era el remedio y el instrumento de evangelización en una sociedad necesitada de un Dios capaz de perdonarles y reconducirles, con lazos de dulzura, a las verdades eternas despreciadas por pensadores y políticos. Para Chevalier no era valido el mensaje en que tanto insistían otros: conversión si no queréis experimentar la colera de Dios, por el contrario, su consigna fue el proclamar: Dios os ama.

     

    Esta novedad suponía todo un cambio en la visión de Dios, que sorprendió mucho a quienes la escuchaban en aquel tiempo. Y puede que hoy nos resulte tan llamativa porque ya raramente se habla de la severidad de Dios y de la pena del infierno y mas bien estamos acostumbrados a invitaciones a la solidaridad, la tolerancia y el entendimiento mutuo, con el telón de fondo de valores como los que postula la Declaración de los Derechos Humanos. Y en el ámbito cristiano estamos habituados, ya desde las catequistas de la infancia, a la solidaridad y la compasión entendiendo que el ser cristiano se condensa en el Amaos los uno a los otros, que anunciara nuestro señor. Como a nosotros hoy esto nos parece ya lo normal, puede costarnos un poco el comprender hasta que punto el P. Chevalier se adelanto a su tiempo y tuvo el coraje de recuperar lo que había quedado medio enterrado por el tiempo y los acontecimientos.

     

    Pero por si esto nos sorprendiera tanto, aun queda por destacar que este hombre profético fue todavía más allá y así cayo en la cuenta de que este amor que Dios nos tiene no es un amor amable, sino un amor-pasión. Es decir, comprendió que Dios nos ama apasionadamente, no con esa compasión que puede tener el que es fuerte respecto al que es débil, el creador respecto a la criatura, sino con la intensidad con que el enamorado ama lo que es objecto de su amor. O, en termino de filiación, con la que un padre, que es Madre al mismo tiempo, puede amar al hijo surgido de sus entrañas.

     

    Y si Dios nos ama apasionadamente, también cada uno de nosotros puede amarle con idéntica pasión. Lo cual hace que veamos la religión en el comportamiento religioso no como un conjunto de prácticas, de fidelidades o de buenas obras, sino como amar y estar unidos a un Dios que nos ama. Es el vivir de amor que dirá mas tarde Santa Teresa de Lisieux, y que aun sigue siendo un mensaje novedoso para muchos en nuestro tiempo.

     

    Siguiendo el pensamiento del P. Chevalier, concluiríamos que, cualquiera que sea la época en la que vivamos, fueran las que fuesen las dificultades que conozcamos o las facilidades de las que nos aprovechemos, la cuestión que se nos plantea a cada uno de nosotros es siempre la misma: ¿tu ama? Y que todos los amores humanos no son mas que reflejos del amor de Dios. Pues Dios es el amor mismo y, para estar mas cercano a nosotros, se encarnó, se hizo hombre, con un corazón humano como el nuestro, que nos ama como puede hacerlo un ser humano, pero con el poder del Amor de Dios.

     

    Esta era la pasión del P. Chevalier, la que lleno su vida: hacer comprender a todos y en todas partes que Dios nos ama. Y lo subrayo con una imagen y una invocación a María que así lo manifestaba: Nuestra Señora del Sagrado Corazón, la que engendro y educo al hijo de Dios para luego ofrecérnoslo a todos con un regalo divino. para que nosotros, imitando su gesto, unamos nuestro corazón al suyo para poder ser, en la tierra, ese Amor de Dios manifestado.

     

    Publicado en Madre y Maestra, revista de los MSC de España. No. 611, octubre 2019.

     

    * El padre Julio Chevalier es el Fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón (1854), en Issoudun, Francia. Fue el “creador e impulsor de una nueva advocación mariana, la que invoca a María como “Nuestra Señora del Sagrado Corazón”.

     

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