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    lunes, 3 de mayo de 2021

    El compromiso cristiano


    Vocacionales | P. Osiris Núñez, msc




    El compromiso cristiano

     

    Para saber cuál es el compromiso cristiano en pleno siglo XXI, debemos ir al evangelio que es la fuente de donde debe beber todo creyente. El evangelio nos dice que hemos de hacer, cuales son nuestros compromisos como cristianos, ya que el compromiso cristiano es una forma de hacer y reaccionar acorde con la fe cristiana, con las exigencias del reino de Dios y su justicia. Es la consecuencia lógica de nuestra fe en Jesucristo, de la experiencia de fe cristiana. Por lo tanto, lo primero que debemos de hacer es actualizar el evangelio de Jesús y aplicarlo a las situaciones y los problemas de nuestro tiempo. No hay verdadera interpretación sin actualización. Pero esta actualización debe realizarse siempre fiel a los principios de las mismas enseñanzas de Jesús.

     

    El primer y principal compromiso es el amor. Amar a Dios sobre todas las cosas, pero también el compromiso de la caridad, amar al prójimo. La caridad, el amor, la misericordia son el componente nuclear del compromiso cristiano. Pero este compromiso del amor y la misericordia es también necesario para atenuar los contratiempos de la misma justicia, siempre tentada de rigidez, intolerancia y hasta vecina de la venganza.

     

    El compromiso del amor y la misericordia lleva en su seno un elemento esencial de la vida cristiana y de la vida humana: la gratuidad

     

    En este sentido el amor y la misericordia son un compromiso irrenunciable para el cristiano. Y no tienen por qué negar o frenar el compromiso con la justicia. Lo que hacen es estimular este compromiso, humanizarlo, de forma que no se desborde. Que la justicia humana fácilmente se desborda más allá de sus márgenes y da lugar a la injusticia y la violencia, a la intolerancia extrema y a la venganza revestida de justicia.

     

    Por lo demás, el compromiso del amor y la misericordia lleva en su seno un elemento esencial de la vida cristiana y de la vida humana: la gratuidad. No hay verdadero amor ni verdadera misericordia si no se alcanza ese nivel de la gratuidad. Esto es lo que añaden la caridad y la misericordia sobre la justicia. Pero son caridad y misericordia auténticas, porque hay que son falsas en la motivación, en el propósito y en la forma de ejercitarlas. Cuando son auténticas en la motivación, en el propósito y en la ejecución, la caridad y la misericordia representan lo más humano y lo más evangélico del compromiso cristiano.

     

    Esta es la primera dimensión del compromiso cristiano, la caridad, el amor, la práctica del amor y la misericordia. En este sentido, la fe cristiana y el seguimiento de Jesús compromete con los siguientes grupos de personas: los pobres, los hambrientos y sedientos, los enfermos, los tristes, los necesitados, los presos, los emigrantes, los ancianos, los marginados, los excluidos, etc.

     

    Y este compromiso se concreta en las tradicionales obras de misericordia: dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, hospedar al peregrino, visitar al enfermo, consolar al triste, visitar al preso, socorrer al necesitado, acompañar a quien está solo, orientar al desorientado, dar buen consejo al que lo ha menester, etc. Todas estas obras de misericordia son expresión del amor y de la caridad cristiana. Y son necesarias especialmente en un mundo de víctimas, en el que la justicia está pendiente de plenitud, o simplemente en un mundo de injusticia. ADH 856.

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