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    viernes, 28 de mayo de 2021

    Nuevas formas de reproducción humana


    Bioética | Jahuil Alexander Doroteo, MSC




    Nuevas formas de reproducción humana

     

    La reproducción humana siempre suscita un interés grande en las personas. Tanto así, que, al lograrse el nacimiento de Louis Brown, por medio de la fecundación in vitro, la noticia atrajo a los medios de comunicación y a los científicos. Gracias a estas nuevas técnicas, tenemos un mundo amplio para la reproducción humana, ellas influyen en la concepción de maternidad y paternidad. En este sentido, podemos hablar de la inseminación artificial, que consiste en introducir el semen en una mujer para fecundarla, sin contar con el acto sexual. Esto se hace, a menudo, por problemas anatómicos y psicológicos. De acuerdo a ello, existen tres tipos, tales como heteróloga, fuera del matrimonio y la homóloga.

     

    Esto crea unas implicaciones éticas, pues está en juego el reconocimiento del embrión como ser humano y además la trasmisión de la vida no es una acción solo de la técnica

     

    Por otra parte, la fecundación in vitro es un proceso distinto porque ella se realiza en un laboratorio y no dentro de una mujer. Luego de unir el espermatozoide y el óvulo, es introducido el embrión dentro de ella. Con relación a este proceso, se obtienen muchos embriones y no todos son usados en la mujer. Por ello se recurre a la congelación de los embriones para ser utilizados más adelante. Gracias a ello, se han creado bancos de semen y de embriones que permite mantenerlos congelados y guardados. Los óvulos y embriones tienen problemas cuando son congelados, no así con los espermatozoides. Por otro lado, no podemos dejar el aspecto humano y ético, pues los gametos son células y el embrión es un ser

    humano.

     

    Debemos hablar también de la famosa reproducción clónica. Esta hace referencia a la reproducción asexual de las plantas a partir de brotes. Por medio la reproducción clónica se busca crear individuos idénticos en mamíferos, atendiendo a dos técnicas. La primera consiste en dividir un embrión en su etapa inicial y desde sus células originar un nuevo individuo. La segunda se basa en el trasplante de un núcleo vivo de una célula diploide a otra que se le ha sacado el mismo. Al mismo tiempo esto crea unas implicaciones éticas, pues está en juego el reconocimiento del embrión como ser humano. Además la trasmisión de la vida no es una acción solo de la técnica. Por ello el progreso humano no puede medirse solo por ella.

     

    Al abordar la práctica de experimentar con embriones, debemos decir que solo tiene que ser para fin terapéutico y no para otra cosa, puesto que el embrión es un ser humano, aunque sea obtenido in vitro. De la misma manera, las técnicas de fecundación e inseminación artificial heterólogas deben ser rechazadas desde el punto de vista ético, porque ellas no se realizan dentro del ámbito de la pareja. En cambio, en las formas homólogas no hay consenso, pero los moralistas católicos se han mostrado dispuestos a admitirlas, no dejando de lado el carácter experimental y la destrucción de algunos seres humanos. Por ende, desde la ética parece difícil legitimar el recurso de la fecundación in vitro.

     

    Como hemos visto, estas formas de reproducción humana permiten múltiples posibilidades procreativas y abren interrogantes a nivel jurídico, antropológico y ético. Esto no quiere decir que haya que cerrarse a los avances técnicos en el campo de la biología humana, sino de crear los mecanismos para fijar la legitimidad y los límites desde la perspectiva de la dignidad humana, del sentido del amor y la fecundidad.

     

    Referencia: Alburquerque, E., Bioética Una apuesta por la vida, Madrid, 2002, pp. 71-92.

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