Diálogo Interreligioso | Daniele Piccini
Budismo y cristianismo. Un
aporte vital para una "paz desarmante"
El prefecto
del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, cardenal Koovakad, y el
secretario, monseñor Kodithuwakku Kankanamalage, firmaron una carta dirigida a
la comunidad budista con motivo de la festividad de Vesak. En ella, afirman que
ambas tradiciones religiosas comparten la misma enseñanza: «La paz desarma los
corazones antes que las manos».
En una época
marcada por tantas "sombras que pesan sobre el mundo" —la guerra, la
violencia, el nacionalismo etnorreligioso y la explotación de la religión— las
tradiciones espirituales del cristianismo y el budismo, con su
"llamamiento a la paz", "pueden ofrecer una contribución
vital". Esto es lo que escribieron el cardenal George Jacob Koovakad,
prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, y monseñor Indunil
Janakaratne Kodithuwakku Kankanamalage, secretario del mismo Dicasterio, en una
carta dirigida a la comunidad budista con motivo del festival de Vesak, que
celebra el nacimiento, la iluminación espiritual y el fallecimiento de
Siddhartha Gautama, el Buda.
Un don que reside en el corazón humano
El mensaje
subraya que la paz no es simplemente «la ausencia de guerra», sino «un don que
busca habitar en el corazón humano, una presencia silenciosa pero poderosa que
ilumina y transforma». Un concepto que también reiteró el Papa León XIV en
su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del pasado mes de enero,
citado en la carta.
La paz existe; quiere vivir dentro de nosotros
Precisamente
cuando "parece frágil", "debe ser protegida y cultivada".
La paz a la que estamos llamados, continúa el mensaje, es "desarmada y
desarmante", "no se basa en la fuerza", sino que "surge de
la verdad, la compasión y la confianza mutua".
La contribución del budismo y el cristianismo
En este
sentido, las tradiciones del budismo y el cristianismo pueden ofrecer un
«camino iluminado». Ambas coinciden en considerar la paz un don que «desarma
los corazones antes que las manos». El Buda, en el quinto verso del Dhammapada,
enseña que «el odio nunca se extingue con odio; solo con la ausencia de odio se
extingue». Jesús, en los Evangelios, nos invita a «amar a nuestros enemigos» y
llama «bienaventurados a los pacificadores».
Partiendo de
estos fundamentos doctrinales, los lÃderes religiosos tienen la tarea de ser
«auténticos interlocutores» y «constructores de la reconciliación». Esta misión
se traduce concretamente en un cuidado y una atención especiales al tejido
relacional de la sociedad. «Se nos invita», continúa la carta, «a convertirnos
en testigos valientes capaces de fomentar el encuentro, sanar heridas y
reconstruir la confianza. Como ciudadanos y creyentes, compartimos la
responsabilidad de promover la paz, denunciar la injusticia e instar a quienes
ostentan el poder a no avivar las divisiones, sino a buscar el diálogo en lugar
del conflicto. También debemos evitar convertirnos en cómplices por medio del
silencio o el miedo».
El compromiso diario con la paz
Las religiones
pueden cumplir esta función, en primer lugar, fomentando la oración, la
contemplación y la "transformación interior", invitándonos a
experimentar la paz a diario en gestos comunes de bondad, en la paciencia, en
el "rechazo del odio o la venganza" y cultivando el "coraje para
tener esperanza".
En la carta,
deseamos a nuestros “queridos amigos budistas” una bendecida y fructÃfera
celebración de Vesak, y hacemos un llamamiento a un compromiso conjunto para
que las dos religiones, el budismo y el cristianismo, puedan abrir “nuevos
horizontes para la humanidad”.


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