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    Religiosos: testimonios de comunión


    “La vida religiosa es testimonio de comunión”. Entrevista con el teólogo Guido Zegarra Ponce.  
    Guido Zegarra Ponce, franciscano doctorado en Lovaina, animador de la vida religiosa en América Latina y quien fue Presidente de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos y Religiosas, CLAR en el período 1997-2000 nos visitó a final del año 2011 para animar el retiro espiritual de los MSC. Ya había estado en el país invitado por la Conferencia Dominicana de Religiosos y Religiosas, CONDOR. Actualmente sirve en una parroquia franciscana al norte de Lima, Perú y es responsable de animar el teologado de su comunidad, para que los estudiantes sigan el proceso de la animación pastoral con la reflexión teológica en la etapa final de su formación.

    ADH. Háblenos del camino de la Vida Religiosa hoy
    GZP. La Vida Religiosa tiene su riqueza en que intenta responder a las exigencias del tiempo que le toca vivir -como don de Dios para la Iglesia y el mundo- desde una lectura de los signos de los tiempos y ver de qué manera responde a la realidad y al contexto. La Vida Religiosa tiene que ser significativa al tiempo que le toca vivir. En ese proceso en América Latina, ha habido diferentes maneras de ir acrecentando su compromiso con Dios y con la historia. Por eso vino Medellín, trazó la etapa que llamamos inserción, todo un proceso rompiendo esquemas tradicionales de la vida religiosa, que pasó del centro a la periferia, entró en una relación con la gente sencilla, humilde, marginada. Empezó a tener otra manera de vida religiosa, marcada por la vida fraterna, otra manera de orar con el pueblo, otro lenguaje.
    En Puebla comenzamos a trabajar la inculturación, desde la inserción aprendimos a conocer mejor, a encarnar la Palabra en la cultura de nuestros pueblos y cómo la cultura del pueblo enriquece a la vida religiosa.
    Llega Santo Domingo y comenzamos a hablar de refundación: la necesidad de recrear la vida religiosa, en un cambio de época y se inicia el proceso del llamado Camino de Emaús. A partir de un proceso de recrear la vida, de ir a las fuentes, a buscar el espíritu que animó a nuestros fundadores a recrear la vida religiosa.
    Después viene Aparecida, discípulos y misioneros, invita a potenciar la dinámica misionera de la vida religiosa como don de Dios, como eje fundamental de la fraternidad en el mundo, ser místicos y profetas en el mundo contemporáneo, son las grandes corrientes que orientan el caminar de la vida religiosa en América Latina. Profecía, pasión por la vida, pasión por Jesús, pasión por el mundo…

    ADH: Supone un cambio profundo…
    GZP: Cierto. La concepción de religiosos y religiosas hoy es que el mundo es nuestro claustro. Nuestra presencia no se limita a las casas religiosas donde vivimos, a nuestros espacios propios de oración y experiencia de Dios. Somos llamados a la contemplación, al silencio, para saber interpretar los signos de los tiempos. La contemplación como experiencia del encuentro con Dios, que es la mística. Pero también va a significar saber mirar la realidad, saber contemplar desde el corazón. La profecía va a implicar de una alguna manera el encuentro de Dios con los hombres, somos instrumentos de ese encuentro con Dios que se encuentra con el hombre. Dios que se abaja, se anonada.

    ADH: ¿Cómo anima la CLAR este proceso?
    GZP: En estos últimos tiempos, se nos lanza a la misión, la misión continental, se nos ha pedido la conversión pastoral, conversión desde la misión, somos fraternidad en misión. Implica convertirnos a la misión de construir el Reino hoy. Evangelizar desde esa orientación es sentirnos convocados por el Señor como discípulos que siguen la conducta de Jesús, anunciando la bondad, la misericordia y la pasión de Dios en el mundo. La justicia, la paz, la dignidad de la persona humana… Es un llamado a recuperar esa fuente, ser instrumentos del Reino de Dios con todo lo que significa desde la misión continental. Hablamos de una misión permanente.

    ADH: ¿Cambian las grandes opciones?
    GZP: La opción por el pobre es una tarea permanente, está en la vocación de la vida religiosa por el seguimiento de Jesús, no es una opción ideológica sin más, es una actitud vocacional de nuestra misión en el mundo, tiene su dimensión en Cristo, lo dijo el Papa en Bahía, Brasil la dimensión cristológica de la opción por los pobres. Eso es como el eje dominante de toda experiencia de inserción, de inculturación, que sigue teniendo el peso estructural del compromiso cristiano.
    La vida religiosa hace teología en América Latina como una manera de hablar de Dios, tener inteligencia de Dios a partir de una práctica, y esta práctica va a significar cómo hablar de Dios a los pobres de hoy, hacerla inteligible para poder hablar de Dios a los pobres para que sean capaces de tener voz, para que sean capaces de hablar de Dios en su realidad, y de sentirlo, en nosotros es hablar desde la propia pobreza, desde la situación de injusticia del pobre.
    Nuestra espiritualidad tiene que recuperar la dimensión afectiva, manual, de la espiritualidad de nuestro pueblo. Hemos recogido de nuestra inculturación que la espiritualidad de nuestro pueblo es manual, sensible, afectiva, es una espiritualidad de corazón. No es abstracción, nuestro pueblo tiene que sentir, tocar; una espiritualidad sensible, afectiva, que quiere tocar al santo, salir en procesión… Espiritualidad integrada al ser humano, a la creación, con la naturaleza, nuestra cultura es de la tierra, tocarla, sentirla, olerla…
    Es una realidad que vamos descubriendo en la relación con la religiosidad popular, con la espiritualidad del pueblo, el modo cómo la vive, como la siente. El pueblo latinoamericano es muy místico, rápidamente se eleva a lo espiritual, capta el sentido profundo de Dios en la realidad. Lo hemos aprendido en el encuentro con el pueblo y enriquece nuestro carisma.
    La dimensión pastoral de la vida religiosa en la Iglesia es fundamental. Es un modo de presencia cristiana en la fe de América Latina. Está presente en las misiones más profundas, con una presencia significativa de la mujer en lugares de frontera, lugares límites, donde no se ha ido y las religiosas están ahí presentes. Como una vocación de ir allí donde la Iglesia ha de estar presente. La evangelización como una experiencia de la presencia eclesial en todas partes. La vida religiosa tiene un amor profundo a la Iglesia, la siente como madre y quiere que esta Iglesia sea fiel a Jesucristo, eso fue lo que nos enseñaron nuestros fundadores, la fidelidad entrañable por la Iglesia y queremos que sea fiel al Evangelio.

    ADH: ¿Hay un llamado vocacional a la vida religiosa hoy?
    GZP: La vida religiosa intenta dar testimonio para que los jóvenes de hoy vivan la riqueza del don que hemos recibido. No llamamos a los jóvenes para subsistir sin más, llamamos porque queremos que la gente de hoy viva esta experiencia de nuestra espiritualidad, del carisma de cada congregación, invitamos a venir en pos de la alegría de nuestra vocación, los invitamos a vivir esta experiencia que es gozosa, como don de Dios en nosotros. No buscamos vocaciones para llenar espacios, sino para que recrear esta experiencia de vida y comunión.

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