Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Relación entre quien envía y el que es enviado
(Jueves
30 abril 2026, Cuarto de Pascua, lecturas: Hechos de los Apóstoles 13,13-25.
Salmo 88,2-27. San Juan 13,16-20)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios hoy nos invita a contemplar una relación muy importante: la
relación entre quien envía y el que es enviado. No se trata solo de una
misión, sino de una unión profunda, de confianza, de fidelidad y de identidad.
Siguiendo
el orden de las lecturas, veamos algunos elementos sencillos que nos ayudan a
entender este mensaje:
1.
En la primera lectura (Hechos 13,13-25): Dios es quien envía y guía la historia
- Dios es el
primer enviado: Él escoge a su pueblo y lo conduce con paciencia a lo largo
del tiempo.
- Envía
líderes como Moisés, jueces, reyes… y finalmente prepara la
llegada del Salvador.
- Vemos cómo
Dios no abandona su misión, aunque el pueblo sea débil o infiel.
- El enviado
no actúa por cuenta propia: es instrumento de un plan mayor.
- San Juan
Bautista aparece como el enviado que prepara el camino: él sabe que
no es el centro, sino el que anuncia a otro.
- El enviado
auténtico reconoce sus límites y dirige siempre hacia Dios.
Para
la gente sencilla: Dios también nos envía en pequeñas misiones
diarias: en la familia, en el trabajo, en la comunidad.
2.
En el Salmo 88: La fidelidad entre quien envía y el enviado
-
Dios promete y cumple su alianza.
-
La relación entre Dios y su elegido (como David) es una relación de amor y
fidelidad.
-
El enviado puede confiar porque sabe que no está solo.
-
Dios sostiene, fortalece y acompaña al que envía.
-
La misión no depende solo de nuestras fuerzas, sino de la gracia de Dios.
Para
nosotros:
cuando Dios nos envía, también nos da la fuerza necesaria para cumplir la
misión.
3.-
En el Evangelio (Juan 13,16-20): Jesús
revela la clave de la misión
- Jesucristo
es el enviado del Padre por excelencia.
- Él nos
enseña que: “el enviado no es más que el que lo envía”.
- Esto
significa que el discípulo vive en humildad y obediencia.
- Quien recibe
al enviado, recibe también a quien lo envió: hay una unidad profunda.
- Jesús nos
envía a nosotros, así como Él fue enviado por el Padre.
- La misión no
es buscar honores, sino servir como Él sirvió.
Para
la vida diaria: cuando actuamos con amor, servicio y verdad, estamos
representando a Cristo mismo.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, la relación entre quien envía y el enviado se basa en tres
cosas sencillas:
-
Confianza: Dios confía en nosotros.
-
Fidelidad: estamos llamados a cumplir la misión con amor.
-
Unidad:
no vamos solos, vamos en nombre de Dios.
Hoy
preguntémonos:
-
¿Soy consciente de que Dios me envía cada día?
-
¿Actúo como representante suyo en mi vida cotidiana?
Que
el Señor nos conceda la gracia de ser buenos enviados, humildes, fieles y
llenos de amor. Amén.


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