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    domingo, 4 de julio de 2021

    “Yo soy el que soy” (Ex 3,14)


    Rincón de la Palabra | José Israel Cruz Escarramán




     “Yo soy el que soy” (Ex 3,14)

     

    Uno de los diálogos de mayor cercanía entre Dios y Moisés fue cuando un día en el Horeb, le reveló su nombre. Y aunque le otorga la revelación suprema de su nombre, esta mantiene intacto el misterio de su ser; «Yo soy el que soy», «Yo soy lo que soy» (Éx 3,13-16; 6,3).

     

    Según el contexto, este nombre debe acreditar cerca del pueblo la misión de Moisés; «Yo-soy me envía a ustedes», dirá Moisés, y el pueblo irá a adorar a «Él-es» (o «Él hace ser») en la montaña santa. Este nombre significa que Dios está presente en medio de su pueblo: Él es Yahveh. ¿Cuál es propiamente el nombre del Dios que los va a amparar en momento tan crucial? La contestación es sumamente misteriosa: “Yo soy el que soy”.

     

    Moisés acaba de preguntar ansiosamente y lleno de curiosidad: “¿Tú quién eres?”, Yo soy el que soy. “Él-es” no en sentido filosófico, sino como noción común popular. Es decir, la afirmación solemne “Él-es” para designar a Dios, aludiría a su calidad de “Dios viviente”, que tiene “ser”, en contraposición a los ídolos, que no tienen vida ni existencia. Este nombre, pues, debe expresar la eficacia del ser del Dios libertador: el que envía a Moisés se llama “Él-es” (o “Él-será”), Yahweh, es decir, el que manifiesta eficazmente su existencia. Palpita la idea de ayuda y de fidelidad de Yahvé a su pueblo. 

     

    Moisés que tiene la misión de liberar a su pueblo (Ex 3,12). A este pueblo revela su nombre y el sentido de este nombre; le garantiza también que el Dios de sus padres estará con él como ha estado con ellos. Dios, en efecto, se denomina Yahveh y se define así: «Yo soy el que soy», es decir, yo soy el eterno, el inmutable y el fiel; o también: «Yo soy el que es», que es, y está, siempre, en todas partes, marchando con su pueblo (Ex 3,13ss; 33,16).

     

    «Yo soy.» El verbo ser, al que ciertamente hace alusión el nombre de Yahveh, si ya no expresa inmediatamente el concepto metafísico de la existencia absoluta, designa en todo caso una existencia siempre presente y eficaz. Pero esta presencia abarca al universo desde su primero hasta su último día, y unifica el pasado, el presente y el futuro: «El que desde el principio llamó a las generaciones, yo, Yahveh, que era al principio, y soy el mismo siempre y seré en los últimos tiempos» (Is 41,4).

     

    Habiéndonos asomado al sentido del “Yo soy el que soy” contenido en el Antiguo Testamento, entraremos en lo que serán los “Yo soy de Jesús” contenidos en el Nuevo Testamento, ya que, con la venida del Salvador, las promesas de Dios se convierten en realidad a la cual podemos poner rostro. “Yo soy la vid verdadera” (Jn 15,1-5); “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,35-48); “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12; 9,5); “Yo soy la puerta” (Jn 10,7); “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11-14); “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11,25); “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).  ADH 857


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