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    El Padre Nuestro

     Meditación | P. Osiris Núñez, MSC


    El Padre Nuestro:
    La Oración de Jesús



    La oración que desde las primeras comunidades cristianas ha sido considerada la oración por excelencia, es el Padrenuestro; es la única enseñada por Jesús para alimentar la vida de sus seguidores. Pero el rezo continuo y monótono de esta oración, ha hecho que muchas veces la recemos sin ningún sentido, sin reflexionar sobre cada palabra de esta rica oración. A continuación expongo una breve reflexión sobre ésta oración, que nos puede ayudar a vivirla de una manera diferente y con un sentido más profundo.
    La primera palabra es “Padre”, con la cual se entra en un ambiente de confianza e intimidad que debe contagiar el resto de la oración; el deseo de Jesús es que todos oremos como él, sintiéndonos hijos queridos del Padre y hermanos solidarios de todos. Dios es Padre de todos. “Santificado sea tu nombre”: el deseo de Jesús es que Dios Padre sea conocido y venerado por todo el mundo; que todos conozcamos la bondad y la fuerza salvadora que encierra su nombre santo.
    Luego “Venga tu reino”: este es el objetivo último de Jesús; que el reino de Dios se vaya abriendo camino entre nosotros; ese reino que llena el mundo de su justicia, verdad, de su compasión y perdón. “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”: estos es, que se cumplan los deseos de Dios, pues solo él quiere nuestro bien; que en la creación entera se haga lo que él quiere y no lo que desean los poderosos de la tierra.
    “Danos hoy el pan de cada día”. La atención de Jesús se dirige directamente a las necesidades concretas de todos los seres humanos. Que todos tengamos el pan que necesitamos para vivir. No pide dinero, pues no se quiere acumular grandes riquezas, sino que solo pide pan para todos. Que los que sufren hambre puedan comer, que los pobres dejen de sufrir y empiecen a reír, que todos podamos vivir con dignidad. Que el pan que comeremos en el banquete celestial, lo empecemos a degustar desde ahora.
    “Perdónanos nuestras deudas como también nosotros, al decirte esto, perdonamos a nuestros deudores”. Nuestra gran deuda o pecado es que no correspondemos el amor del Padre; Jesús pide perdón por el vacio inmenso de nuestra falta de respuesta al amor de Dios; al hacer esta petición estamos perdonando a quienes están en deuda con nosotros. Ya no se desea alimentar los resentimientos, ni la venganza, sino que el perdón transforme nuestros corazones, y nos haga vivir perdonándonos mutuamente. El perdón de Dios es gratuito; nuestro perdón a los demás no es una condición para que Dios nos perdone, sino solo para que nuestra petición sea sincera, pues no es posible tener dos actitudes opuestas: una ante el Padre, para pedir perdón, y otra ante los hermanos, para rechazar todo perdón.
    “No nos dejes caer en la tentación”. Estamos expuestos a toda clase de peligros y riesgos que pueden arruinar nuestras vidas, alejándonos del reino de Dios; no caer en la tentación es no rechazar definitivamente el reino de justicia y de amor. Y por último, “Líbranos del mal”, reconociendo nuestra debilidad e implorando la ayuda de Dios para no sucumbir ante el mal en el mundo. El Padrenuestro / Osiris Núñez, MSC, ADH 761