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    sábado, 22 de mayo de 2021

    Acoger es amar

     

    Reflexión | Revista CR




    Acoger es amar

     

    “Quien acoge a uno de esos ‘pequeños’ a mí me acoge… Acoge a quién me envió” (Mc 9,37)

     

    Si nos preguntan o nos preguntamos cuáles han sido los momentos mejores, más felices, de nuestra vida, seguramente recordaremos y citaremos aquellos que se vivieron con otros, que se dieron en contextos de participación, de compartir, de celebración, de estar con los demás. Contextos donde se acoge y donde uno se siente acogido.

     

    El filósofo y sociólogo Frédéric Lenoir ante el interrogante “¿Qué es lo que me hace feliz?” cuenta: “Afirmo que soy feliz cuando me hallo en presencia de los seres que quiero, cuando escucho a Bach o a Mozart, cuando progreso en mi trabajo, acaricio a mi gato al calor de la chimenea encendida, ayudo a alguien a salir de la tristeza o de una desgracia, saboreo un plato de marisco con amigos frente al mar, medito en silencio o hago el amor, me tomo por la mañana  la primera taza de té, observo la mirada de un niño que sonríe o doy un paseo por la montaña o por el bosque… Todas estas experiencia, entre muchas más, me hacen feliz.”  

     

    Me atrevo a afirmar que la felicidad precisa de los demás: compartir, acoger, abrirse a otros mundos, a otras presencias, que hacen de nuestra vida una realidad más amplia, más profunda, que cambia la propia perspectiva, que plantea otras posibilidades, y se siente y se experimenta como motivación, razón, sentido de nuestra vida.

     

    Acoger a los demás - “Nadie elegiría vivir sin amigos, aunque tuviese todos los demás bienes” (Aristóteles)-, y valorar y gozar de su singularidad e idiosincrasia que nos aporta sabiduría y alegría de vivir. Para que esto sea una realidad es necesario un “descentramiento”, dejar de ser el centro, “el ombligo del mundo”, así nos capacitamos para acoger y saberse acogido.

     

    También es motivo de felicidad la resolución de todo aquello que distorsiona. Vencer los avatares de la vida, que no faltan, y acogerlos para superarlos. Si los escondemos, los negamos, no desaparecen, siempre estarán ahí. Es verdad que cuesta aceptar lo que distorsiona, lo que interrumpe los objetivos, deseos e ilusiones, que nos proponemos, sin embargo, es necesario acogerlos, es la manera de afrontarlos y superarlos.

     

    Acoger, aceptar, como amar, consiste en decir sí. Y decir sí, no es renunciar a la acción, al cambio, a la resolución. Decir no, se hace necesario como consecuencia y coherencia del sí dado, se hace en función de un sí más libre o más nítido. Acoger, que no se haga por debilidad sino como fuerza lúcida y generosa.

     

    Para ser feliz, como para no serlo, los otros y lo “otro” tienen algo que decir y es opción de cada cuál escuchar o no escuchar, acoger o no acoger; y es cuestión de cada cual el significado que puedan tener para nuestra vida. Acoger a los demás y acogerse… la aceptación de uno mismos capacita para aceptar a los demás. Acogerse para acoger y para saberse acogido.

     

    Revista CR: ACOGER. “Quien acoge a uno de esos ‘pequeños’ a mí me acoge… Acoge a quién me envió” (Mc 9,37).


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