Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!
(Martes
30 de junio 2026. Decima tercera semana tiempo ordinario, lecturas: Amós 3,1-8;
4,11-12. Salmo 5,5-8. San Mateo 8,23-27)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este día nos presenta una realidad que todos experimentamos:
hay momentos en los que las tormentas de la vida parecen más fuertes que
nuestras propias fuerzas. Enfermedades, problemas familiares, dificultades
económicas, incertidumbre, soledad y tantas otras situaciones nos hacen sentir
como los discípulos en la barca: con miedo, pensando que nos hundimos. En medio
de esas tempestades brota una oración sencilla, pero llena de fe: "¡Señor,
sálvanos, que nos hundimos!"
1.
El profeta Amós: Dios nos llama a volver a Él (Amós 3,1-8; 4,11-12). El profeta
Amós recuerda al pueblo que Dios no habla sin motivo. Él corrige porque ama y
llama constantemente a la conversión.
El
Señor había enviado señales para que Israel cambiara de vida, pero el pueblo
endureció el corazón. Por eso concluye con una frase fuerte: "Prepárate
para encontrarte con tu Dios."
Este
llamado también es para nosotros.
-
Dios nos habla a través de su Palabra.
-
Nos habla por medio de los acontecimientos de la
vida.
-
Nos habla mediante las personas que pone en
nuestro camino.
-
Nos habla incluso en las pruebas y dificultades.
Muchas
veces solo acudimos a Dios cuando la tormenta ya está encima de nosotros. Sin
embargo, Él nos invita a vivir siempre preparados, con un corazón convertido.
Para
nuestra vida:
-
Escuchar la voz de Dios antes de que lleguen las
crisis.
-
Aprovechar cada día como una oportunidad para
cambiar.
- No endurecer
el corazón ante las llamadas del Señor.
2.
El Salmo: La confianza del que busca a Dios. El salmista proclama:
"Yo, por tu gran misericordia, entraré en tu casa."
Frente
a un mundo lleno de incertidumbres, el creyente encuentra seguridad en la
presencia de Dios.
-
No es nuestra fuerza la que nos sostiene, sino la
misericordia divina.
-
Cuando todo parece derrumbarse, la oración se
convierte en nuestro refugio.
Para
nuestra vida:
-
No dejar nunca la oración.
-
Buscar cada día la presencia del Señor.
-
Entrar en la casa de Dios con humildad y
confianza.
-
Quien reza con sinceridad nunca está solo.
3.
El Evangelio: Jesús tiene poder sobre nuestras tormentas (Mateo 8,23-27). El Evangelio
presenta una escena muy conocida.
Jesús
duerme mientras una fuerte tormenta amenaza con hundir la barca. Los
discípulos, llenos de miedo, lo despiertan diciendo: "¡Señor, sálvanos, que nos
hundimos!"
Esta
es probablemente una de las oraciones más sinceras del Evangelio.
También
nosotros la repetimos cuando:
-
recibimos una mala noticia;
-
vivimos una enfermedad;
-
enfrentamos problemas familiares;
-
sentimos que la fe se debilita.
Jesús
responde primero con una pregunta: "¿Por qué tienen miedo, hombres de
poca fe?". Luego manda al viento y al mar que se calmen.
El
mensaje es claro:
-
La presencia de Cristo no elimina todas las
tormentas, pero sí nos da la certeza de que ninguna tormenta tiene la última
palabra.
-
Muchas veces pensamos que Dios duerme porque no
responde inmediatamente.
-
Pero Jesús nunca abandona la barca.
-
Él permanece con nosotros, aunque parezca guardar
silencio.
4.
Nuestra barca de hoy. La barca
representa nuestra vida.
También
representa:
-
nuestra familia;
-
nuestra Iglesia;
-
nuestra parroquia;
-
nuestro país;
-
nuestra comunidad.
Todas
estas realidades atraviesan tempestades. Pero mientras Cristo permanezca en la
barca, siempre habrá esperanza. Lo importante es no dejar que el miedo sea más
fuerte que la fe. El milagro comienza cuando acudimos al Señor con confianza.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
el Señor nos invita a hacer tres cosas:
-
Escuchar su voz y convertir nuestro
corazón, como nos enseña el profeta Amós.
-
Permanecer en oración confiando en su
misericordia, como canta el salmista.
-
Creer que Jesús tiene poder para calmar
todas las tormentas de nuestra vida, como nos muestra el Evangelio.
Quizá
hoy cada uno de nosotros esté enfrentando una tempestad distinta. No tengamos
miedo de repetir con fe la oración de los discípulos: "¡Señor,
sálvanos, que nos hundimos!"
Y
tengamos la certeza de que Cristo sigue caminando con nosotros. Él nunca
abandona la barca de nuestra vida. Si confiamos en Él, incluso en medio de las
olas más fuertes, llegaremos seguros al puerto que Dios nos tiene preparado.
Que
la Santísima Virgen María, Estrella del Mar, nos acompañe en todas las
tormentas de la vida y nos enseñe a confiar siempre en su Hijo. Amén.


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