Meditaciones | Sandy Yanilda Fermín
“Solemnidad
de San José”
Al amanecer de un día silencioso en el que apenas se contemplaba el
alba, Dios miraba lo profundo del corazón de un hombre justo, la vida de San
José. Veía lo sencillo combinado con lo divino, notaba con esmero sus sueños.
Por eso cuando cantábamos la canción: “Hoy a tus pies ponemos nuestras
vidas, con sencillez humilde San José”, fue poner nuestras intenciones y
nuestros sueños, nuestra vida a los pies de San José, durante los días de la
novena, que se llevó a cabo del 10 al 18 de marzo, en nuestra comunidad
parroquial que lleva su nombre, donde se vivió algo muy especial, un encuentro
con San José, esposo de la Virgen María, el obrero del Señor, custodio del Redentor, Patrón
de la Iglesia Universal y no menos importante, de nuestras familias, entre
tantos títulos que la Iglesia le ha confiado.
La novena contó con la participación de Monseñor José Amable Durán Tineo,
obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santo Domingo y Vicario Episcopal de la
Vicaria Santo Domingo Oeste y culminando con la solemnidad el 19 de marzo,
presidida por Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, Arzobispo coadjutor de la
Arquidiócesis de Santo Domingo.
La presencia de cada obispo en esta Solemnidad fue una gracia, ya que se
realizaron 114 confirmaciones, reflejando la obra viva del Espíritu Santo en
medio de nuestras comunidades.
En nuestra comunidad parroquial, durante esta novena, ocurrió algo
especial, se sentía distinta, era como si cada día, visitáramos el Taller de
San José. Pienso que, era como tallar el corazón y que fuera pulido por el
custodio del amor y que el escuchara nuestra oración, a través de su
intercesión.
Cada persona, sin decir muchas palabras desde su fe, elevaba una
intención, pedirle a San José que soñara con cada devoto y así como él escuchó
a Dios en sueños, también intercediera por nosotros, presentando nuestros
anhelos al corazón de Jesús, con la confianza de que, según la voluntad de
Dios, cada uno de esos sueños, los que brotaban desde la fe, encontraran su
cumplimiento.
La alegría de la comunidad era evidente. En cada encuentro, en cada
oración, en cada aplauso, se percibía un ambiente de paz que envolvía a todos.
Como si, en medio de lo sencillo, San José moldeara con su carpintería gozos y
alegrías. El, como carpintero y nosotros como madera, que Dios quiere formar y
moldear, porque Dios trabaja nuestro corazón, lo pule, lo transforma, como José
trabajaba la madera.
En cada aplauso que el Padre Tulio Matos Cordero, nuestro párroco,
solicitaba para agradecer a cada capilla junto a sus equipos de trabajo y coro,
que le tocaba ofrecer ese servicio, era continuar y esperar la sorpresa que
Dios traería al día siguiente.
Muchos autores espirituales hablan, que San José no solo fue el hombre
de los sueños y del silencio, fue el hombre que creyó en ellos y aunque José
vivió en silencio y sin protagonismo, su grandeza se revela en que Jesús y
María le obedecían.
También el Papa Francisco en la carta apostólica Patris Corde, presenta
a San José como un hombre de ternura, confianza y entrega silenciosa.
Dios confió en él de tal manera que su propio Hijo se sometió a su guía
(Lucas 2,51). Su silencio no era vacío, era un silencio sereno, confiado,
profundamente alegre, porque estaba guiado por Dios y por eso, hoy y siempre, rendimos
honor, a quien honor merece, a San José.


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