Salud | Giovanni Zavatta
COMECE: Se necesitan
políticas de salud mental que protejan la dignidad humana
En un
documento, la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea
ofrece reflexiones y recomendaciones a instituciones y partes interesadas. «La
atención debe tener un enfoque holístico y situar a la persona humana en el
centro de la comunidad».
La salud
mental no puede reducirse únicamente a una cuestión clínica o técnica. La
doctrina católica afirma la dignidad intrínseca, la unidad y la naturaleza
relacional de todo ser humano. Por consiguiente, la vulnerabilidad mental
requiere no solo atención, sino también compasión, apoyo, inclusión y
esperanza. Esta es una de las reflexiones incluidas en el documento titulado
«Salud Mental en Europa. Un Llamado a la Atención», publicado el pasado jueves
por la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE).
El documento tiene como objetivo ofrecer a los responsables políticos y a las
partes interesadas perspectivas y recomendaciones para la acción concreta,
basándose en principios clave de la doctrina social de la Iglesia (dignidad humana,
bien común, solidaridad) y presentando la atención a la salud mental como una
amplia responsabilidad. «Toda persona, especialmente aquellas que experimentan
soledad, vulnerabilidad o marginación, posee una dignidad intrínseca», afirman
las conclusiones, instando a que la soledad se aborde como una «prioridad de
salud pública» y a que se fortalezca el apoyo a las familias, haciendo hincapié
en el papel de las comunidades de atención primaria, donde se cultivan
especialmente las relaciones humanas y el apoyo mutuo: «Las redes comunitarias
e inspiradas en la fe encarnan aún más la solidaridad, garantizando que nadie
quede aislado».
Las crisis que desafían a Europa
El texto,
redactado por el Comité de Ética de la COMECE, aborda el creciente debate
público y político europeo sobre el tema y se publicó en el contexto de la
Semana Europea de la Salud Mental (del 4 al 8 de mayo), coordinada por Mental
Health Europe. El lema es «Más fuertes juntos para construir una comunidad
inclusiva» y se centra en las comunidades, la resiliencia y las políticas
inclusivas, promoviendo un enfoque holístico que sitúa a la persona humana en
el centro. Hoy, como señala la introducción, «Europa se enfrenta a una amplia
gama de desafíos interconectados en materia de salud mental, como la depresión,
la ansiedad y los trastornos del estado de ánimo, el trauma, el aislamiento
social, los trastornos por consumo de sustancias, los efectos psicosociales de
la migración, la digitalización, las crisis humanitarias, el envejecimiento de
la población, las condiciones laborales precarias y el suicidio». Estos
desafíos, en constante evolución e interconectados, han impulsado a la Unión
Europea y a sus Estados miembros a ampliar y fortalecer los marcos regulatorios
destinados a la prevención, la intervención temprana, el tratamiento y la
reducción del estigma asociado a las enfermedades mentales.
Refugiados: una categoría especial que proteger
Entre los
temas abordados se encontraba el ámbito digital, con la necesidad de garantizar
que las tecnologías apoyen y nunca sustituyan las relaciones humanas
auténticas, salvaguardando la privacidad y protegiendo a las personas
vulnerables de los efectos nocivos de una digitalización descontrolada. Entre
las recomendaciones figuraba la promoción de un mayor apoyo a las mujeres,
especialmente a las cuidadoras, reconociendo su contribución social. En cuanto
a los migrantes y refugiados, las crisis humanitarias deben abordarse mediante
la inclusión social, la reunificación familiar, la integración lingüística y el
apoyo comunitario. Los niños y adolescentes constituyen un subgrupo
particularmente vulnerable dentro de la población refugiada: «La interrupción de
la escolarización, la exposición a traumas, la separación familiar y la
incertidumbre prolongada pueden afectar significativamente su desarrollo mental
y emocional», escriben los obispos. Por consiguiente, la política de la UE
«debe hacer mayor hincapié en la importancia de unos servicios de salud mental
adaptados a las necesidades de los niños, a su edad y que tengan en cuenta el
trauma, así como en la protección de los derechos de los niños durante todo el
proceso de asilo, en el contexto de la unidad familiar y teniendo en cuenta la
responsabilidad parental».
La protección de la vida como hilo conductor
Entre los
temas tratados, la protección de la vida emerge como principio unificador.
Desde las preocupaciones ecológicas hasta las cuestiones bioéticas y los
cuidados paliativos, la reflexión enfatiza una perspectiva ecológica integral y
una ética de la vida coherente. COMECE reafirma la dignidad de la persona
humana desde la concepción hasta la muerte natural, apoyando la vigilancia
ética en ámbitos como la gestación subrogada y la atención compasiva y
espiritualmente atenta al final de la vida. En resumen, el texto aboga por
políticas que siempre sitúen a la persona humana en el centro, promoviendo
relaciones auténticas y un sentido de comunidad, para construir una sociedad
donde el cuidado, la dignidad y la solidaridad guíen todas las respuestas a los
desafíos de la salud mental.


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