Matrimonio y Familia | Marina Berrio*
9 momentos
en que tu matrimonio es más vulnerable: así puedes prevenirlo y protegerlo
El matrimonio es un camino de
“ires y venires”, en el cual es natural que surjan momentos de
dificultad. Por eso, una vez se presenten, es importante atenderlos de forma
oportuna y adecuada.
Señalamos los 9 momentos más comunes en que los
matrimonios son especialmente vulnerables y requieren una atención extra.
1. Cuando,
novatos, ¡descubrimos que somos distintos!
Es una de las crisis más frecuentes de los
primeros compases de la pareja. Surge al iniciar la convivencia. El
enamoramiento que versa sobre los grandes temas posiblemente no se ha parado a
mirar en esos detalles mínimos que se perciben en el día a día. Aunque parezca
mentira, no son pocas las crisis que los matrimonios tienen que superar por
tópicos tan clásicos como la pasta de dientes abierta o si los platos de la
cena se recogen o se dejan en la pila. Es entonces cuando descubrimos que cada
uno es “de su padre y de su madre”. Las educaciones recibidas durante todos los
años precedentes son distintas y se nota.
Para enfrentarse a esta situación necesitamos
trabajar especialmente la empatía. Es importante ponerse en la piel
del otro para juzgar adecuadamente cada situación. La valoración incluye saber
si realmente la otra persona es consciente de que determinada actitud nos
molesta. En ocasiones, posiblemente, ni sepa que hay otro modo de hacer las
cosas porque en casa de sus padres se hacían así. El diálogo tiene que ser muy
fluido porque si no se comentan los detalles, se pueden enquistar. Pero al
mismo tiempo, nunca se puede perder la perspectiva de que se trata de
cuestiones de una importancia solo relativa.
2. Cuando se
meten las familias políticas
Aunque ante el altar solo están los novios, no
cabe duda de que a la familia llegan también los suegros, los cuñados, los
sobrinos y todo un séquito con el que no contábamos. La injerencia de la
familia propia y la política en los asuntos que conciernen al matrimonio puede
provocar serias tensiones en determinadas circunstancias. Además, los cónyuges
tienen la sensación de estar entre la espada y la pared, puesto que se deben
tanto a sus mayores como a su pareja.
En estos casos, el diálogo es el arma más
eficaz para solventar los problemas. Pero no se debe entender como un
diálogo destinado a que el contrario entienda a la familia política, puesto que
es poco probable que ocurra, sino a que el matrimonio acuerde unos principios
básicos mínimos que no se podrán transgredir. Como las situaciones son dispares
y se presentarán muchas veces a lo largo de la vida, conviene hablar de cada
caso en concreto, como las vacaciones, el cuidado de nietos o las fiestas
navideñas. En cualquier caso, es imprescindible no atacar nunca al cónyuge por
los comportamientos de su familia.
3. Cuando el bebé no llega
Ese deseo por tener hijos en común que es
positivo y afianza la relación, se puede convertir en un foco de conflicto
cuando, mes tras mes, ese hijo no llega, cuando se frustran los embarazos. La
tristeza se puede hacer presente en la vida de ese matrimonio. Y de esa
tristeza surge fácilmente la distancia puesto que, para no provocar más dolor,
se evita mencionar un tema que sigue latente en los dos. En ocasiones, deriva
en reproches, más o menos explícitos, hacia el otro, y puede acabar incluso con
un matrimonio si no se sabe gestionar.
La mejor manera de evitar esta grave crisis
matrimonial es no retrasar el momento de la boda y de la paternidad por causas
como la necesidad de crecer en el trabajo o de alcanzar un determinado nivel
económico. Pero si esa circunstancia ya no se puede soslayar y si el problema
persiste, resulta fundamental entender el valor del matrimonio en sí
mismo.
Aunque los hijos supongan una riqueza para la
pareja, el amor de los cónyuges no está supeditado a tener descendencia. Con
esta perspectiva en mente, el vínculo matrimonial no flaqueará a pesar de la
ausencia de hijos.
