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    martes, 30 de junio de 2026

    ¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    ¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!

    (Martes 30 de junio 2026. Decima tercera semana tiempo ordinario, lecturas: Amós 3,1-8; 4,11-12. Salmo 5,5-8. San Mateo 8,23-27)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de este día nos presenta una realidad que todos experimentamos: hay momentos en los que las tormentas de la vida parecen más fuertes que nuestras propias fuerzas. Enfermedades, problemas familiares, dificultades económicas, incertidumbre, soledad y tantas otras situaciones nos hacen sentir como los discípulos en la barca: con miedo, pensando que nos hundimos. En medio de esas tempestades brota una oración sencilla, pero llena de fe: "¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!"

     

    1. El profeta Amós: Dios nos llama a volver a Él (Amós 3,1-8; 4,11-12). El profeta Amós recuerda al pueblo que Dios no habla sin motivo. Él corrige porque ama y llama constantemente a la conversión.

    El Señor había enviado señales para que Israel cambiara de vida, pero el pueblo endureció el corazón. Por eso concluye con una frase fuerte: "Prepárate para encontrarte con tu Dios."

    Este llamado también es para nosotros.

    -                     Dios nos habla a través de su Palabra.

    -                     Nos habla por medio de los acontecimientos de la vida.

    -                     Nos habla mediante las personas que pone en nuestro camino.

    -                     Nos habla incluso en las pruebas y dificultades.

    Muchas veces solo acudimos a Dios cuando la tormenta ya está encima de nosotros. Sin embargo, Él nos invita a vivir siempre preparados, con un corazón convertido.

    Para nuestra vida:

    -                     Escuchar la voz de Dios antes de que lleguen las crisis.

    -                     Aprovechar cada día como una oportunidad para cambiar.

    - No endurecer el corazón ante las llamadas del Señor.

     

    2. El Salmo: La confianza del que busca a Dios. El salmista proclama: "Yo, por tu gran misericordia, entraré en tu casa."

    Frente a un mundo lleno de incertidumbres, el creyente encuentra seguridad en la presencia de Dios.

    -                     No es nuestra fuerza la que nos sostiene, sino la misericordia divina.

    -                     Cuando todo parece derrumbarse, la oración se convierte en nuestro refugio.

    Para nuestra vida:

    -                     No dejar nunca la oración.

    -                     Buscar cada día la presencia del Señor.

    -                     Entrar en la casa de Dios con humildad y confianza.

    -                     Quien reza con sinceridad nunca está solo.

     

    3. El Evangelio: Jesús tiene poder sobre nuestras tormentas (Mateo 8,23-27). El Evangelio presenta una escena muy conocida.

    Jesús duerme mientras una fuerte tormenta amenaza con hundir la barca. Los discípulos, llenos de miedo, lo despiertan diciendo:  "¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!"

    Esta es probablemente una de las oraciones más sinceras del Evangelio.

    También nosotros la repetimos cuando:

    -                     recibimos una mala noticia;

    -                     vivimos una enfermedad;

    -                     enfrentamos problemas familiares;

    -                     sentimos que la fe se debilita.

    Jesús responde primero con una pregunta: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?". Luego manda al viento y al mar que se calmen.

    El mensaje es claro:

    -                     La presencia de Cristo no elimina todas las tormentas, pero sí nos da la certeza de que ninguna tormenta tiene la última palabra.

    -                     Muchas veces pensamos que Dios duerme porque no responde inmediatamente.

    -                     Pero Jesús nunca abandona la barca.

    -                     Él permanece con nosotros, aunque parezca guardar silencio.

     

    4. Nuestra barca de hoy.  La barca representa nuestra vida.

    También representa:

    -                     nuestra familia;

    -                     nuestra Iglesia;

    -                     nuestra parroquia;

    -                     nuestro país;

    -                     nuestra comunidad.

    Todas estas realidades atraviesan tempestades. Pero mientras Cristo permanezca en la barca, siempre habrá esperanza. Lo importante es no dejar que el miedo sea más fuerte que la fe. El milagro comienza cuando acudimos al Señor con confianza.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas:

    Hoy el Señor nos invita a hacer tres cosas:

    -                     Escuchar su voz y convertir nuestro corazón, como nos enseña el profeta Amós.

    -                     Permanecer en oración confiando en su misericordia, como canta el salmista.

    -                     Creer que Jesús tiene poder para calmar todas las tormentas de nuestra vida, como nos muestra el Evangelio.

    Quizá hoy cada uno de nosotros esté enfrentando una tempestad distinta. No tengamos miedo de repetir con fe la oración de los discípulos: "¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!"

    Y tengamos la certeza de que Cristo sigue caminando con nosotros. Él nunca abandona la barca de nuestra vida. Si confiamos en Él, incluso en medio de las olas más fuertes, llegaremos seguros al puerto que Dios nos tiene preparado.

    Que la Santísima Virgen María, Estrella del Mar, nos acompañe en todas las tormentas de la vida y nos enseñe a confiar siempre en su Hijo. Amén.






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