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    viernes, 9 de julio de 2021

    Prácticas de una sana relación


    Matrimonio y Familia | Alexis Cifuentes/ADH




    Prácticas de una sana relación


    Compartir y participar

    Las parejas no pueden descuidar este aspecto tan importante como lo es, participar el uno con el otro. Si han creado un proyecto de amor, de familia, deben encontrado las suficientes coincidencias para confiar que son de alguna manera, el uno para el otro.

     

    El sí definitivo al cual llegaron debió proceder de esa confianza y claridad de tantas cosas que tenían en común, tantas motivaciones y sueños para echar adelante empresas e ideales que ambos podían compartir y realizar juntos. Por muchas razones puede la pareja ir decayendo en el interés mutuo, las ocupaciones y pasatiempos comunes. Y, por supuesto, están las cualidades humanas que favorecen, como la escucha, el tiempo dedicado, la presencia de apoyo o de esfuerzo común. Y no pensemos en cosas extraordinarias, sino en los detalles de la convivencia diaria.

     

    Un proyecto de pareja necesita el esfuerzo, la comprensión y la participación de ambos, pues las herramientas comunes hacen avanzar el proceso

     

    Responsabilidad en libertad

    Cada uno es un ser libre, con los condicionamientos propios de los seres humanos. Quizás haya la tentación de moldear al otro al modo propio, o de esperar que el cónyuge se vaya pareciendo tanto a uno que siempre de asentimiento, que renuncie a su pensar y sentir propio, que no tenga espacio fuera de la relación.

     

    El amor libera, lo dicen de muchas maneras los sabios y entendidos. En las Sagradas Escrituras queda bien marcado que si amamos no podemos ser posesivos, no pretender apoderarnos de la voluntad, de las decisiones de la otra persona. Vivir el amor en libertad es el signo de que se traza una ruta luminosa hacia la realización común.

     

    Respetar el ser sí misma de la persona

    En muchas relaciones de amistad, de parejas, hay una tendencia clara a manipular a la otra persona. Los cónyuges se esforzarán en no objetivar, sea de lenguaje o de trato, para someter a la otra persona. Ayuda mucho situarse siempre en la relación con integridad, reconociéndose ambos como personas que actúan con honestidad, en base a la sinceridad y saber expresarse mutuamente lo que piensan, sienten y quieren. La honestidad de vida es el mejor antídoto y hay que esforzarse por vivir así. Lo mismo la sinceridad, donde nos mostramos transparentes y la comunicación puede ser más fluída y reveladora de lo que somos o no somos, pero también de lo que juntos deseamos ser.

     

    El juego de usar máscaras no es saludable, pues no permite que la relación crezca en madurez, ya que los participantes teatralizan su vida y no hay acceso real a ellas. Conduce a relaciones muy superficiales y poco comprometidas. Un proyecto de pareja necesita el esfuerzo, la comprensión y la participación de ambos, pues las herramientas comunes hacen avanzar el proceso que viven. En algunos casos, después de una ruptura, una de las partes entiende que realmente no conocía a la otra persona. No se dejó conocer ni alcanzar la intimidad que posibilita la sana relación de pareja.



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