4. Cuando
nacen los bebés
La llegada de un hijo suele ser un momento de
extrema felicidad para un matrimonio y, sin embargo, también es un momento de
tremenda crisis. Lo que pasa es que las parejas suelen adaptarse a los cambios
que supone la paternidad con enorme alegría porque para ellos pesan más en la
balanza los aspectos positivos. Pero no cabe duda de que supone un cambio
radical en la vida de un matrimonio acostumbrado a ser dueño de su tiempo, a
tenerse el uno al otro sin interrupciones, a tomar decisiones con bastante libertad.
Todo cambia con los niños: ritmos, horas de sueño, planes posibles, tiempo
disponible, gastos del hogar, prioridades. Puede que al matrimonio le cueste
adaptarse, que tarden en comprender cuáles son sus nuevos roles y que los
sincronicen.
Serán necesarias grandes dosis
de comprensión por parte del padre y de la madre para que
cada uno vaya tomando posiciones en el nuevo escenario. Aunque un niño reclame
gran parte de nuestra atención, el matrimonio no debe descuidarse porque será
la piedra angular de esa familia que acaba de crecer. Por eso, mirar las cosas
desde la perspectiva del otro limará muchas asperezas.
Conviene poner distancia sobre los problemas y
entender que algunos se van resolviendo solos con el paso de los meses, como la
falta de sueño o la atadura que supone la etapa de la lactancia. También es
importante dejar de mirar hacia el recuerdo de lo que ya no se puede hacer y
centrarse en las posibilidades que ofrece la nueva vida.
5. Cuando hay
que decidir cómo educar a los niños
Las parejas mejor avenidas encuentran en muchas
ocasiones puntos de fricción en temas que se refieren a la educación de los
hijos. Si aquello de proceder “de su padre y de su madre” se hace patente al
inicio de la convivencia, la sensación vuelve a escena cuando los problemas con
los niños llegan a casa. Como en la educación no existen recetas, cada miembro
de la pareja planteará ante cada circunstancia la forma de educar que considere
más oportuna. Y tendrá que ver con su experiencia personal, con sus vivencias
familiares, con su forma de ser y con otros elementos con los que tenemos que
ser particularmente comprensivos.
La comunicación en el seno del
matrimonio será la clave para resolver estas crisis puntuales. La
negociación permitirá acercar posturas en vías de solución que no son ni buenas
ni malas, solo diferentes. Pero lo imprescindible es tener presente en todo
momento que los acuerdos son necesarios por el bien de los niños. No se trata
solo de pensar en qué opción de las dos es la más beneficiosa, sino que, una
vez tomada una decisión, los padres deben actuar al unísono para que los hijos
tengan un referente moral claro.
6. Cuando
escasea el dinero
El dinero no da la felicidad, pero la falta de
dinero genera más de un quebradero de cabeza. En muchos hogares, situaciones
como el desempleo de larga duración han servido para unir más a los
matrimonios, que buscan juntos soluciones imaginativas para sacar adelante el
hogar. Pero no cabe duda de que un cambio radical en el nivel de ingresos
supone una crisis a la que hay que hacer frente. Adaptarse a las nuevas
circunstancias es complicado y se puede caer en errores comunes tales como
comparar los esfuerzos de unos y otros o culpar al otro de la falta de
recursos.
Cuando el dinero escasea, mirar
hacia lo importante es el paso indispensable. Sin
embargo, acto seguido es importante que el matrimonio se ponga a buscar modos
de resolver una situación que puede ser coyuntural o alargarse en el tiempo.
Aunque la meta pueda estar puesta en recuperar determinado nivel de ingresos,
será imprescindible que la pareja sepa adoptar medidas a corto plazo que den un
poco de oxígeno a las cuentas y tranquilidad a la familia.
Las decisiones en este sentido tienen que ser
consensuadas para que ambas partes sientan que están aportando. Si los hijos
tienen la edad suficiente, conviene hacerles partícipes, sin alarmismos, de la
situación, para que entiendan y colaboren en el programa de ajustes. Aquí te
damos algunas claves para manejar la economía familiar.
7. Cuando todo
es rutina y el matrimonio se resiente
La conciliación de la vida laboral y familiar
sumado al reparto de tareas en el hogar provoca que muchos matrimonios vivan
inmersos en una vorágine en el que se comunican con meros mensajes utilitarios
y no pasan tiempo juntos. El engranaje funciona, pero los cónyuges viven en
soledad incluso aunque pasen buena parte del tiempo acompañados por los hijos o
en el trabajo. El matrimonio se va resintiendo porque no se detiene a charlar
sobre lo importante, sino que, se centra únicamente en lo urgente. La vida de
pareja se puede convertir en un mero intercambio de anotaciones de tareas en la
agenda común.
La pareja necesita tiempo para crecer y
fortalecerse, tiempo de calidad que no tiene por qué implicar viajes
incosteables o románticas cenas que se salgan del presupuesto familiar. Lo
importante es reservarse tiempo para dedicar al otro, para que pueda
explayarse contando aquello que le preocupa y no estemos nerviosos intentando
saltar a la siguiente tarea, para compartir los temas comunes y debatir sobre
los problemas que vislumbramos en el horizonte.
Se puede fijar en esa apretada agenda un rato en
común, quizá sea solo un café tranquilo los viernes antes de ir a buscar niños
al colegio, o una cena casera especial después de que se vayan a la cama. Pero
es fundamental no sentirse solo. Estas son 5 cosas que puedes hacer cuando tu matrimonio se
siente aburrido
8. Cuando nos
atrae una tercera persona
Las infidelidades están a la orden del día. El
matrimonio avanza por su complicada cotidianidad marcada por los problemas y,
de pronto, surge una tercera persona que no genera complicaciones, que no
aturde con quejas y que siempre pone buena cara. La tentación existe y muchas
veces la salida posible no estriba en huir de ella, puesto que puede tratarse
de alguien con quien estamos obligados a tratar.
Si en un matrimonio uno de los cónyuges mira
hacia fuera es imprescindible que vuelva la vista hacia dentro para saber dónde
está la fuga que no detiene su mirada. Si se deja llevar por un emotivismo que
está a flor de piel, es posible que acabe inmerso en una pendiente deslizante
con mal final.
Es muy conveniente hacer
autocrítica del matrimonio, es decir, analizar qué parte
del matrimonio nos corresponde y no estamos haciendo bien y qué parte no hace
bien el otro, qué parte no podemos tolerar y qué parte tenemos que aprender a
superar. Solo si percibimos que existe un problema estaremos en condiciones de
atajarlo. Si no conseguimos atajar el problema o incluso descubrirlo, la ayuda
de un experto es la mejor de las opciones antes de que la situación empeore.
Lo importante es no caer en el error de pensar
que una atracción física por un tercero significa que el matrimonio esté
acabado y que, por tanto, se puede dar rienda suelta al deseo. La tentación es
como la señal de alarma que salta en el coche y que nos indica que tiene que ir
al taller. Si se hacen bien las cosas, el matrimonio saldrá fortalecido. Estas
son 7 Acciones para prevenir la infidelidad en el
matrimonio
9. Cuando
llegan problemas serios
En el camino del matrimonio pueden surgir
problemas graves que afecten a la familia en su conjunto. Una enfermedad de
alguno de sus miembros, el comportamiento inadecuado de alguno de los hijos,
tenerse que hacer cargo de algún mayor, una discapacidad… Son situaciones en
las que, aunque la pareja deba permanecer especialmente unida, es probable que
los estados de ánimo se vean afectados por los acontecimientos.
Ante estas situaciones hace falta mirar
el nuevo escenario desde la distancia, tomar en consideración cuáles son
todas las circunstancias, determinar si el cambio de situación va a ser
circunstancial o definitivo. Hace falta ser pragmático y buscar soluciones a
aquellas cuestiones del día a día que necesitan ser resueltas. De lo contrario,
pequeños problemas cotidianos se pueden convertir en cargas inasumibles que
acaben por deteriorar el matrimonio. Los esposos tienen que pasar juntos los
momentos propios del duelo que implica la aceptación de todo problema. Solo así
serán capaces de salir juntos de esa crisis y afrontar la vida tal como viene
dada.
*Marina Berrio de Hacer Familia. Publicado
por ReL


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